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v83n3r3Maritza Caicedo (2019). Trabajo y salud mental de latinoamericanos en Estados Unidos. Más que una paradoja. México: Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Sociales, 303 pp.

 

Reseñado por:

Nadia Santillanes
Instituto de Investigaciones Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México

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El trabajo, como actividad, no sólo le permite al ser humano satisfacer sus necesidades y asegurar su subsistencia y la de su familia, también representa una forma de estar en el mundo. Es decir, el trabajo determina el lugar que ocupamos dentro de la sociedad. Las condiciones laborales, las garantías para acceder y permanecer en el mercado de trabajo, son indicadores no sólo de tipo económico, sino también de la calidad de vida y del bienestar de los individuos. Sin embargo, dado que la dinámica actual de las economías y los mercados de trabajo a nivel global tienden a precarizar cada vez más las condiciones laborales de la población activa en general, es oportuno preguntarse sobre sus efectos en las distintas dimensiones en la vida de los trabajadores. De ahí la importancia de la publicación de este libro, en el que la autora, Maritza Caicedo, propone indagar sobre las condiciones laborales de uno de los sectores más precarizados: los trabajadores inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos, considerando sus efectos en el plano subjetivo a través del estudio de su relación con la salud mental. Para lo anterior, da cuenta de una investigación que nos permite tener mayor claridad de la intersección que existe entre el trabajo y la salud mental como indicador de bienestar, lejos de una visión normativa y biologicista.

Caicedo, reconocida por sus investigaciones que articulan la migración y los mercados de trabajo, incluyendo las condiciones laborales de inmigrantes latinoamericanos y caribeños en áreas metropolitanas de Estados Unidos, propone discutir el componente de la salud mental en aquellos inmigrantes latinoamericanos cuyas actividades laborales se caracterizan por insertarse en el sector informal de la economía, y cuya permanencia se encuentra condicionada por el estatus migratorio.

Es importante tener presente que la relación entre la salud mental y la migración como un problema relevante para la salud pública en Estados Unidos ya ha sido abordada por estudios en epidemiología y ciencias médicas. Sin embargo, aún continúan las controversias acerca de la relación entre la salud mental y las condiciones de los inmigrantes como indicadores de su estado de salud.

Una de las controversias más relevantes tiene que ver con los resultados obtenidos en investigaciones realizadas en casos donde se esperaba que los inmigrantes latinoamericanos, cuyo estatus económico es más bajo con respecto a la sociedad dominante, presentaran peores condiciones reflejadas en los indicadores de salud física y mental. Sin embargo, contrariamente a las predicciones, dicha población mostró una mortalidad más baja con respecto a la población anglosajona. Este fenómeno, conocido también como “paradoja epidemiológica latina o hispana”, ha generado que los científicos exploren variables que van más allá de lo económico y que juegan un papel no sólo en la expectativa de vida, sino en las condiciones de la salud mental.

Caicedo se adhiere a este debate proponiendo como hipótesis de partida que las menores prevalencias en depresión o ansiedad en estas poblaciones obedecen no sólo a factores demográficos, económicos y socioculturales, sino también al rol económico que juega el individuo dentro de la familia y en la sociedad. A la vez, se pregunta si la satisfacción con trabajos previos, experiencias de desempleo anteriores y las expectativas de retornar a un nuevo empleo, o de regresar al país de origen, tienen una relación con la salud mental. Presenta un análisis transversal, comparando la composición sociodemográfica y las condiciones laborales, materiales, familiares y comunitarias, con las respuestas de los sujetos ante sus circunstancias, con padecimientos como la depresión y la ansiedad. Esto, entre mexicanos, dominicanos y colombianos inmigrantes en Estados Unidos. Se adhiere a una estrategia metodológica fundamentada en el análisis cuantitativo, adjuntando modelos econométricos a partir de datos de la encuesta National Health Interview Survey de 2014 y de la encuesta de Desempleo y salud mental de 2015, levantada en el marco de la investigación. Tanto los instrumentos como las muestras que componen el estudio son detallados en los capítulos subsecuentes.

Establecer una causalidad entre la salud mental y el trabajo continúa significando un reto para las y los científicos sociales, que desde nuestros instrumentos seguimos sin poder determinar relaciones claras entre estos dos elementos. Lo anterior tiene que ver con que la mayoría de los conceptos sobre salud mental que provienen de las ciencias biológicas establecen causalidades desde una perspectiva biológica e individual, desvinculándolos de lo social. Por ello, la autora se da a la tarea de hacer una profunda revisión de los enfoques biológicos, psicológicos y sociológicos en el abordaje del concepto de salud mental. En el primer capítulo realiza un interesante debate sobre el objeto, la causalidad y otros elementos disciplinarios, así como una serie de herramientas metodológicas propias de la sociología y demografía con las que se puede establecer esta relación, que poco se ha trabajado desde las ciencias sociales.

