Universidad Nacional Autónoma de México • Instituto de Investigaciones Sociales

 Family, school and privileges during Covid-19: university youth video recordings

Carlos Arturo Martínez-Carmona* y Ligia Tavera-Fenollosa**

 

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*Doctor en Sociología por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso)-México. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México. Temas de especialización: sociedad civil, movimientos sociales, derechos sexuales y reproductivos, jóvenes universitarios. Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, Coyoacán, 04510, Ciudad de México.

**Doctora en Sociología por la Universidad de Yale. Flacso-México. Temas de especialización: acción colectiva, actores y procesos contenciosos, cambio sociopolítico, juventudes y sociología del acontecimiento. Carretera al Ajusco 377, Héroes de Padierna, Tlalpan, Ciudad de México.

 

Resumen: Esta investigación se basa en el análisis de 45 videos provenientes de la convocatoria “Diario de la Pandemia”, organizada por la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Desde una perspectiva centrada en la categoría de acontecimiento se explora la relación entre la vida personal de los jóvenes universitarios y el tiempo histórico social de la pandemia de Covid-19. El análisis cualitativo apunta a tres ámbitos de la vida de los estudiantes que han sido particularmente afectados por la pandemia-acontecimiento: el familiar, el escolar y el personal identitario. Los resultados destacan en particular: la revaloración de la familia, la pérdida de centralidad de lo escolar y la autoidentificación de las y los universitarios como sujetos privilegiados.

Palabras clave: análisis de videos, jóvenes universitarios, acontecimiento, Covid-19, familia, privilegios, “Diario de la Pandemia”.

Abstract: Based on the analysis of 45 videos, compiled by UNAM’s film library under the initiative “Journal of a Pandemic”, this paper analyzes the linkage between the personal lives of college students and the social-historical time of the Covid-19 pandemic. The analysis is carried out from an event perspective. The qualitative analysis performed points to three areas of the students’ lives that have been particularly affected by the pandemic: family, school, and personal identity. The revaluation of the family, the loss of centrality of the school and the self-identification of university students as privileged subjects, stand out as our main findings.

Keywords: analysis of videos, college students, event, Covid-19, family, privileges, “Journal of a Pandemic”.

 

La pandemia de Covid-19 y las medidas sociales que se han implantado para disminuir los contagios irrumpieron en la vida cotidiana de millones de personas en todo el mundo. Las medidas de confinamiento y distanciamiento físico, el cierre de actividades no esenciales y la sustitución de las clases presenciales por clases en línea en todos los niveles educativos trastocaron la cotidianidad de niños, jóvenes, adultos y adultos mayores.

Aunque todos los grupos etarios se han visto afectados, son las y los estudiantes un grupo que experimenta de manera muy temprana, directa y sostenida los efectos de las medidas gubernamentales para enfrentar la pandemia. Mientras que con el paso de los meses y con base en un semáforo epidemiológico que indica el nivel de contagio en un municipio o localidad determinada se han reabierto centros comerciales, restaurantes, oficinas, gimnasios, cines, museos y demás actividades económicas y sociales, al mes de abril de 2021 las instituciones de educación permanecen cerradas.1

Además de trastocar la vida social y personal, la pandemia ha tenido efectos institucionales importantes. La academia, por ejemplo, ha reorientado la investigación científica y modificado sus estrategias investigativas, para ofrecer el mejor conocimiento posible en el menor tiempo posible (Angulo, Santos y Siqueiros, 2021). Por otra parte, diversas universidades y centros de investigación y documentación se han interesado en abrir canales para la recolección de información y de generación de conocimiento, mediante certámenes con la temática del Covid-19 abiertos al público en general y/o a grupos sociales particulares —jóvenes, mujeres, etcétera—, así como a través del diseño de repositorios digitales.2

En este contexto, la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) lanzó la convocatoria “Diario de la Pandemia”, con la cual invitó a la comunidad universitaria y a la población en general a documentar sus experiencias personales durante el confinamiento a través de audiovisuales breves, realizados en formatos no profesionales. En particular, invitó a reflexionar sobre “la restricción social y el libre tránsito, así como el impacto económico en los gobiernos, en los capitales y en las empresas, en el marco de la crisis sanitaria que actualmente vivimos” (Filmoteca UNAM, 2020). La convocatoria estuvo abierta por un periodo de un poco más de tres meses, desde el 26 de marzo hasta el 3 de julio de 2020. Este periodo coincidió con la implantación de las medidas sanitarias: Jornada Nacional de Sana Distancia3 (17 de marzo de 2020), el mecanismo de sano retorno a la Nueva Normalidad (29 de mayo), así como la estimación gubernamental (16 de abril) del fin del primer ciclo de la pandemia pronosticado para el 25 de junio (Secretaría de Salud, 2020). Tras su cierre, la convocatoria contó con un total de 85 videos participantes. Conforme los materiales fueron recibidos por los organizadores, se publicaron en el canal “Diario de la Pandemia-Filmoteca UNAM” en la plataforma de YouTube (Filmoteca UNAM, 2020).

Consideramos que las características que tienen las fuentes audiovisuales proveen de un potencial analítico-comprensivo que otras fuentes de información, como las encuestas o las entrevistas, no poseen, en particular cuando, como en este caso, se trata de “videos nativos” (Pink, 2006), es decir, videos producidos sin la intervención del investigador. Este contenido visual, sonoro y narrativo producido por los participantes ofrece al investigador/espectador la posibilidad de adentrarse en la realidad cotidiana de las y los participantes en la convocatoria tal y como es registrada, situada, vista, vivida y experimentada por ellos, así como conocer las reflexiones y las emociones que ésta implica.

Los audiovisuales se presentan al estilo de relatos cortos de vida. Los relatos hacen posible dar cuenta de la relación entre la vida individual y el tiempo histórico-social (Roberti, 2012); además, permiten identificar la vida de los sujetos incrustados y moldeados por la temporalidad y el lugar que experimentan (Bertaux, 1989). La convocatoria, en este sentido, incita un proceso reflexivo sobre lo que personalmente se vive de manera situada frente al mundo. Los videos permiten incursionar en el espacio personal privado de los participantes en la convocatoria, pues dan cuenta de sus pensamientos, actividades y sentimientos en torno al momento que viven.

La investigación que aquí se presenta es de corte cualitativo y se basa en el análisis de una selección de videos de la mencionada convocatoria de la Filmoteca de la UNAM. Nos interesan en particular aquellos audiovisuales realizados por estudiantes universitarios residentes en la Ciudad de México y su zona conurbada. El análisis se plantea desde la categoría de acontecimiento, tal como ha sido recuperada por el pensamiento francés contemporáneo (Tavera Fenollosa, 2020). Entendemos la pandemia como un acontecimiento y centramos el estudio en las rupturas/aperturas que ésta ha introducido en la vida de las y los jóvenes universitarios.

