Universidad Nacional Autónoma de México • Instituto de Investigaciones Sociales

Motherhood and unpaid work in the context of Covid-19

Nathaly Llanes Díaz* y Edith Pacheco Gómez Muñoz**

 

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*Doctora en Ciencias Sociales con Especialidad en Estudios Regionales por el Colegio de la Frontera Norte. Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales (CEDUA)-El Colegio de México. Temas de especialización: salud sexual y reproductiva, maternidad y género. Carretera Picacho Ajusco 20, Ampliación Fuentes del Pedregal, 14110, Tlalpan, Ciudad de México.

**Doctora en Estudios de Población por El Colegio de México. cedua-El Colegio de México. Temas de especialización: familia, trabajo y género.

 

Resumen: Este trabajo tiene como objetivo problematizar el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado durante la Jornada Nacional de Sana Distancia por Covid-19, para un grupo de mujeres residentes en México, con hijos(as) menores de 12 años. Además, presenta algunas reflexiones acerca de la maternidad, el trabajo no remunerado y el remunerado durante la pandemia, y la manera como
se refuerzan las desigualdades de género durante el inicio de la crisis sanitaria. El análisis se centra en los tiempos destinados por las mujeres al cuidado directo, indirecto y autocuidado, según su estado conyugal y el número de hijos.

Palabras clave: Covid-2019, maternidad, trabajo no remunerado, cuidados, género.

Abstract: This work aims to problematize unpaid work (housework and care) during the Jornada Nacional de Sana Distancia for Covid-2019, for women residing in Mexico, with children under 12 years of age. In addition, it presents some reflections on motherhood, unpaid work and paid employment during the pandemic and how gender inequities are reinforced. The analysis focuses on the time intended by women to direct care, indirect care and self-care, according to their marital status and the number of children.

Keywords: Covid-19, motherhood, unpaid domestic work, unpaid caregiving, paid employment, gender.

 

La adjudicación del trabajo doméstico no remunerado a las familias en las sociedades contemporáneas situó a las mujeres como las responsables directas del bienestar de los hogares y de la reproducción social (Picchio, 1992; García y Pacheco, 2014; García, 2019). Los procesos de urbanización, el nuevo valor otorgado a la infancia y a la adolescencia, la centralidad del ámbito escolar, los cambios en los mercados laborales, así como la proliferación de las medidas de higiene para garantizar la subsistencia de la población, reconfiguraron y complejizaron el trabajo no remunerado (doméstico y de cuidados), y fortalecieron su asociación con el rol de madre (Folbre, 1991; Carrasco, Borderías y Torns, 2011).

El cuidado tiene como característica central una doble dimensión: la emocional y la relacional. Por un lado, involucra a la subjetividad y a la afectividad, en la medida en que cuidarde otro implica inexorablemente un vínculo emocional y afectivo (Carrasco, 2013; Erikson, 1993, 2005). Las prácticas y las labores que se ejecutan en el espacio privado del hogar demandan energía física, disponibilidad permanente, atención constante y una gestión de actividades ininterrumpida, lo que supone una fuerte carga mental para quien las realiza, por las implicaciones emocionales que traen consigo (Folbre, 2001). Por otro lado, el desempeño del trabajo de cuidado se lleva a cabo dentro de un complejo sistema de relaciones familiares y de género que implica tensiones y negociaciones constantes en los hogares, especialmente entre los hombres y las mujeres que los integran (Carrasco, Borderías y Torns, 2011).

Otra característica importante del trabajo doméstico no remunerado es que adquiere especificidades de acuerdo con el ciclo vital de las personas. Las formas emocionales y afectivas del cuidado, así como las actividades de funcionamiento, de atención a la salud y la gestión de bienes y servicios al interior de los hogares, varían según la edad de sus miembros y los procesos de socialización asociados a cada etapa de la vida (Carrasco, 2013; Rico Ibáñez, 2011).

Al trabajo doméstico no remunerado subyace una ideología de la domesticidad que se sostiene sobre la construcción social de una identidad femenina centrada en el cuidado, por lo que a las actividades asociadas se las significa como resultado “del altruismo, el amor y el instinto materno”. La división sexual del trabajo mercantiliza el trabajo remunerado a través de la percepción de un salario y asocia la reproducción social con lo privado y lo relacional. Lo anterior oculta las desigualdades de género y las tensiones al interior de las familias, al concebir el cuidado y las actividades domésticas como responsabilidades inherentemente femeninas (Carrasco, Borderías y Torns, 2011).

Pese a la adjudicación del trabajo doméstico no remunerado a las mujeres, las condiciones en las que este se realiza, el tiempo destinado y las implicaciones emocionales que suponen no son homogéneos. La situación socioeconómica, la participación en el mercado laboral y el tipo de ocupación, las redes de apoyo, la equidad de género en las parejas, las edades de los(as) hijos(as) o personas dependientes a cargo y las políticas de conciliación familia-trabajo vigentes en cada contexto son factores que generan desigualdades entre las propias mujeres (Carrasco, 2013).

En décadas recientes, la tensión estructural en las sociedades capitalistas entre la cantidad de tiempo que hace falta para cuidar cotidianamente la vida humana y la dificultad creciente para poder tener ese tiempo se ha incrementado, lo que se denomina la crisis del cuidado. El aumento en la esperanza de vida; la incorporación femenina al mercado laboral en condiciones cada vez más precarias y segmentadas; el debilitamiento de los servicios públicos de cuidado; el aumento de la pobreza y la desigualdad; las débiles respuestas de acción política en torno a la conciliación familia-trabajo con perspectiva de género, entre otros factores, han reorganizado el trabajo del cuidado. Así las mujeres, quienes continúan teniendo la mayor carga en su ejecución, poseen menos capacidad y márgenes de acción para responder a las demandas señaladas (Carrasco, Borderías y Torns, 2011; Cerrutti y Binstock, 2011; Rico Ibáñez, 2011). En este marco, se habla de las incompatibilidades en la sostenibilidad de la vida (Herrero, 2017; Herrero, 2012, 2013; Pérez, 2017).