Posteriormente, en tres capítulos, presenta una caracterización de las tres migraciones que componen el ejercicio comparativo del estudio. Por ejemplo, la migración mexicana, cuya importancia numérica continúa representando a los grupos de inmigrantes latinoamericanos en mayores niveles de pobreza y desventaja laboral. Por otro lado, la migración dominicana, que constituye el tercer grupo más numeroso entre inmigrantes latinoamericanos y caribeños en Estados Unidos; junto con los cubanos y los mexicanos, forman parte de la población en mayor desventaja social y económica. En contrapeso, la autora incluye una migración más reciente, la colombiana. Esta última además se convierte en contraste ya que, aunque es más cercana respecto a las otras dos, son los migrantes colombianos los que tienen mejor inserción laboral y una situación socioeconómica más favorable que los mexicanos y los dominicanos. Esta inclusión supone un contraste que permite a la autora discutir en torno al peso de la situación socioeconómica y su correlación con la salud mental —depresión o ansiedad— de los desempleados y subempleados.

A partir de los datos de la Encuesta de la Comunidad Americana (American Community Survey) de 2014, Caicedo describe el perfil actual de esas migraciones haciendo hincapié en su inserción laboral. A la vez, explora el perfil sociodemográfico, destacando las similitudes y las diferencias entre los inmigrantes de origen mexicano, dominicano y cubano.

Entre los diversos estudios que presenta Caicedo, destaca el análisis que realiza a través de la caja de herramientas del sociodemógrafo para establecer la relación entre las condiciones laborales y la salud mental —depresión o ansiedad— de los trabajadores nativos e inmigrantes latinoamericanos y caribeños en Estados Unidos. El uso de modelos logísticos, escalas de riesgo (Kessler-6, que permite medir el riesgo de presentar depresión o ansiedad), complementado con un valor que da cuenta de un Malestar Psicológico no Específico (Non-Specific Psychological Disorders). Comprueba entonces que existe una correlación fuerte entre las tensiones psicológicas medidas a través de Kessler-10 y la condición de empleo. También muestra las posibilidades de desarrollar enfermedades como depresión o ansiedad mayormente en desempleados, cuando se les compara con los subempleados.

Otro tema de interés de la investigadora son las tensiones financieras que, al igual que los ingresos laborales insuficientes, afectan la salud mental de los inmigrantes, indistintamente del lugar de origen. Un comparativo entre los distintos grupos de origen (colombianos, dominicanos y mexicanos) nos permite darnos cuenta de que existen diferencias que tienen que ver con la forma en que se inserta cada uno de estos migrantes en la sociedad.

De ahí la importancia de ver a los inmigrantes a través de los ojos de una experta en el tema, que mediante su experiencia, da voz a aquellos que no la tienen. Con este libro, Caicedo nos muestra no sólo que el trabajo es parte de la vida, sino que la migración impone cambios —sociales, económicos y culturales, entre otros— en la vida del individuo, lo cual puede dar pie al desarrollo de malestares psicológicos. Esta relación en términos metodológicos exige un gran esfuerzo, y el volumen se aventura precisamente a explorar y generar estrategias metodológicas que nos permiten observar esa relación. Como bien afirma la autora, la estabilidad laboral es el indicador con mayor incidencia en la salud mental de los trabajadores. Eso permite entonces entender o constatar que la salud mental de los inmigrantes mexicanos deja de ser paradójica cuando se relaciona con la estabilidad laboral. Al parecer, para ellos también se cumple el principio básico de que un empleo estable proporciona a los individuos capacidad de planificar su futuro, seguridad física, la posibilidad de mantener sus habilidades laborales, una posición social valorada y disponibilidad económica. Tanto en los inmigrantes como entre los nativos blancos no hispanos, contar con una jornada de trabajo de tiempo completo reduce el riesgo de desarrollar depresión o ansiedad, en comparación con los trabajadores que no cuentan con ello. Estos aspectos no sólo reafirman la centralidad del trabajo estable y en condiciones adecuadas en la salud mental de los trabajadores, sino que refuerza la idea de que, en materia laboral y salud mental, los inmigrantes tienen necesidades similares a los nativos blancos no hispanos.

Con esto queda claro que los factores que determinan la salud mental de los inmigrantes, así como la de la población en general, son de diversa índole y no se restringen a su situación socioeconómica. Aspectos como el apoyo emocional a través de redes familiares o de amigos, la selectividad de la migración, la mayor resiliencia frente a la enfermedad mental —en comparación con los nativos blancos no hispanos—, e incluso la actitud de ciertas poblaciones de no declarar los síntomas de depresión o ansiedad —en muchos casos asociada con creencias—, deben ser analizados con más detenimiento, y considerar de manera particular el origen de cada población.

De esta forma, Caicedo se adhiere a la propuesta de que en la salud mental inciden aspectos culturales como las connotaciones de los términos y los conceptos empleados para definir los síntomas asociados con enfermedades como la depresión o la ansiedad. Un tema de suma importancia para todos.

Para finalizar, añadiría que este libro puede ser leído desde muchos ángulos y puede dar respuesta a diversos intereses. Se recomienda su lectura particularmente a un público interesado en el diseño de intervenciones que disminuyan las disparidades de salud mental desde la propuesta de políticas públicas. Además, la discusión metodológica que plantea sobre los modelos conceptuales y de comprensión en salud mental es de gran utilidad para sociólogos, sociodemógrafos y, por supuesto, estudiantes o profesionales interesados en el fenómeno migratorio y su impacto en la vida de las personas.

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