Desde una perspectiva como la que se plantea en este trabajo, el análisis, de carácter interpretativo, se centra en identificar los elementos constitutivos de los audiovisuales —imágenes, sonidos, secuencias—, así como comprender aquello que la pandemia-acontecimiento ha develado para las y los jóvenes universitarios y que han decidido plasmar en un audiovisual, sobre ellos mismos, sobre su familia y sobre su vida escolar. El análisis muestra cómo la vivencia del confinamiento por parte de los universitarios tuvo implicaciones en la forma en la que perciben sus relaciones familiares, en la resignificación del ámbito escolar y en el reconocimiento de vivir una situación. En la mayoría de los casos, la proximidad implicó una mejor relación con la familia, tanto en términos de sostén moral como económico. Además, el confinamiento resignificó el ámbito escolar tanto en clave de la socialidad y la sociabilidad como en lo referente al proceso de enseñanza-aprendizaje. Por último, no obstante pertenecer a la clase media baja, los universitarios se identificaron como sujetos privilegiados viviendo el confinamiento al amparo de sus familias, lo que destaca cómo la desigualdad socioeconómica se expresa no sólo en el ámbito económico, sino también en el sanitario. En las reflexiones finales indicamos algunas interpretaciones y pautas posibles en torno a estos tres ejes.

 

La noción de acontecimiento

El acontecimiento parece suceder de repente e interrumpir el curso normal de las cosas. Posee un carácter inesperado o extraordinario en comparación con la experiencia diaria y el horizonte cotidiano. El pensador esloveno Slavoj Žižek (2014: 16) lo define como “algo traumático, perturbador, que parece suceder de repente y que interrumpe el curso normal de las cosas; algo que surge aparentemente de la nada, sin causas discernibles, una apariencia que no tiene como base nada sólido”.

El acontecimiento ocurre sin intencionalidad ni preparación, no está bajo el control de un agente o de un actor. En ese sentido, la discontinuidad que introduce un acontecimiento no es como una explosión cuyo significado remite a la noción de intencionalidad o a la de causación. Tampoco es como una erupción, pues ésta supone un sustrato estructural del cual emerge. El acontecimiento es mejor entendido como ruptura.

La ruptura que introduce el acontecimiento es, en primer lugar, una ruptura en la temporalidad. El acontecimiento marca un quiebre que interrumpe el tiempo, pero él mismo no se inscribe en el tiempo cronológico sino que, tal como señala Claude Romano, “inaugura el tiempo y lo temporaliza” (citado en Jay, 2012: 152). El filósofo francés Alain Badiou lo expresa de la siguiente manera: “La potencia del acontecimiento reside en su capacidad de engendrar un tiempo exclusivo, propio, una programación (retro)causal que redirige la temporalidad existente hacia su núcleo irresuelto” (citado en Fernández, 2016: 18).

El acontecimiento posee la cualidad de redefinir el pasado, el presente y el futuro. Con respecto al pasado, el acontecimiento “inaugura retroactivamente su propia posibilidad: la idea de que el surgimiento de lo radicalmente nuevo cambia retroactivamente el pasado, no el pasado real, por supuesto (no estamos en el campo de la ciencia ficción), sino las posibilidades pasadas, o bien, para enunciarlo en términos más formales, el valor de las proposiciones modales acerca del pasado” (Žižek, 2003: 60).

El acontecimiento se caracteriza por la frase verbal estar-siendo. A decir de Juan Pablo Esperón (2017), esta frase condensa la singularidad, el devenir y la temporalidad constitutivos del acontecimiento. El presente del acontecimiento se conjuga en gerundio, mientras que el infinitivo “estar” apunta hacia la no limitación del acontecimiento al tiempo cronológico. Además, “el gerundio modifica al infinitivo, ya que el modo de ‛estar’ del acontecimiento es ‛siendo’” (2017: 50).

La temporalidad del acontecimiento se constituye en un presente que Francisco Sierra Gutiérrez (2020) califica como “amplio”, “elástico” y “activo”, al que denomina un “tiempo intermedio” o “in-between” que es definido como “entre lo sucedido y el “todavía no”. Es una “temporalidad en tensión entre lo que pueda pasar y lo que efectivamente suceda” (2020).

En relación con el futuro, el acontecimiento abre nuevas posibilidades. Sin embargo, más que como simple prolongación causal del presente, el futuro del acontecimiento debe ser entendido como l’avenir o “aquello que está por llegar”. A diferencia del futuro entendido como la simple prolongación causal del presente, l’avenir es aquello imprevisible que sucederá y que nos golpeará, reconfigurando nuestro mundo (Vinolo, 2013). Por ello, para el filósofo francés Romano, “acontecimiento” y “advenimiento” son las dos caras de una misma moneda. El acontecimiento reconfigura los posibles que lo preceden y significa, para el adveniente, el advenimiento de un mundo nuevo.

El acontecimiento se caracteriza por lo que el sociólogo francés Louis Quéré denomina su “poder hermenéutico”; para decirlo en términos de Romano (1998: 162), el acontecimiento es en sí mismo una huella significante que “trae consigo el horizonte de posibilidades interpretativas a la luz de las cuales se dibuja y decide su significado”, lo que hace que sea “el origen del sentido del mundo tal y como surge después del acontecimiento y con el acontecimiento” (1998: 83).

Asimismo, el acontecimiento posee un poder de revelación o de develación que da lugar a un nuevo tipo de comprensión, una comprensión del mundo a partir del acontecimiento que pone de manifiesto el poder hermenéutico de la ruptura que introduce. De suerte que “el acontecimiento manifiesta algo de su propio pasado y de su propio contexto que sin él habría quedado oculto” (Quéré, 2006: 192).

De tal suerte, la ruptura/apertura que introduce el acontecimiento, además de ser una ruptura/apertura en la temporalidad, es también una ruptura en términos de inteligibilidad. El acontecimiento desencadena una nueva inteligibilidad hacia el pasado, dando un nuevo sentido al mundo preexistente, y hacia el futuro, introduciendo una nueva serie de posibilidades que hasta el momento parecían imposibles o poco probables.

Finalmente, el acontecimiento provoca una ruptura/apertura en la experiencia. Para Quéré (2006), además de expresarse en el nivel de la inteligibilidad (como source de sens), el poder hermenéutico del acontecimiento se manifiesta en una transacción inmediata con su realidad. Al respecto, “el acontecimiento y aquel a quien acontece son ambas cosas que ‘devienen’ en el marco de una transacción, aunque su ‘devenir’ sea muy diferente” (2006: 201). En tanto que el propio destino del sujeto está en juego en aquello que le acontece, éste tiene que apropiarse del acontecimiento e incorporarlo a su historia y su proyecto de vida. En este sentido, el acontecimiento es una experiencia individual que puede llegar a ser incluso fuente de identidad y que está determinada por las reacciones y las respuestas que suscita.