En particular, la crisis del cuidado se vincula fundamentalmente con la rigidez de la división sexual del trabajo en los hogares, así como con la segmentación del mercado laboral que profundizan y reproducen las desigualdades de género (Rico Ibáñez, 2011; Pacheco y Flores, 2019). A modo de ejemplo, la Organización de Naciones Unidas (ONU) estima que las mujeres pasan un promedio de 2.5 veces más tiempo realizando trabajo de cuidados no remunerado, en comparación con los varones (ONU-Mujeres, 2019), lo cual ocurre incluso en los países donde los roles de género son más igualitarios (Cherlin, 2016).

En México, las mujeres dedican 39 horas semanales al trabajo del cuidado no remunerado en sus hogares (CEPAL, 2020a). De hecho, las mexicanas proporcionan 70.6% de su tiempo a actividades no remuneradas, mientras que la aportación de los hombres no alcanza 30% en este mismo rubro (ONU-Mujeres/El Colegio de México, 2019). La Cuenta Satélite del Trabajo no Remunerado calcula que el valor económico del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representó 23.3% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional en 2017 (INEGI, 2018).

Aunque cada día se otorga mayor importancia a la corresponsabilidad parental en la crianza y los cuidados de los(as) hijos(as), esto no ocurre de manera homogénea en todos los sectores sociales (Aguayo, Barker y Kimelman, 2016; Rojas y Martínez, 2018; Rojas, 2008). Evidencia cualitativa señala que entre los varones con mayor escolaridad y pertenecientes a los quintiles de ingreso más elevados, se manifiesta una preocupación por lograr un equilibrio entre el trabajo remunerado y la vida familiar, y se expresa la importancia de tener un rol más activo en la crianza de los(as) hijos(as) (IPPF/WHR/Promundo, 2017). En esta misma dirección, algunos de los resultados de la encuesta images (International Men and Gender Equality Survey)1 muestran que dos de cada tres padres varones manifestaron deseo de participar de manera más activa en las labores de crianza y del cuidado no remunerado, así como de dedicar más tiempo libre a los(as) hijos(as) (Barker y Aguayo, 2011).2

Sumado a lo anterior, ONU-Mujeres, en su informe titulado “El progreso de las mujeres en el mundo 2019-2020. Familias en un mundo cambiante”, señala que los hombres pertenecientes al quintil de ingreso más alto dedican un poco más de tiempo a los cuidados y al trabajo doméstico no remunerado al interior de las familias. Sin embargo, esta participación no muestra diferencias sustantivas respecto a los varones de los demás quintiles de ingreso (ONU-Mujeres/El Colegio de México, 2019). La Encuesta de Usos del Tiempo (Enut) de 2014, para México, aporta información que indica que en los contextos socioeconómicos más altos existen más hombres participando en el trabajo doméstico en todos los rubros (preparación de alimentos, limpieza, mantenimiento, compras y gestión). En las actividades de cuidados, destaca especialmente la participación masculina en el cuidado a personas de entre 15 y 59 años (Pacheco, 2020).

Pese a la intención o deseo de participar en mayor medida en la vida familiar por parte de los varones, persisten múltiples barreras para alcanzar un equilibrio y una distribución más equitativa de las labores del cuidado y el trabajo doméstico al interior de los hogares entre hombres y mujeres. La rigidez de los roles de género, el arraigo de ciertos componentes culturales del machismo, la debilidad de los contextos institucionales para conciliar el trabajo con la familia, la precarización de empleo y las brechas salariales de género, entre otros, son factores que contribuyen a la reproducción de las desigualdades (Barker y Aguayo, 2011; IPPF/WHR/Promundo, 2017).

Algunos trabajos han documentado que en tiempos de crisis se exacerban las desigualdades en el trabajo no remunerado; un ejemplo son las crisis sanitarias causadas por el ébola y el zika (Davies y Bennett, 2016; Neetu et al., 2020; Wenham, Smith y Morgan, 2020), y la más reciente, la pandemia por Covid-19, en la cual se centra el interés de nuestro trabajo.

La rápida propagación del virus sars-Cov-2 ha desatado una crisis de salud, social y económica sin precedentes en el mundo, la cual ha tenido repercusiones diferenciadas para los hombres y las mujeres. En América Latina, una de las regiones más desiguales del mundo, el Covid-19 ha puesto aún más en evidencia la acumulación de desventajas que experimentan diferentes grupos sociales en la región (CEPAL, 2020b; Saraví, 2020), particularmente las mujeres.

Desde distintos sectores sociales se identificaron cuatro áreas centrales en las que las mujeres se han visto afectadas desde el inicio de la pandemia. La primera, y en la que se centra nuestro trabajo, es el incremento del trabajo doméstico y del cuidado no remunerado, como consecuencia del cierre de las escuelas y la paralización de las redes y servicios de apoyo. En segundo lugar, la inequidad económica, ya que los sectores con altas tasas de empleo femenino están experimentando una mayor pérdida de empleos. La tercera alude al aumento considerable de la violencia de género. La cuarta es la vulnerabilidad de las trabajadoras de primera línea durante la pandemia, al ser mayoritariamente mujeres quienes se desempeñan en el sector salud y servicios (Alon et al., 2020; Care/IRC, 2020; Grown y Sánchez-Páramo, 2020; Neetu et al., 2020; Nesbitt-Ahmed y Subrahmanian, 2020; Sánchez, 2020).

 

Crisis del trabajo doméstico y remunerado durante la pandemia por Covid-19

La crisis sanitaria debido a la pandemia por Covid-19 ha puesto en el centro del debate al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, tanto en los países donde estas actividades se producen de manera más equitativa al interior de los hogares, como en aquellos en los que aún persisten fuertes desigualdades de género en la distribución y el tiempo dedicado a éstas (Manzo y Minello, 2020).