La discontinuidad del acontecimiento crea una resonancia afectiva que resulta del contraste entre lo acontecido y la continuación normal y, por lo tanto, preferida de la cotidianidad (Quéré, 2006). En este sentido, la experiencia del acontecimiento está impregnada de emociones. Éstas deben ser entendidas, siguiendo a John Dewey, como “una parte de una situación cuyo resultado se desconoce y en la que el ego emocionalmente sensible está vitalmente involucrado” (citado en Quéré, 2006: 202).

 

Materiales

Para el análisis que aquí proponemos, se decidió seleccionar aquellos videos que cumplían con el principal requisito de la convocatoria “Diario de la Pandemia”: referirse a las experiencias personales. Se eligieron, además, aquellos audiovisuales producidos por quienes tanto en la ficha informativa como en su narrativa se identificaron como estudiantes universitarios,4 así como videos cuyos autores plasmaron el confinamiento en la Zona Metropolitana del Valle de México.5 En total, 45 videos reunieron las características señaladas.

Aunque la convocatoria estaba parcialmente dirigida a la comunidad universitaria de la UNAM, los jóvenes estudiantes participantes en este estudio provenían, en su mayoría, del Instituto Politécnico Nacional (IPN) (31) y en segundo término a la UNAM (9). Otros participantes se identificaron como alumnos del Tecnológico de Estudios Superiores de Chimalhuacán (3), la Universidad Autónoma del Estado de México (1) y la Escuela de Bellas Artes de Amecameca (1). En términos de su sexo, la participación de los estudiantes de educación superior fue equitativa: 23 videos producidos por mujeres y 22 por varones.

Si bien la convocatoria permitía enviar audiovisuales individuales o colectivos, la mayoría de los participantes de nuestro estudio optó por realizar videos individualmente. Asimismo, las bases de la convocatoria señalaban que se podía presentar una contribución al día, por lo que no existía límite en el número de participaciones. No obstante, la gran mayoría de los estudiantes participó con un solo video (ver Anexo, para identificar el listado de audiovisuales analizados).

 

Método

Los registros audiovisuales provenientes de la convocatoria “Diario de la Pandemia” se presentan como “videos nativos”. Es decir, producciones filmadas, producidas y editadas por quienes no son los investigadores, y donde éstos no los observan (Pink, 2006). Al ser videos realizados por sus propios autores, los audiovisuales expresan la interpretación de éstos sobre la circunstancia vivida, proyectándose de manera inadvertida ante la audiencia (video espejo) y aniquilando una interpretación intermedia —de dominación—, que suele ser el papel del otro que filma y produce (Knoblauch, Tuma y Schnetter, 2014; Ortega, 2009). Asimismo, permiten que los participantes presenten su propia subjetividad, superando o dejando de lado el manejo de un lenguaje apropiado para otros — investigadores, documentalistas— a quienes en otras circunstancias se les habla cara a cara (Holliday, 2000).

Los individuos generan videos a partir de sus recursos personales y culturales y de su conocimiento y experiencia audiovisual; mediante ellos componen imágenes que intentan representar objetos particulares de significación (Pink, 2006). El video suministra datos concretos sobre aquello a lo que los sujetos otorgan significados: signos, símbolos, discursos que otras fuentes de información no proporcionan y que se evidencian mediante metáforas visuales, movimientos corporales, efectos sonoros y contexto observable. Los videos contienen una narrativa que es especialmente significativa para cada uno de los participantes, en tanto que tuvieron la oportunidad de ver, (re)grabar y editar sus videos (Baer y Schnettler, 2010; Holliday, 2000).

El video —al igual que la fotografía, como refiere Pierre Bourdieu (1979)— expresa, además de las intenciones explícitas de quien(es) lo ha(n) producido, el sistema de los esquemas de percepción, de pensamiento y de apreciación común a todo un grupo. Los videos producidos, editados y referidos por los universitarios en la convocatoria “Diario de la Pandemia” son relevantes al retratar intencionadamente lo que les es significativo y pueden aportar y decirnos mucho sobre las circunstancias actuales y las percepciones sobre lo que el confinamiento les provoca, como grupo concreto y como representación de un sector de la sociedad.

Los videos permiten un tratamiento pormenorizado de los datos, dada la capacidad de la reproducción audiovisual, de amplia utilidad para el análisis detallado. A decir de Alejandro Baer y Bernt Schnettler (2010: 20), el video no “documenta” simplemente la “realidad” exterior que “recoge” el lente de la cámara, sino que constituye en sí mismo una “construcción”, es decir, una versión de las muchas otras posibles “lecturas” de los eventos que tienen lugar a nuestro alrededor en la vida cotidiana.

En este artículo, el análisis se realiza a partir de la interpretación de la constelación de relatos individuales mediante una reconstrucción diacrónica discernible en el discurso audiovisual que logre superar sus singularidades. Mediante una construcción progresiva, se logra obtener una representación sociológica de los componentes (colectivos) sociales de la situación (Bertaux, 2005: 37), en este caso, de la pandemia-acontecimiento.

El material audiovisual de esta investigación presenta algunas limitaciones para el análisis, pues los videos sólo permiten observaciones de un breve lapso de la vida de los productores; la síntesis que se solicita invita a proyectar lo más significativo de un día en su vida, que documentó lo suscitado solamente los tres primeros meses del confinamiento. Además, no ha sido posible saber más sobre las historias de vida previas. Por otro lado, desconocemos los móviles explícitos de la participación. Finalmente, dado que la muestra está integrada por audiovisuales realizados por estudiantes activos, los resultados de esta investigación se circunscriben a jóvenes que estaban cursando su licenciatura entre el 26 de marzo y el 3 de julio.

En relación con el proceso de análisis, en esta investigación se tomó como punto de partida la vida cotidiana de los estudiantes durante el confinamiento. Mediante el apoyo del programa computacional ATLAS.ti 9, se codificaron las expresiones y las reflexiones sobre las categorías que tuvieran que ver con los propios estudiantes, con la familia, el ámbito escolar y la interacción social. Un segundo énfasis en el proceso de análisis de los videos consistió en codificar expresiones, narrativas, metáforas y alegorías relativas a la temporalidad. Mediante la articulación entre los códigos y las categorías relativos a la vida cotidiana y la temporalidad fue posible, vía inductiva, dilucidar las principales facetas que mostraron variaciones, cuáles se resignificaron, y aquellas que parecieron novedosas, en concreto, aquellas que dieran cuenta de la pandemia como un acontecimiento en la vida juvenil universitaria: la familia, lo escolar y la identidad.

 

Resultados

Los videos incursionan en el espacio personal y privado de los universitarios, aunque existen diferencias significativas entre aquellos realizados por hombres y los producidos por mujeres. En general, éstas últimas se mostraron más abiertas a incluir imágenes de su recámara, de los distintos espacios de su hogar (sala, cocina, baño), de sus mascotas (gatos, perros, guacamaya) y de su familia (padres, madres, hermanas/os, hijas/os). En contraposición, en la mayoría de los videos, los varones revelan muy poco de su espacio íntimo, ya sea porque todas las tomas son exteriores, porque están realizadas en un inmueble abandonado, porque presentan imágenes de objetos (por ejemplo, un vaso que se llena y se vacía), de páginas web (con noticias sobre el coronavirus) o porque están filmadas en espacios oscuros.

La autorrepresentación, ya sea total o parcial, es un elemento central en la mayoría de los videos, tanto de mujeres como de hombres, aunque no siempre está presente. En pocos casos los videos están construidos enteramente con imágenes exteriores (calles, avenidas, parques, plazas, vistas panorámicas, etcétera) o con imágenes de notas periodísticas digitales, fotografías no personales, objetos (libros, computadoras, plantas, etcétera), y/o texto. Hay otro grupo de videos en los que, si bien se oye la voz en off de los sujetos, nunca los vemos.

Los videos tienen una duración que va de un minuto el más corto a 3:51 minutos el más largo. Algunos videos narran todo un día en la vida de las y los estudiantes, mientras que otros se centran en un momento del día. Hay muchos videos compuestos exclusivamente de sonido e imágenes, sin diálogo, con una predominancia en las colaboraciones varoniles; algunos están acompañados de textos y subtítulos. Los videos realizados por mujeres son todos a color, aunque en dos de ellos se combinan las escenas a color con tomas en blanco y negro, mientras que algunos hombres optaron por filmar sus videos en blanco y negro.

 
La ruptura

La pandemia-acontecimiento simplemente llegó a la vida de los universitarios, trastocando el orden reconocible de su vida cotidiana de una manera sorpresiva. El video “KnockDiarioUNAM”,6 una referencia al microrrelato de Fredric Brown de 1948, titulado “Knock”,7 muestra a un estudiante escuchando jazz sentado en la sala, leyendo un libro y bebiendo una taza de té. Repentinamente alguien toca a su puerta y él se muestra sorprendido; fin del video. A modo del relato de Brown y del video universitario, la pandemia marca la llegada de algo desconocido, es un evento sorpresivo que se sobrepone a aquello que se suponía era previsible, que se tenía bajo cierto control: el dominio sobre el porvenir en el orden de las cosas. No más de tres meses de confinamiento y distanciamiento social bastaron a los jóvenes universitarios para reconocer que sus vidas “había[n] dado un giro inesperado” (15).8

Desde los primeros días en que los estudiantes universitarios experimentaron el confinamiento fueron conscientes de que la pandemia no sería algo efímero: “¿Has pensado que esto va a durar tanto que prefieres no pensar en esas cosas que dejarás de hacer por un largo tiempo?” (2). No obstante, las implicaciones del confinamiento no son para ellos del todo claras: “Los días pasan y esto se vuelve cada vez más incierto” (14); existe entre los estudiantes la certeza de que el Covid-19 “cambió la vida de todos de una forma se podría decir un poco cruel” (14) y que “el inicio de la pandemia representó el final del mundo como lo conocíamos […]” (33). Esta ruptura en el horizonte cotidiano provoca un abanico de emociones y sentimientos, y genera sobre todo miedo y ansiedad: “Mis pensamientos me agobian, el pensar que la vida como la conocía está quebrantada me asusta” (26).

La pandemia-acontecimiento marca un antes y un después en la vida de los estudiantes. Esta ruptura se expresa en los videos a través de recuerdos. Recuerdos que plasman en fotografías, pero también en secuencias de imágenes en las que se contrasta la vida antes de la pandemia. La siguiente cita es ilustrativa de cómo la pandemia ha marcado una ruptura en la vida cotidiana de los sujetos de este estudio:

[…] recuerdo cuando podía ir con mi prima y hacer cualquier tontería, el día de hoy el único medio de comunicación que tengo con ella es mediante un mensaje; recuerdo cuando podía ir a un concierto y estar rodeada de muchas personas sin miedo, el día de hoy tenemos que guardar mínimo un metro y medio de distancia entre cada persona; recuerdo cuando podía ir a un parque de diversiones, ahora ni siquiera sabemos cuándo volverá a abrir un parque de diversiones; recuerdo cuando podía salir a comer a cualquier lado con mis amigos, pero ahora la mayoría de los locales se encuentran cerrados (16).

En términos temáticos, los videos se enfocaron en la familia, las mascotas, la escuela, reflexiones sobre el privilegio, y el tiempo. El impacto económico de la crisis sanitaria en los gobiernos, los capitales y las empresas —como lo solicitaba la convocatoria—, no resultó de interés primordial para los jóvenes, si bien hubo quienes —sobre todo entre las mujeres— abordaron los efectos económicos de la pandemia en el ámbito personal y familiar.

 
El ámbito familiar

La familia y las relaciones familiares ocupan un lugar central en los materiales audiovisuales, particularmente aquellos realizados por mujeres. Aunque los conflictos con la familia al inicio del confinamiento no están ausentes, es destacable que en la mayoría de los videos se hace referencia al tema familiar, ya sea en términos visuales y/o en términos narrativos (4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 33, 38, 44). Los resultados muestran una marcada revaloración de la convivencia familiar de manera muy positiva: “Hubo muchos conflictos con mi familia ya que no estábamos acostumbrados a convivir tanto tiempo juntos, pero también gracias a esto se dio la oportunidad de conocernos un poco mejor, de pasar momentos en familia aunque no fueran las circunstancias adecuadas” (14); “Las ventajas son que convives con tu familia, que pasas más tiempo con ellos, que haces actividades con ellos” (10); “Todos estos días mi familia ha estado conmigo, hemos crecido, hemos platicado, hemos hecho la comida juntos y nos hemos divertido mucho” (33); “Estar en cuarentena no es del todo malo. En mi caso he convivido más con mi familia” (19).

Además de resaltar la oportunidad que abrió la pandemia para la convivencia familiar, las jóvenes universitarias enfatizan la relevancia que tiene la familia por el apoyo emocional que les brinda: “Sería más difícil si no estuviera con mi familia, por eso doy gracias que ellos estén aquí para mí” (17).