La rápida dispersión del virus, el conocimiento aún incipiente para el desarrollo de un posible tratamiento para la enfermedad derivada, su alta letalidad al asociarse con otras comorbilidades y la debilidad de los sistemas de salud para hacerle frente en gran parte de los países, promovieron la declaración de alertas sanitarias, la implantación de medidas de confinamiento y la suspensión presencial de gran parte de las actividades que involucraran movilidad y concentración de personas (Castillo, 2020). El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia calcula que para el mes de abril, 191 países habían implantado el cierre de escuelas en todos los niveles académicos, así como también el de los centros de cuidado como guarderías y estancias infantiles (Nesbitt-Ahmed y Subrahmanian, 2020).

Para el caso de México, el 23 de marzo inició la Jornada Nacional de Sana Distancia, un programa de la Secretaría de Salud basado en el principio de distanciamiento social que implicó la suspensión de actividades no esenciales o no vitales para el funcionamiento de la sociedad (Gobierno de México, 2020a).3 Las actividades laborales no esenciales que pudieran llevarse a cabo de manera remota se trasladaron a los hogares, lo que provocó un aumento en la demanda de trabajo doméstico y una sobrecarga en las actividades del cuidado no remunerado para las familias, en especial para las mujeres (Manzo y Minello, 2020).

La evidencia empírica hasta el momento sobre las implicaciones en el bienestar, la satisfacción por la vida y la salud mental durante el confinamiento social, como medida para mitigar los contagios por Covid-19, sugiere un incremento sustancial en la ansiedad y la depresión, la violencia doméstica y el estrés (Galea, Merchant y Lurie, 2020; Bartol y Ramos, 2020; Zang et al., 2020). No obstante, para quienes trabajan de manera remunerada, sea virtual o presencialmente, y además son responsables del cuidado de hijos(as) dependientes, el estrés se exacerba ante las incapacidades de conciliar los tiempos laborales y familiares (Manzo y Minello, 2020; Mascherini y Bisello, 2020).

Información de una encuesta realizada en Europa por Eurofound mostró que, para la población entrevistada con hijos(as) dependientes y teletrabajo, más de la mitad disminuyó su satisfacción laboral durante el confinamiento, tras el aumento de las jornadas de trabajo global y el cansancio excesivo (Eurofound, 2020). Los datos para México en este ámbito aún son limitados.

Para muchos padres de familia, el teletrabajo o home office representa una dicotomía en tiempos de confinamiento. Por un lado, constituye una oportunidad para que los padres puedan quedarse en casa y acompañar a sus hijos(as) durante este periodo de interrupción abrupta de la cotidianidad, lo cual es altamente valorado en un momento en el que se han convertido en los cuidadores y las cuidadoras exclusivos. Pero, por otro lado, la incompatibilidad de las actividades no remuneradas con las asalariadas genera fuertes malestares y tensiones en las relaciones familiares, especialmente de pareja, por la sobrecarga de trabajo global de los hogares (Poyatos, 2020).

Desde algunos discursos, se considera que el trabajo desde casa constituye una oportunidad de flexibilizar horarios y de articular mejor los distintos ámbitos de la vida de las personas; no obstante, para quienes tienen hijos(as) en edades dependientes, el teletrabajo se convirtió en una carga aún mayor, ya que las demandas del cuidado, como la preparación de alimentación, las actividades recreativas, la contención emocional, las prácticas de higiene y limpieza, así como la gestión permanente del manteamiento del hogar, son labores permanentes a lo largo del día (Ramírez, 2020; Wenham, Smith y Morgan, 2020).

En suma, el desdibujamiento de los límites entre el espacio íntimo (familiar) y el público ha convertido a los hogares en escenarios donde convergen, la mayor de las veces sin la menor armonía, las actividades escolares de los(as) hijos(as), las recreativas, las laborales y las domésticas. Esto también implica asumir una simultaneidad de roles que genera malestar emocional, particularmente entre las mujeres, en quienes recae la mayor carga de estas actividades, incluso desde antes de la pandemia, como ya se ha mencionado.

Algunos trabajos señalan que el malestar emocional se intensifica entre las mujeres que trabajan de manera remunerada. Una investigación cualitativa con mujeres en el norte de Italia durante el confinamiento obligatorio subraya que en los hogares de la mayor parte de las entrevistadas se privilegió el modelo de “hombre proveedor”, en el que la responsabilidad de las actividades del cuidado y del trabajo doméstico no remunerado recayó mayoritariamente en las mujeres, incluso entre quienes declararon tener relaciones de pareja más igualitarias. Cuando ambos cónyuges realizaban labores remuneradas se priorizó una organización en la que los varones disponían de mayor tiempo a la dedicación del teletrabajo, en detrimento del tiempo que las mujeres proporcionaron a este mismo rubro4 (Manzo y Minello, 2020).

Otras investigaciones sugieren que la priorización del cuidado y el trabajo doméstico no remunerado sobre el asalariado durante la pandemia agudiza las ambivalencias y las culpabilidades de las mujeres trabajadoras, al sentir que no logran cumplir exitosamente ni a cabalidad con el teletrabajo y el cuidado de los(as) hijos(as) (Cohen y Hsu, 2020; Gillis, 2020; Jiménez y Moreno, 2020; Ramírez, 2020; Valderrama, 2020). De hecho, un artículo de opinión de The New York Times, publicado el 2 de julio, resume esta situación de incompatibilidad al argumentar que en la nueva economía del Covid-19 se permite tener un hijo o un trabajo, pero no ambos (Perelman, 2020).