La vida familiar incluye no sólo a las personas, sino también a las mascotas. Perros, gatos, cuyos, pericos, patos y conejos se presentan en los videos como un miembro más de la familia cuyo papel manifiesto, visual o narrativamente, consiste en aminorar la soledad ya sea como seres vivos que proveen de alegría a la familia o como depositarios de afectos (13, 20, 31, 43, 44, 45) (imágenes 1 y 2). Uno de los universitarios hace especial énfasis en este punto, con su video titulado “¿Hay alguien más en esta pandemia?”:

En estos oscuros tiempos de pandemia nos preguntamos si allá afuera hay alguien más, alguien a quien no sea inseguro abrazar, alguien a quien no de miedo darle un beso, alguien con quien puedas estar de cerca… y sí lo hay, son nuestras mascotas, siempre es seguro tenerlas cerca, las podemos abrazar, podemos seguir jugando con ellas y no representan ningún peligro (31).

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El ámbito escolar

Ante el confinamiento, el espacio escolar forma parte de la nostalgia experimentada por los estudiantes (10, 12, 19, 37, 16); los videos “Recuerdos” (16) y “Ximena completo” (12) lo ilustran bien. En el primero de ellos, la autora presenta imágenes a color de su clase previa al confinamiento; sus compañeros sentados en sus pupitres visten batas blancas, la imagen está editada con leves destellos en el borde haciendo alusión a un momento especial. La toma cambia a la narradora, quien aparece en un cuadro en blanco y negro, sola, en su habitación, sentada en su cama con su computadora en las piernas y el celular a un costado (imágenes 3 y 4). En el segundo video se muestra una secuencia en que la protagonista despierta y se levanta de la cama; lo visual es acompañado por la siguiente narrativa: “Hoy es viernes 19 de junio de 2020, son casi las 8:30 de la mañana, comienza un día más de confinamiento, me despierto y en lo particular no con muchos ánimos desde hace tres meses, pues sé que será otro día sin poder ir a la escuela, ver a mis amigos y hasta respirar la contaminación de mi ciudad” (12).

Ambos videos dan cuenta también de la añoranza de sus autoras por las relaciones sociales con sus compañeros universitarios y amigos, como otros videos también lo refieren (12, 16, 35, 38). Un elemento fundamental del “espacio escolar”, que va más allá de lo curricular, es su relevancia como espacio de sociabilidad y socialidad —procesos de interacción divertimento, y fomento y creación de identidad (Weiss, 2012, 2015)—, del cual han sido privados los universitarios debido al distanciamiento social. Esta convivencia añorada con sus compañeros-amigos universitarios no sólo se despliega en torno al ámbito escolar, sino también en otros espacios públicos: el centro comercial (16), el parque de diversiones (16), las fiestas (16, 35, 38).

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El cierre de todo el sistema de educación presencial obligó a los estudiantes a “asistir” a clases de manera virtual. Esta actividad es vivida, paradójicamente, como un alivio en medio del confinamiento, en especial para las mujeres: “La tarea y las redes sociales han perdido relevancia, pero es lo único que me saca de la rutina” (8); “los días se me han pasado como agua gracias a ellos, gracias al trabajo en clase que no ha parado. Creo que a veces sí es un poco excesivo, pero de ahí en fuera la verdad es que me ha ayudado a mantenerme cuerda, a mantener mi cerebro trabajando, a no estar pensando cosas que me generan ansiedad” (17). Las clases en línea, desde la perspectiva de algunos varones, no han podido sacarlos del tedio de estar confinados: “Estas semanas han sido monótonas y muy aburridas, a pesar de que tengo tarea y todo eso”(43).

Sin embargo, al comparar la educación presencial con la virtual, los estudiantes expresaron su preferencia por la primera, así como mencionaron las dificultades de tomar clases en línea y el temor de no poder concluir su semestre: “No sé qué me da más miedo: contraer el Covid-19 o perder mi semestre” (1); “La verdad es que no me acostumbro del todo a las clases en línea pero trato, trato porque siempre he estado acostumbrada a las clases presenciales” (17); “Estoy preocupada por mi escuela, por mi semestre. Claro, ¡quién no va a estarlo, cuando se nos dan tan pocas soluciones!” (2); “… la verdad es que solamente estamos haciendo las tareas por cumplir, porque nadie está aprendiendo nada. Es verdad que nos dan instrucciones para realizar las tareas, pero no nos explican porque no nos dan clases. Obviamente, nunca va a ser lo mismo una clase presencial a una clase virtual…” (10).

 
El ámbito personal/identitario

La significación de la pandemia y la experiencia del confinamiento despertaron temores con respecto a la identidad de los jóvenes. Las consecuencias de la pandemia vividas por el confinamiento y el aislamiento social —en pocos casos reportados, por la muerte— han trastocado la identidad de los jóvenes universitarios, que anteriormente estaba reforzada en la interacción con sus compañeros y amigos (8, 11, 26, 38): “No sé cuál es mi camino ahora. He estado perdido desde que comenzó esto. Han pasado tres meses y las cosas no mejoran, cada día me siento más vulnerable, me he vuelto demasiado frágil…” (38); “Todos y todo han perdido su esencia, ahora le pertenecemos al Covid” (8), “[tiempo], no nos busques, ya no somos los mismos” (30).

Las imágenes del video “Reminiscencias” (8) presentan ese contraste de cambio en la identidad a partir de la secuencia en la que la narradora se muestra alegre y saludando en color sepia, como una alegoría del pasado. A estas imágenes las siguen otras en las que se la ve con el rostro pintado en tornasol, el semblante serio, en una atmósfera oscura y roja (8) (imágenes 5-8).

En general, las emociones y los sentimientos expresados por los universitarios en sus audiovisuales nos remiten a un estado emocional en el que predominan la angustia, el temor y la ansiedad: “El pensar que la vida como la conocía está quebrantada ¡me asusta!” (26); “[la pandemia] nos ha arrebatado la libertad y nos ha hecho vivir con miedo” (32).

 

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Los resultados indican que muchas mujeres y algunos hombres están conscientes de que el confinamiento y las posibilidades de llevarlo a cabo no han sido iguales para todos: “Cuando tu historia se ve alterada por una pandemia mundial es ahí donde confirmas que los más sensibles son los más vulnerables” (23); sensibles en términos de salud, pero también en términos económicos. A decir del narrador del video “Bucle”: “El inicio de la cuarentena sólo es final de muchos empleos que se perdieron, de familias que empezaron a preocuparse por sus necesidades básicas” (33). En este sentido, un conjunto importante de videos da cuenta de que la posibilidad de quedarse en casa los colocó en una situación de privilegio. Sus padres, madres, hermanos y hermanas o seres queridos, cuando no realizaron teletrabajo, tuvieron que salir a trabajar y exponerse a contraer el virus, lo cual fue motivo de preocupación (2, 9, 12). Es destacable también el señalamiento sobre la gente que se encontraba laborando en el espacio abierto y el contraste con su situación de confinamiento (10, 11, 12, 15, 16, 19, 22).

En el video titulado “Resiliencia”, una estudiante muestra el contraste de su día a día en casa con la cotidianidad de su novio, otro estudiante, quien tuvo que abandonar la escuela y salir a trabajar dada la necesidad económica de su familia. A pesar de ser una circunstancia excepcional entre los estudiantes que participaron con sus videos, ilustra bien la diferencia entre estar confinado y no estarlo. Desde la mirada de ella al describir a ese “otro” no privilegiado señala: “Lo que antes era prepararse para asistir a la universidad, ahora es prepararse para una guerra donde el objetivo de ataque eres tú” (9). Al final del video, los novios se presentan juntos en un paneo de arriba hacia abajo; él porta un traje protector, ya que su labor se desarrolla en un centro Covid; ambos se muestran cabizbajos (imagen 9).

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La temporalidad

Entre los universitarios se reconoce que el confinamiento condujo a una distensión en el tiempo: “Ya no existen horarios ni alarmas de rutina en el tiempo” (23); “no tenemos las presiones de las rutinas” (18); “[…] mi muñeca ya se ha olvidado del reloj” (22). Sin embargo, este relajamiento provocó reflexiones diferenciadas entre los sujetos de este estudio, desde pensar el tiempo en términos productivos, en su utilidad (37, 15), así como en disfrutar de su disponibilidad (15, 23) para valorar “las cosas que tienes” (1), a ellos mismos (1, 18), “[…] las pequeñas y minúsculas cosas” (23) “[…] y genera[r] tiempo de calidad con la familia” (6).

Sin embargo, existe también el sentimiento de una monotonía absorbente (39, 43, 37). Dicha monotonía ha sido significada como una pausa en el tiempo (9, 26, 32, 33, 40): “Con ella [la pandemia] el tiempo se detuvo…” (9); “Todos los días son como domingos. Unos añoran que ya sea lunes y puedan volver a sus actividades. En este caso, la nueva normalidad” (18); “En ocasiones hasta olvido en qué día vivo, pero realmente vivo o sólo estoy sobreviviendo” (39).

El video “Bucle” ensaya una metáfora sobre la vivencia personal que es ilustrativa del sentir común:

Mi vida al parecer en esta pandemia se ha quedado atrapada hace mucho tiempo en un bucle de tiempo. Llega el amanecer, me despierto, desayuno, como, me meto a bañar, hago ejercicio, hago tarea, tomo clases en línea, llega la noche y el ciclo se vuelve a repetir una vez más. El final del día sólo es el inicio de un día que volverá a empezar una y otra vez igual, semana tras semana, como si no pudiera hacer nada para evitar que la rutina desaparezca (33).

La siguiente imagen ilustra bien lo anterior:

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Por otra parte, a pesar de desear volver a la normalidad, los universitarios piensan que las cosas no serán como antes y que el futuro es simplemente incierto. Añoran volver pronto a la normalidad, entendida como la convivencia con la familia, los amigos y el regreso a las aulas (7, 10, 12, 16, 32, 38): “Espero pronto ver a toda mi familia junta [fotografía con familia extensa]. Volver a compartir salón de clases con mis amigos [imagen de compañeros de clase] y volver a mi amada institución [imagen de la entrada de una de las escuelas del IPN]”. La misma alumna indica: “Yo sé que las cosas no serán como antes” [imagen de la gente transitando en el Centro Histórico de la Ciudad de México] (7). En el video “Pros y contras de cómo estoy viviendo la pandemia”, la narradora señala: “Espero que todas las personas que estamos en aislamiento podamos salir lo más pronto posible, que todo esto termine y que volvamos a nuestra vida normal; aunque, claro, no será lo mismo” (10) (imágenes 11-14).

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El video titulado “Mi peor enemigo” resume la comprensión sobre el tiempo futuro de los universitarios, caracterizado por la espera, la añoranza de un pasado que se sabe no volverá y la incertidumbre y el miedo ante el mañana:

Lo único que hago es pensar, en que todo acabará y todo será como era antes, aun cuando sé que eso no va a pasar. Porque no retomaremos nuestras vidas de antes. Tendremos restricciones, y medidas que tomar, las fiestas y reuniones acabarán (por un tiempo), algunos perdimos a seres amados durante esta situación. Sin embargo, los que logramos salir adelante aún tenemos miedo de lo que pueda ocurrir mañana (38).

 

Discusión

Una aproximación sociológica a los videos de “Diario de la Pandemia” permite identificar la relación entre la vida personal de los jóvenes universitarios y el tiempo histórico social de la pandemia de Covid-19. En esta sección discutimos los ámbitos de su vida en los que la pandemia-acontecimiento ha marcado un antes y un después: el familiar, el escolar, el personal identitario.

Las videograbaciones de los universitarios dan cuenta de una constante resignificación y revaloración de los ámbitos familiar y escolar, a partir de la pandemia. Es decir, tal y como lo señala Žižek (2003), el acontecimiento modifica de manera retroactiva el valor de las proposiciones modales acerca del pasado. Lo que antes parecía no tener importancia adquiere relevancia, y aquello que se apreciaba deja de valorarse con la misma intensidad. En este caso, y de acuerdo con los hallazgos, la pandemia-acontecimiento modificó las proposiciones de los jóvenes estudiantes sobre la familia, incluidas las mascotas, y la escuela.

El tiempo vivido por los universitarios en confinamiento se encuentra inscrito en un conjunto de implicaciones que derivan del ser “joven universitario viviendo en el seno familiar”. La pandemia-acontecimiento marcó un viraje en las relaciones sociales juveniles en torno a la familia (nuclear) hacia la convivencia, el divertimento y la expresión de sentimientos. Los sujetos de este estudio, particularmente las mujeres, compartieron cómo la pandemia les había hecho conocer y apreciar más a su familia, así como valorar el tiempo de convivencia con ella. En un momento de sus vidas caracterizado por el tránsito a la adultez y el inicio de sus estudios universitarios, en el que las y los jóvenes generalmente buscan una mayor independencia y autonomía con respecto a la familia, ésta adquiere un nuevo valor: “Solíamos sentirnos independientes de los otros, pero ahora aquellos otros nos son necesarios para sentirnos vivos, llenos de compañía y afecto” (11): “Valora el tiempo con aquellos a quienes tenías cerca y a la vez parecía que tenías tan lejos. Porque a pesar de que podías verlos cada día, la falta de convivencia hacía que no supieras nada de ellos” (6).