Dentro del trabajo del cuidado, las actividades escolares son las que han generado mayor estrés entre los miembros del hogar durante el confinamiento. En México, la Secretaría de Educación Pública (SEP) indicó el 13 de julio que no sería posible el regreso a clases de manera presencial para la culminación del ciclo escolar 2019-2020, para ninguno de los niveles educativos, e inició el Programa Aprende en Casa (Gobierno de México, 2020b). Las clases virtuales, las tareas y los refuerzos escolares off line constituyeron cargas abrumadoras que se sumaron a las ya existentes para los hogares, especialmente para las mujeres. La educación en el hogar, durante la pandemia, resulta incompatible con el desempeño laboral y las demás tareas domésticas, lo que ha acrecentado los conflictos familiares y deteriorado las relaciones de pareja (Goldberg, 2020).

A partir de lo señalado, este trabajo se propone un doble objetivo. Por un lado, busca problematizar el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado en tiempos de crisis, como la pandemia por Covid-19, para las mujeres residentes en México con hijos(as) en edades dependientes, menores de 12 años. Por otro lado, presenta algunas reflexiones frente a la interdependencia entre la maternidad, el trabajo no remunerado y el remunerado durante la pandemia y la manera en que se refuerzan las inequidades de género con miras a las disposiciones gubernamentales para el desconfinamiento, o la “nueva normalidad”, como se la ha denominado en el país.

 

Fuente de información

La fuente de información empleada en este estudio5 fue la Encuesta Virtual sobre Carga Global de Trabajo, Maternidad y Dinámica de Pareja en la Pandemia por Covid-19, la cual fue diseñada y levantada en línea. Se construyó un cuestionario autoaplicable que se difundió a través de redes sociales, así como también a partir de la estrategia de bola de nieve a mujeres con al menos un hijo entre los 0 y 12 años de edad.

Se consideró este rango etario por dos razones. Alrededor de los 12 años los y las adolescentes finalizan la educación básica en México, por lo que se puede considerar que durante la Jornada Nacional de Sana Distancia pudieron realizar actividades educativas con demandas similares a distancia. También se considera que antes de los 12 años los(as) hijos(as) se encuentran en una etapa de mayor dependencia en los distintos ámbitos de la vida y requieren un acompañamiento que demanda un mayor número de horas para los padres en las actividades cotidianas, sobre todo durante la pandemia (Mascherini y Bisello, 2020). Los datos de la Enut 2014, por ejemplo, muestran que los tiempos promedio de dedicación al cuidado de niños y niñas menores de seis años son 10 veces mayores frente a los cuidados proporcionados a personas mayores de 14 años de edad (Pacheco, 2020).

Se obtuvo respuesta de 1 073 mujeres residentes en México y pertenecientes a diferentes estados, entre el 13 de abril y el 5 de mayo de 2020.6 El periodo de levantamiento de la información comprendió desde la cuarta hasta la séptima semana de la Jornada Nacional de Sana Distancia, es decir, las mujeres encuestadas se encontraban pasando los primeros 20 a 40 días de confinamiento en el momento de responder y habían iniciado las actividades escolares virtuales. Consideramos que este periodo inicial de la pandemia coincide con la época de mayor distanciamiento social y ausencia de redes de apoyo para las mujeres en el país, debido a la Jornada Nacional de Sana Distancia implementada, por lo que los tiempos dedicados a las actividades del cuidado y trabajo doméstico no remunerado pudieron verse fuertemente incrementados, así como también el malestar emocional expresado por las mujeres.

El cuestionario de la encuesta aborda cuatro dimensiones de la vida de las mujeres durante el periodo de estudio: 1) la organización del hogar, dinámica familiar y conyugalidad;7 2) el trabajo remunerado y no remunerado y los tiempos de dedicación para las actividades asociadas a cada uno; 3) estados emocionales; 4) violencia doméstica (ver anexo). Este trabajo consideró las preguntas de las dos primeras dimensiones. La identificación y selección de las dimensiones mencionadas se realizó a partir de grupos de conversación virtuales realizados con madres de hijos(as) menores de 12 años, en los que se expusieron las áreas de mayor afectación y detonantes de estrés durante esta primera etapa de confinamiento. Igualmente, se tuvo en cuenta la información difundida en torno al tema del trabajo no remunerado durante este periodo en medios de comunicación y boletines e informes de organismos internacionales y de gobierno que contribuyeron al diseño del cuestionario.

El cuestionario contiene tanto preguntas con opciones de respuesta dicotómicas, de escala o grado de aprobación o desaprobación, como preguntas abiertas, particularmente en temas sensibles, como los estados emocionales, y algunas dinámicas en la relación de pareja. Para el caso de las preguntas orientadas al tiempo dedicado a las actividades asociadas al trabajo remunerado y no remunerado, se pidió a las mujeres que declararan el tiempo que ellas dedicaban a las actividades no remuneradas.8

Cabe mencionar que la forma de captar tiempos en las encuestas especializadas sobre esta temática es muy diversa. En los países de América Latina ha sido común utilizar como instrumento el formato de encuestas, mientras en países europeos el diario es una de las herramientas más comunes. Las encuestas también tienen diferentes formas de obtener información sobre los tiempos. En el caso de México, se pregunta sobre los tiempos realizados durante la semana hábil y después sobre el fin de semana, reconociendo las diferencias en la vida de las personas a lo largo de la semana. La información se publica presentando los tiempos promedio semanales para una serie de actividades. Para obtener la información de nuestro cuestionario aplicado en línea preguntamos sobre los tiempos de dedicación a lo largo de un día. Tomamos esta decisión por considerar que era una manera de captar más finamente las diversas actividades durante el confinamiento, situación que ha desdibujado las diferencias entre la semana hábil y el fin de semana.

Igualmente, decidimos dividir las actividades considerando el trabajo de cuidado indirecto y el de cuidado directo, pero también nos pareció importante indagar sobre el autocuidado. En relación con el cuidado indirecto (trabajo sine qua non se podría realizar el cuidado directo), presentamos información sobre cinco rubros (limpieza de la casa, lavado de ropa, preparación de alimentos, compra de alimentos y enseres básicos, y pago de servicios y organización de finanzas). En relación con el cuidado directo, consideramos importante hablar sobre la organización de actividades recreativas, las tareas escolares, el aseo personal y de higiene de los(as) hijos(as) y el apoyo emocional para los mismos. Finalmente, respecto al autocuidado, presentaremos dos rubros: cuidados personales y ejercicio físico. Esta aproximación parte de una postura teórica que en primer lugar formula que el cuidado es un trabajo necesario para la sostenibilidad de la vida; además, que para cuidar se requiere de una serie de actividades necesarias para poderlo llevar a cabo (el trabajo doméstico no remunerado) (Carrasco, Borderías y Torns, 2011).

Es importante señalar que el presente estudio se sostiene sobre una lógica de investigación cualitativa que no pretende la generalización de los resultados obtenidos, sino la problematización de un tema relevante y pertinente en la coyuntura actual. La fuente de información no buscó la representatividad estadística, sino la identificación de situaciones particulares en un grupo muy selectivo de mujeres, a partir del cual se pueden problematizar la maternidad y el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado en tiempos de crisis. Debido a las condiciones del confinamiento, la opción de una encuesta en línea implicó una fuerte selectividad entre las entrevistadas, quienes contaban con los medios tecnológicos (computadora, celular o tableta) y la conectividad necesaria para responder el cuestionario, lo cual en México se encuentra asociado con la pertenencia a un sector socioeconómico que goza de mayor bienestar, en parte por haber alcanzado un elevado nivel educativo, como se mostrará a continuación.

 

Características de las mujeres entrevistadas

Los datos obtenidos permiten afirmar que las mujeres encuestadas constituyen un grupo muy selectivo en el contexto mexicano. Como se muestra en el cuadro 1, un poco más de la mitad de las mujeres que respondieron la encuesta eran adultas jóvenes de entre 30 y 39 años, y casi cuatro de cada 10 se encontraban en el grupo decenal siguiente (entre los 40 y 49 años de edad). Al observar el nivel de escolaridad alcanzado, es claro que la mayor parte de las encuestadas se ubica en el nivel superior; nueve de cada 10 mujeres obtuvieron la licenciatura o más. Esto contrasta de manera importante con el 18% de la población femenina de 15 años y más que alcanzó el nivel de educación superior a nivel nacional en 2015, según datos de la Encuesta Intercensal (INEGI, 2020a).

Respecto a las características familiares, encontramos que siete de cada 10 encuestadas vivían en hogares integrados por tres a cuatro personas durante el periodo de interés, comúnmente ella, su pareja e hijos(as).9

 Sin embargo, alrededor de una cuarta parte residía con cinco a siete miembros, por lo que podríamos suponer que se tratan de hogares ampliados o compuestos10 en los que las tareas del trabajo no remunerado podrían suponer mayores retos en cuanto que hay más personas dependientes, o bien, verse aminoradas las tareas al contar con redes de apoyo para realizarlas. También, la mayor parte de las encuestadas declaró encontrarse en una unión conyugal, fuera en matrimonio o unión libre,11 y un poco más de la mitad tenía dos o más hijos(as) (54.4%) (cuadro 1).

El cuadro 1 también muestra la condición laboral de las encuestadas. Llama la atención el hecho de que alrededor de ocho de cada 10 mujeres declararon realizar trabajo remunerado, cuando a nivel nacional, para el primer trimestre del año 2020, la Tasa de Participación Femenina fue de 44.9% (INEGI, 2020c). Entre quienes se encontraban trabajando, alrededor de nueve de cada 10 lo estaba haciendo desde su casa, y 26 casos (de un total de 1 073) se encontraban en una situación que consideramos en espera; es decir, declararon trabajar de manera remunerada, pero durante el confinamiento no podían asistir a su lugar de trabajo ni teletrabajar. Estas últimas mujeres son parte del sector no formal de la economía o bien participan en actividades no esenciales imposibles de realizar de manera remota. Al preguntar sobre los ingresos durante el confinamiento, alrededor de tres de cada 10 mujeres declaró haber experimentado una reducción o una interrupción del salario (24.7%), o bien desde antes trabajaban sin percibir un ingreso (4.1%).

 

a3c1

Las características mencionadas en los ámbitos sociodemográfico, familiar y laboral permiten afirmar que la muestra conformada resulta muy selectiva en el contexto mexicano, al tratarse mayoritariamente de mujeres con escolaridad de licenciatura y más, que pospusieron la maternidad, que viven en pareja y que trabajan de manera remunerada. Teóricamente, se considera que estas mujeres tienden a consolidar uniones más igualitarias, en las que la distribución del trabajo no remunerado podría ser más equitativa (CEPAL, 2016). Esta selectividad permite problematizar con mayor detalle las barreras de orden social en lo referente al trabajo doméstico y del cuidado no remunerado durante el inicio de la crisis sanitaria en México, por lo que resulta pertinente conocer el tiempo dedicado a estas actividades.

 

Maternidad y tiempos dedicados al trabajo no remunerado

En este apartado pondremos especial atención al tema de la maternidad y los tiempos dedicados al cuidado directo e indirecto realizado en los hogares de las mujeres encuestadas. Hemos decidido hacer una distinción entre aquellas mujeres que declararon haber tenido solamente un hijo y quienes tienen dos o más hijos(as), debido a que las cargas de trabajo para las segundas pueden ser mayores. También consideramos necesario distinguir a aquellas mujeres que están unidas de quienes no lo están, ya que los arreglos y las dinámicas familiares durante el confinamiento también están configurando un reparto del trabajo diferenciado, el cual parece que tiende a exacerbarse en momentos de crisis, lo que supone tensiones y negociaciones en las parejas (Carrasco, Borderías y Torns, 2011; Davies y Bennett, 2016; Neetu et al., 2020; Wenham, Smith y Morgan, 2020).