Además, la pandemia-acontecimiento condujo a revalorar la importancia de las mascotas en la vida de los universitarios. Al verse agotadas las fuentes de afecto externas al ámbito de la familia nuclear —familia extensa, amigos, compañeros de estudios y/o parejas—, éstas fueron sustituidas por perros, gatos, conejos, guacamayas y demás animales con los que se comparte el hogar. Con ellos fue posible el contacto físico, expresar sentimientos de afecto y encontrar sostén emocional: “Pudimos superarlo al estar unidos en familia, y al convivir con mi perrita, que siempre estuvo jugando y brindándonos alegría a pesar de que es una situación complicada…” (20). Este hallazgo concuerda con otras investigaciones que abordan el papel emocional de las mascotas durante el confinamiento (De Souza Barros et al., 2020; Fatjó i Ríos et al., 2020), y que señalan que al terminar el confinamiento la tristeza inundará el mundo de los animales domésticos (Lora et al., 2020). Además, reconocemos que éstos no serán los únicos en sufrir por la separación, ésta también tendrá efectos emocionales negativos en los jóvenes estudiantes universitarios.

Los resultados de esta investigación concuerdan con los reportados por otras sobre los diferentes apoyos económico y moral9 que otorgan las familias a estudiantes de escasos recursos para seguir sus estudios universitarios (Tapia y Weiss, 2013; Taylor, 2006). Los videos universitarios muestran que ellos en todo caso siguieron el confinamiento y no tuvieron que salir a trabajar, mientras que su manutención provenía de su familia; resulta además importante señalar que en muy contadas ocasiones los universitarios se mostraron realizando actividades domésticas, y en los pocos casos en que así lo transmitieron, fueron actividades para beneficio personal: cocinar para ellos (37) o lavar su ropa (43, 45).

Los estudiantes aprecian que su familia —padres, madres, hermanos/as— los apoyen para que no dejen sus estudios, pero también han remarcado como relevante su papel de soporte emocional, fuente que en el pasado provenía en buena medida de sus relaciones en el espacio escolar.

Como producto del confinamiento, los universitarios fueron “tocados”, “afectados” (Larrosa, 2006) en las relaciones directas que tenían en su mundo universitario. Como se ha destacado en la literatura, los universitarios encuentran en el “espacio escolar” (Weiss, 2012) un escenario contenido de convivencia, divertimento, identidad, socialización y sociabilidad (Dubet y Martucelli, 1998; Camarena, 2000; Weiss, 2015). Desde la nostalgia, las diferentes expresiones de añoranza y valoraciones producidas por los universitarios en torno a lo escolar marcan esa predominancia y revaloración: “No me gusta estar aislada, extraño mi escuela, extraño ver a mis amigos, extraño salir” (10).

En un sector de la sociedad caracterizado generacionalmente por desplegar formas concretas y regulares de interacción a través de las redes sociodigitales, resulta llamativo que, a pesar de la persistencia del uso de dispositivos digitales durante el confinamiento para las clases a distancia, los jóvenes destacaran y subrayaran su añoranza por la interacción social directa con sus pares. En este sentido, sólo algunos universitarios decidieron puntualizar en sus videos la comunicación que tenían por medios sociodigitales como parte de su cotidianidad (2, 16, 37).10

A partir de la pandemia-acontecimiento, el ámbito escolar ha perdido, por obvias razones, su valor relativo en términos de sociabilidad o socialización. En su lugar, las actividades escolares han jugado un papel importante en la rutina diaria y en el uso del tiempo durante el confinamiento (1, 2, 37, 43). Las clases en línea han desempeñado una función terapéutica y han servido, sobre todo a las jóvenes, para aminorar la ansiedad, el miedo, la tensión y el estrés que ha implicado la pandemia-acontecimiento (8, 12, 17, 20). Por otra parte, la enseñanza a distancia por medios digitales llegó a ser valorada negativamente (10).

Sin embargo, los hallazgos que la literatura sobre familia y escuela reporta se mantienen durante la pandemia para la mayoría de los sujetos de esta investigación: la asociación entre escolaridad y progreso (Tapia y Weiss, 2013); la centralidad del apoyo económico y/o moral de la familia para estudiar (Taylor, 2006; Camarena, 2000). Mantenerse en la escuela en tiempos pandémicos significa un esfuerzo sostenido de los universitarios y de sus familias, sobre todo ante los altos índices de deserción registrados.11 Por parte de los universitarios, ha implicado revalorar el mantenerse en la escuela a pesar de que en términos de sociabilidad y de docencia no sea lo mismo que antes era, mientras que por parte de la familia ha implicado llenar ese vacío emocional e identitario que garantiza la sociabilidad en el ámbito escolar, además de mantener el sustento y el apoyo económico, y a pesar de encontrarse en el seno familiar día tras día, mantener el apoyo moral que evite distraer a los sujetos de su principal identidad juvenil, el ser universitario.

La experiencia del acontecimiento tiene implicaciones en la identidad, es fuente de su reconsideración, revaloración y de su propia novedad (Quéré, 2006). En el caso de los universitarios, el distanciamiento social provocado por las medidas sanitarias puso en jaque sus diferentes identidades.12 La falta de interacción juvenil cara a cara con sus compañeros y amigos universitarios fue minando su identidad. El temor, la fragilidad y la vulnerabilidad fueron características de esas identidades dislocadas, según manifestaron los jóvenes a través de sus videos: “No sé cuál es mi camino ahora” (38), “ya no somos los mismos” (30).

La pandemia-acontecimiento condujo al reconocimiento de una autoidentificación emergente. A pesar de pertenecer a la clase media baja, como suele ser la media aritmética de los estudiantes universitarios de escuelas públicas, los sujetos reconocieron sentirse privilegiados. La inversión que las familias regularmente realizan para que los universitarios sigan sus estudios (Tapia y Weiss, 2013; Cragnolino, 2011), lo cual se mantuvo aun cuando fueran a distancia, permitió que siguieran las medidas sanitarias basadas en el distanciamiento social y el confinamiento, mientras que en muchos de los casos sus familiares se exponían a los contagios al salir a trabajar. De tal suerte que el confinamiento y la distancia social son vividos por los jóvenes estudiantes como un privilegio; no obstante, esta situación implica sentimientos de preocupación y de miedo: “[…] yo lo vivo en casa, esperando a que mamá vuelva del trabajo y que en las noches no me diga que tiene fiebre o quizás que comience a toser. Lo vivo en casa mientras veo cómo mi hermano hace dobles turnos en el trabajo como enfermero” (2).

La situación de privilegio no sólo se vincula con la familia, sino también con quienes tuvieron que seguir con sus labores cotidianas en la calle para llevar el sustento a sus hogares en medio de la precariedad. Aquellos “otros” que siempre estuvieron ahí cumpliendo el rol de proveedores, y que, ante la contingencia sanitaria, tuvieron que seguir haciéndolo, merecieron un lugar especial en los videos universitarios para resignificarlos como vulnerables y reconocerse a sí mismos como privilegiados.