Con la finalidad de aproximarnos a los aspectos afectivos del cuidado y a la demanda de energía física y atención constantes que suponen las actividades de cuidado directo (Carrasco, 2013; Erikson, 1993, 2005), tuvimos en consideración un conjunto de cuatro actividades: 1) organización de actividades recreativas para los(as) hijos(as); 2) apoyo emocional para los(as) hijos(as); 3) acompañamiento en las tareas escolares de los(as) hijos(as), y 4) aseo e higiene de los(as) hijos(as). En las actividades realizadas en el hogar —cuidado indirecto—, hemos elegido para este artículo los siguientes rubros: 1) la limpieza de la casa; 2) el lavado de ropa; 3) la preparación de alimentos; 4) la compra de alimentos y enseres básicos, y 5) el pago de servicios y la organización de finanzas. Además, en tanto que las personas tenemos derecho a un tiempo propio (o tiempo libre), creemos necesario, durante el periodo de confinamiento que consideramos, conocer los tiempos que destinaron las mujeres encuestadas para sí mismas en dos rubros: cuidados personales y ejercicio o actividad física.

Identificamos el tiempo destinado a un conjunto de más de 10 actividades y calculamos el tiempo dedicado al trabajo no remunerado en su conjunto (trabajo doméstico y de cuidados). La cifra obtenida a partir de las mujeres participantes de nuestra encuesta en línea alcanza niveles por encima de los 600 minutos promedio al día, lo cual supera por más del doble el tiempo obtenido para América Latina en el quintil más rico, en el que las mujeres dedican 251 minutos al día, cifra que se eleva a 354 minutos para quienes se ubican en el quintil más pobre (ONU-Mujeres, 2019: 17).

Sabemos de antemano que nuestra muestra no es representativa, pero sin duda este resultado nos hace reflexionar sobre la magnitud del incremento de tiempos de trabajo destinados al cuidado en una situación de crisis, como lo es el confinamiento; por otro lado, nos permite abordar el tema del efecto que puede tener la percepción del tiempo en una circunstancia tan excepcional y el estado emocional de las mujeres en el momento en que se aplicó la encuesta (al inicio de la Jornada Nacional de Sana Distancia).

A partir de la información obtenida por las 1 073 mujeres mexicanas encuestadas se aprecia, en primer lugar, que son las tareas escolares de los(as) hijos(as) las que implican los mayores tiempos de dedicación en el rubro de los cuidados directos (135 minutos al día, es decir, cerca de 2 horas y media) (cuadro 2).12 Este primer resultado nos hace pensar de inmediato en lo que significó suspender las actividades escolares como una de las primeras acciones ante el embate del nuevo coronavirus SARS-Cov-2, especialmente para un grupo de mujeres cuyo nivel educativo es mucho más elevado frente al patrón nacional y quienes, suponemos, otorgan gran valor a la escolaridad de sus hijos(as) y, muy probablemente, cuentan con los recursos necesarios para apoyar estas actividades.

Como ya lo mencionamos previamente, las cargas de trabajo de cuidados directos e indirectos varían según el número de hijos(as) y la situación conyugal. Al respecto de las desigualdades entre las propias mujeres, para aquellas que se declararon no unidas los tiempos dedicados en las tareas escolares son más altos y, por supuesto, el tener dos o más hijos(as) involucra mayores tiempos en este rubro (cuadro 2).

 

a3c2

La literatura sobre la importancia del trabajo del cuidado no remunerado ha sido muy insistente en argumentar que, para poder brindar un cuidado directo, es necesario crear las condiciones para llevarlo a cabo (Folbre, 1991; Carrasco, Borderías y Torns, 2011). La información recabada en este proyecto visibiliza esta situación: la segunda actividad más importante se refiere a la preparación de alimentos y enseguida resaltan aquellas actividades vinculadas con la limpieza de la casa y el lavado de ropa (trabajo de cuidado indirecto) (cuadro 2). Además, se aprecia una brecha mayor de tiempos de dedicación en actividades relacionadas con el trabajo de cuidado indirecto entre las mujeres no unidas que tienen un(a) hijo(a) y aquellas que tienen dos y más hijos(as). Al respecto, podemos pensar que las mujeres unidas independientemente del número de hijos pudieron compartir de alguna manera los tiempos con sus parejas, tuvieron apoyos familiares o, incluso, a pesar de las dificultades del momento, contrataron o mantuvieron a trabajadoras(es) del hogar. Este último resultado podría sugerir que, en este grupo particular de mujeres encuestadas, la corresponsabilidad parental en la crianza y los cuidados de los(as) hijos(as) es un elemento valorado, como señalan los trabajos realizados en algunos países de América Latina y en México para los sectores sociales más escolarizados (Aguayo, Barker y Kimelman, 2016; Rojas, 2008).

El apoyo emocional a los(as) hijos(as) es una tarea que se visibiliza claramente entre las mujeres participantes, representando en promedio una hora al día, sin distinción significativa por estado conyugal o número de hijos(as) (cuadro 2). Lo mismo sucede con el tiempo dedicado al aseo o higiene de los(as) hijos(as), el cual representa alrededor de una hora al día. Este resultado nos remite a la necesidad de actividades de cuidado prácticamente estandarizadas en los diferentes grupos de mujeres consideradas (unidas, no unidas, con un hijo o más de un hijo).

Finalmente, para el conjunto de las mujeres encuestadas queremos poner en perspectiva el papel que juega el trabajo de cuidado directo e indirecto frente a las posibilidades de que estas mujeres dediquen tiempo a sí mismas (cuidados personales y ejercicio o actividad física). Una parte importante de ellas no proporcionó información en este rubro de actividades, especialmente en los tiempos de dedicación a la actividad física, y aquellas que lo hicieron constataron que es en este rubro donde se reflejan los tiempos más reducidos (alrededor de 40 minutos) (cuadro 2). Este resultado nos remite a las elevadas cargas globales de trabajo y a la reducida posibilidad de ejercer su derecho al tiempo propio y al cuidado de sí, pero también ilustra el fenómeno de la pobreza de tiempo (Damián, 2014).