A pocos meses de la implantación de las medidas de sana distancia, los universitarios expresaron en sus videos, realizados entre fines de marzo y principios de julio de 2020, que “las cosas no serían como antes”. Sin embargo, no les fue fácil determinar las posibles huellas que la pandemiaacontecimiento dejaría en sus vidas. Los hallazgos aquí discutidos indican que para los sujetos de esta investigación, la pandemia marcó un conjunto de posibilidades de cambio que se ubican en la articulación entre la familia, la escolaridad y la identidad, con implicaciones en su continuidad como estudiantes, en sus relaciones interpersonales y en su interacción social.

 

Comentarios finales

Partiendo de los hallazgos y la discusión de las secciones anteriores, se reconoce un marco de posibilidades. En el cierre de este artículo buscamos avanzar la reflexión en torno a la pandemia-acontecimiento y los jóvenes universitarios presentando un conjunto de preguntas y supuestos relacionados con las huellas que imprimirá el Covid-19 en sus vidas.

La identidad estudiantil ha jugado un rol central en la vida cotidiana de los universitarios, estructurando de manera muy importante la organización y el ritmo de sus actividades diarias durante el confinamiento, de manera similar al papel que desempeñaba antes de la pandemia (Lasida, 1998). Sin embargo, lo anterior no significa que haya permanecido inalterada. Aquí destacamos que mientras se encontraba suspendida la reproducción de las(s) identidad(es) producidas y reproducidas en el “espacio escolar” debido al cierre de los planteles de educación, en el “espacio familiar” se reafirmó la identidad filial, en tanto que se incrementó la dependencia de los jóvenes con respecto a su familia, en términos económicos, emocionales y morales, a pesar de haber alcanzado la “mayoría de edad”, un etapa que supone una mayor independencia en un abanico variado de ámbitos de la vida.

Cuando concluya el confinamiento, cabe preguntarse si el “acercamiento familiar” —el anverso del distanciamiento social— dejará una huella en la interacción familiar futura de los universitarios. Después de más de un año de convivencia familiar, los jóvenes estudiantes han revalorado las relaciones familiares en términos muy positivos. Esta resignificación de la familia ¿será una razón para permanecer un mayor tiempo en el hogar de sus padres? Por otro lado, ¿conducirá a replantearse el sentido de la familia para ellos mismos, estimulando el compromiso en las relaciones de pareja para la conformación de sus propias familias de manera más temprana?

Es notable cómo para los sujetos de este estudio, en particular las mujeres, la posibilidad de quedarse en casa es reconocida como una situación de excepción en relación con su propia familia. Una situación de privilegio que, sin embargo, implica sentimientos de preocupación y de miedo por la salud de aquellos que con su trabajo hacen posible su permanencia en el hogar. ¿Cómo incidirá esta experiencia en el tipo de vínculo familiar a futuro? ¿Sentirán un mayor compromiso moral hacia sus padres y/o hermanos? ¿Qué consecuencias tendrá este mayor compromiso moral en las decisiones de vida de las jóvenes estudiantes? En particular, tomando en cuenta las diferencias de género observadas con respecto al tema familiar, ¿veremos el reforzamiento de los roles de género tradicionales vinculados con el cuidado?

Por otro lado, algunas investigaciones (Fatjó i Ríos et al., 2020) ya señalan que el fin del confinamiento conducirá a la depresión de las mascotas con quienes los jóvenes —y todos los miembros de la familia— compartieron el confinamiento y mostraron estrechar lazos. En este sentido, es muy probable que tras el “regreso a la normalidad” y ante el vínculo generado, se registre una presencia importante de mascotas en el espacio escolar, con las dificultades de traslado y del espacio universitario que ello supone. Si la presencia de las mascotas se efectúa como aquí se supone, ¿será el tiempo post pandemia un momento para valorar en términos prácticos, didácticos y hasta arquitectónicos, un sitio y un papel reservado para los animales de compañía en las universidades?

Trabajos recientes destacan el carácter plural del sujeto universitario (Pogliaghi y Meneses Reyes, 2018) y enfatizan que los estudiantes son al mismo tiempo jóvenes (Guerrero, 2008, Weiss, 2012). En los tiempos post pandemia, para comprender integralmente las experiencias e identidades fluctuantes y múltiples de los estudiantes universitarios, tendrán que dirigirse los esfuerzos para incluir en esa dualidad joven-universitario la categoría de “hijo/hija de familia”; mientras que al examinar la pluralidad tendrá que ponerse atención de primera mano a esa tridimensionalidad.

Entre los diferentes efectos que la pandemia ha tenido se encuentra la deserción escolar. Algunos investigadores han inferido una relación causal entre ésta y factores económicos y tecnológicos (Pachay-López y Rodríguez-Gámez, 2021). En esta investigación mostramos la importancia, durante la pandemia, del ámbito familiar como sostén económico-moral-emocional para que los jóvenes puedan continuar con sus estudios. Parafraseando a Gøsta Esping-Andersen (1993), cuando ni el Estado ni el mercado son suficientes para promover el bienestar social, siempre estará ahí la familia para hacerlo. Es muy probable que aquellos estudiantes de universidades públicas que abandonaron sus estudios hayan basado esa decisión en la fractura del vínculo familiar y la falta de estabilidad emocional que mermó su interés por continuarlos, aunado a las dificultades económicas que enfrentaron. Resulta importante que las instancias para la atención de la salud mental que han brindado a la comunidad universitaria y politécnica, así como al público en general, sus servicios durante la pandemia, sean preservadas y fortalecidas. Asimismo, es importante que se desarrollen otras estrategias para reintegrar a los alumnos que tuvieron que dejar sus estudios por las causas propias de la pandemia.

Por otra parte, resulta pertinente interrogarse acerca de las posibles consecuencias que podría tener la situación de privilegio vivida por los jóvenes universitarios de este estudio en los ámbitos social y político.

Finalmente, nos parece importante destacar que la oferta de materiales como producto de las diferentes convocatorias promovidas por las instituciones para documentar las experiencias de algunos sectores y grupos sociales durante la pandemia de Covid-19 presenta una oportunidad histórica para el análisis sociológico. Estos materiales nativos, que no responden precisamente a los intereses de los investigadores, ofrecen una ventaja para dar voz, generar comparaciones, construir nuevos argumentos, y refinar o proponer nuevas categorías analíticas. En esta investigación buscamos realizar una contribución al respecto a partir del análisis de los audiovisuales de la convocatoria “Diario de la Pandemia” promovida por la Filmoteca de la UNAM.

 

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