 

Maternidad y tiempos dedicados de mujeres insertas en el mercado de trabajo

Al inicio de este trabajo indicamos que durante la pandemia se ha exacerbado la incompatibilidad entre las actividades remuneradas y las del trabajo doméstico y de cuidados no remunerados. El cierre de las escuelas, las clases virtuales y la paralización de las redes y servicios de apoyo han representado afectaciones para aquellas mujeres que contaban con un trabajo remunerado, debido a las fuertes cargas de trabajo que implicó quedarse en casa y quizá tener que hacer teletrabajo (Cohen y Hsu, 2020; Gillis, 2020; Perelman, 2020; Poyatos, 2020; Ramírez, 2020). Dada esta reflexión, decidimos enfocarnos en los tiempos promedio de trabajo doméstico y del cuidado no remunerado para aquellas mujeres que también estaban insertas en el mercado de trabajo (recordemos que es un porcentaje elevado: 82.5% de las encuestadas).

Si bien los tiempos de dedicación al trabajo de cuidado directo e indirecto son muy parecidos en este grupo de mujeres, se aprecian promedios de tiempo ligeramente menores en todas las actividades; sin embargo, este resultado no se compensa si observamos que todas las mujeres (unidas o no unidas y con uno o más hijos(as)) destinaban un poco más de cuatro horas al día al trabajo remunerado (último renglón del cuadro 3). Es decir, en un contexto de confinamiento se visibiliza con más claridad la elevada carga global de trabajo y, por ende, las desigualdades de género. Cabe recordar que la mayoría de las encuestadas declararon estar activamente trabajando, ya sea por medio del teletrabajo (88%) o de manera presencial (9%), y solamente un porcentaje muy reducido estaba en espera (2.9%). Al pensar en la carga global de trabajo, estas mujeres destinaron un tiempo importante a las tareas escolares de sus hijos(as) (132 minutos en promedio, es decir, más de dos horas), a la vez que preparaban los alimentos para ellas y sus familias (125 minutos en promedio) y realizaban teletrabajo. Destaca el hecho de que en este grupo, las mujeres unidas y con un(a) hijo(a) destinaron el mayor tiempo de dedicación a organizar actividades recreativas para ellos(as) (128 minutos promedio) (cuadro 3); por ello, nos preguntamos sobre las prioridades de este grupo especial de mujeres y consideramos necesario estudiarlo en trabajos futuros.

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Maternidad y tiempos dedicados de mujeres dedicadas al trabajo no remunerado

Finalmente, quisimos visibilizar el grupo de mujeres mexicanas que no estaban trabajando de manera remunerada. En todos los rubros de actividades los tiempos de dedicación son mayores (cuadro 4) a los que declararon las mujeres que estaban realizando trabajo remunerado. Esto nos lleva a pensar que al inicio del confinamiento se incrementaron los tiempos de estas actividades para estas mujeres. Además de la suspensión presencial de las clases, el incremento de las medidas de sanitización y limpieza de-
bido al sars-Cov-2 en el hogar tuvieron efecto en el incremento del tiempo dedicado a estas actividades. Por último, cabe mencionar que estas mujeres no disponen de tiempo para el cuidado propio (cuidados personales), situación que nos hace pensar que el confinamiento también limitó este rubro de actividades.

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Reflexiones finales

El presente trabajo exploró los tiempos de dedicación a las actividades del cuidado y el trabajo doméstico no remunerado durante las primeras cuatro a siete semanas de la implementación de la Jornada Nacional de Sana Distancia en México, para un grupo de mujeres con hijos(as) menores de 12 años, el cual resultó altamente selectivo debido a la estrategia virtual de recolección de la información. La mayor parte de las mujeres que conforman nuestro grupo de estudio tienen entre 30 y 49 años, declararon estar en una unión conyugal, alcanzaron un nivel de escolaridad de licenciatura y más y se encontraban insertas en el mercado laboral realizando teletrabajo al momento de la encuesta.

Teóricamente sabemos que las mujeres y los varones con mayor escolaridad, pertenecientes a los quintiles de ingreso más elevados, distribuyen de manera más equitativa las labores del cuidado y el trabajo doméstico no remunerado con sus parejas (Aguayo, Barker y Kimelman, 2016; Rojas, 2008), como podría ser el caso de nuestras entrevistadas. No obstante, resalta el hecho de que el tiempo que las mujeres encuestadas declararon dedicar a las actividades de cuidado directo, indirecto y autocuidado, en su conjunto, durante el periodo de estudio, supera por más del doble el tiempo registrado para las mujeres en América Latina pertenecientes a este mismo quintil de ingreso antes de la pandemia (ONU-Mujeres, 2019). Pareciera que las circunstancias en las que ocurre el confinamiento, como la disminución de redes de apoyo, la suspensión de actividades escolares de los(as) hijos(as) y el permanecer en casa la mayor parte del día, incrementan de manera objetiva el tiempo destinado al cuidado, y al mismo tiempo promueven una percepción de mayor carga en la realización de dichas actividades.

Lo anterior resulta relevante en la situación actual, donde el confinamiento se ha extendido y el regreso a las clases se ha postergado. ¿Cómo se distribuye el tiempo de las tareas del cuidado después de meses de estar en casa, con redes de apoyo limitadas, el incremento de las incertidumbres y el cansancio acumulado de los meses precedentes? ¿Qué estrategias despliegan los hogares, y en particular las mujeres?

Este trabajo invita a reflexionar sobre la carga que experimentan otros grupos de mujeres en México, menos escolarizados, que no teletrabajan, con pérdidas de ingresos y empleos durante esta crisis sanitaria y relaciones de pareja con fuertes brechas de género en el desempeño del trabajo doméstico y del cuidado no remunerado. Es preciso identificar estrategias para obtener información de dichos grupos de mujeres durante la pandemia, donde las cargas de actividades pueden ser mayores y además se entrecruzan con otras situaciones, como la violencia.

Asimismo, los resultados preliminares de este estudio nos invitan a realizar un análisis posterior más fino sobre los tiempos dedicados a las actividades del cuidado directo e indirecto y el autocuidado a partir de la ocupación de las mujeres encuestadas. En esta misma dirección, podremos explorar las vulnerabilidades que enfrentan las trabajadoras de primera línea durante esta etapa de la pandemia, al ser mayoritariamente mujeres quienes se desempeñan en el sector salud y servicios (Alon et al., 2020; Care/IRC, 2020; Grown y Sánchez-Páramo, 2020; Neetu et al., 2020; Nesbitt-Ahmed y Subrahmanian, 2020; Sánchez, 2020), ya que la encuesta cuenta con la información para este análisis.

Asimismo, la información sobre la pareja de las mujeres unidas resulta fundamental, ya que ocho de cada 10 encuestadas declararon encontrarse dentro de una unión conyugal en el momento del levantamiento de la encuesta. La información preliminar obtenida visibiliza la importancia de indagar si la corresponsabilidad de la pareja en las actividades del cuidado no remunerado se relaciona con una menor carga para ellas. La selectividad del grupo de estudio invita a incorporar la información que recabamos sobre la declaración que las mujeres hacen de los tiempos que destinan sus parejas a las actividades del cuidado, lo cual permitirá identificar la distribución de las actividades por género.

En particular, uno de los resultados en esta primera exploración de la encuesta fue el hacer visible que para aquellas mujeres unidas que estaban insertas en el mercado de trabajo, los tiempos promedio dedicados al apoyo de las tareas escolares fueron menores que los correspondientes tiempos de las mujeres no unidas, lo cual nos platea una ruta de estudio en torno a los posibles apoyos que se tuvieron de otras personas en el hogar y, en particular, de la participación de los varones en las tareas domésticas y del cuidado (ya que existe una sección completa en el cuestionario dedicada a este tema).

También encontramos que la jornada laboral promedio declarada de las entrevistadas insertas en el mercado de trabajo fue de alrededor de cuatro horas y media, situación que nos lleva a la necesidad de explorar preguntas del cuestionario que nos permitan conocer si en sus espacios de trabajo se han mostrado sensibles frente a la condición de ser madres durante el periodo de confinamiento, e igualmente, comparar los tiempos que declararon las mujeres unidas que sus parejas dedican al trabajo remunerado.

Otro aspecto por atender a raíz de la primera exploración de datos es la percepción que las encuestadas tienen en relación con sus mayores cargas de trabajo no remunerado. El cuestionario incluye preguntas destinadas a conocer los estados emocionales que ha suscitado el confinamiento, lo cual nos permitiría explorar si este grupo particular de mujeres experimentó en algún momento estados de ansiedad, depresión, estrés o enojo, como lo señalan algunos trabajos realizados en otros contextos culturales (Galea, Merchant y Lurie, 2020).

El punto anterior también nos presenta el reto de dar cuenta de los costos emocionales que ha representado para las mujeres el periodo de confinamiento, en relación con el evidente desdibujamiento entre las actividades de cuidado no remunerado (directo e indirecto) y el trabajo remunerado. Este aspecto también nos remite a la posibilidad de indagar posibles cambios en la dinámica familiar.

Este trabajo, además, permite reflexionar acerca de los significados en torno a la maternidad, al exponer que para las mujeres de nuestro estudio el cuidado de los otros parece tener una mayor centralidad en comparación con el cuidado de sí, lo cual se evidencia en el poco tiempo destinado al autocuidado, sin importar el estado conyugal o el número de hijos(as) de las mujeres.

Finalmente, la información preliminar obtenida resulta muy pertinente en el contexto de la “nueva normalidad”, en el que poco a poco se reactiva la economía y algunas mujeres que teletrabajan deben regresar de manera presencial a sus lugares de trabajo, o bien, quienes se dedicaban exclusivamente a las actividades no remuneradas deben incorporarse al mercado laboral ante las dificultades económicas suscitadas por la pandemia. ¿Cómo se reorganizarán las dinámicas familiares y de pareja? ¿Qué estrategias destinarán las familias para conciliar el trabajo y el cuidado, en tanto los(as) hijos(as) dependientes sigan en casa recibiendo clases virtuales o en un formato híbrido o semipresencial?

 

Anexo (cuestionario)

Sección 1

Variables sociodemográficas

• Dónde vive.

• Cuántos años tiene.

• Nivel de escolaridad.

• Situación conyugal.

• Número de hijos.

• Edades de los hijos.

• A qué se dedica la persona.

Organización del hogar

• ¿Con cuántas personas estás viviendo en tu hogar?

• ¿Hay alguna persona que se ocupe de las tareas domésticas y cuidados; quién es esa persona?

• ¿Resides con alguna persona que requiera cuidados especiales?

 

Sección 2

Trabajo remunerado y no remunerado en la cuarentena

• Trabajo remunerado desde casa.

• Forma de pago.

• Compatibilización entre trabajo no remunerado y trabajo remunerado.

• Disminución de la carga laboral por maternidad.

Tiempos de dedicación

• Limpieza de la casa.

• Lavado de ropa.

• Plan de comidas.

• Preparación de alimentos.

• Compra de alimentos y enseres básicos.

• Pagos de servicios y organización de finanzas.

• Organización de actividades recreativas para los(as) hijos(as).

• Tareas escolares de los(as) hijos(as).

• Rutina de sueño de los(las) hijos(as).

• Aseo personal e higiene de los(as) hijos(as).

• Apoyo emocional para los(as) hijos(as), pareja, familia y amigos.

• Manejo de las frustraciones o “berrinches” de los(las) hijos(as).

• Lectura, comunicación telefónica, ejercicio y cuidado personal.

• Trabajo remunerado.

 

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