Universidad Nacional Autónoma de México • Instituto de Investigaciones Sociales

v83n2r2Antonio A. Casilli (2019). En attendant les robots: Enquête sur le travail du clic. París: Editions du Seuil, 394 pp.

Reseñado por:

Alfredo Hualde Alfaro
El Colegio de la Frontera Norte

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Los debates académicos y políticos recientes sobre el trabajo y el empleo y su relación con los procesos de automatización y digitalización se han centrado ya sea en los escenarios relativos al fin del trabajo (pronóstico cuantitativo), o en la calidad del trabajo, tomando como parámetros extremos la precarización o el trabajo decente. El libro de Antonio Casilli En attendant les robots se encuadra en esta segunda vertiente, pues los problemas que le interesan son la fragmentación de los empleos y las tareas externalizadas y el desmantelamiento de los salarios en micropagos.

Frente a los pronósticos del fin del trabajo o del aumento del desempleo por la automatización, las cifras relativas a diferentes países no muestran una correlación directa entre uso de robots y empleo o desempleo. Más allá de las pruebas empíricas, es preciso tomar en cuenta un elemento más decisivo: la persistencia del trabajo. En palabras del autor, el trabajo “se mantiene desde un punto de vista cultural, porque sigue siendo un valor central de la convivencia, pero también desde un punto de vista sustancial, porque su lugar en las trayectorias de vida de los individuos, así como en la fábrica de nuestras sociedades, es preponderante” (p. 43).

Casilli, crítico con aquellos autores que ven en los nuevos fenómenos económicos una posibilidad de colaboración e intercambio donde no prevalezcan los intereses mercantiles (sharing economy), se centra en el análisis del trabajo en la economía digital mostrando justamente lo contrario: la mercantilización se extiende cada vez a ámbitos que no estaban mercantilizados y las nuevas empresas digitales conforman oligopolios con ganancias muy concentradas.

En este contexto, la Inteligencia Artificial (IA en adelante) es quizá la tecnología más importante en la era digital. Algunos productos, procesos y mercados multiplican exponencialmente su valor económico mediante la construcción y el uso de algoritmos. Desde el punto de vista técnico/tecnológico, la IA tiene el prestigio de la complejidad y se supone que en su construcción intervienen científicos altamente calificados con especialidades en ingeniería, física y matemáticas, entre otros. Sin embargo, Casilli muestra que esta es tan sólo una parte de la historia. La otra parte, la que relata y analiza en su libro, es la que concierne al trabajo que realizan cientos de miles de personas en todo el mundo, de manera gratuita o remunerada, para suministrar la materia prima de los algoritmos con los cuales funcionan miles de plataformas basadas en la inteligencia artificial y en la acumulación, combinación y manipulación de datos.

Dice el autor que no son “las máquinas” las que hacen el trabajo de los hombres, sino los hombres los que se ven empujados a realizar un trabajo digital para las máquinas, acompañándolas, imitándolas, entrenándolas (p. 24).

Se propone el concepto de trabajo digital frente al de trabajo numérico para subrayar el movimiento activo del digitus, el dedo, que sirve para contar pero que también apunta, da click, apoya sobre el botón por oposición a la inmovilidad abstracta del número en tanto que concepto matemático. El concepto se entronca con la idea de labor en inglés, que subraya la dimensión colectiva y no individualista de la noción de trabajo.

“El trabajo digital —digital labor— representa así una manera de conceptualizar más sólidamente la técnica: ya no como simple factor externo a ‘lo social’, sino como el conjunto de formas de hacer y mediaciones concretas por las cuales transformamos nuestro ambiente para orientarnos y vivir en él” (p. 49).

El autor distingue tres tipos de trabajo digital: el trabajo sobre demanda, las microtareas y el trabajo en red. Estos trabajos, que no empleos, se llevan a cabo en condiciones precarias e incluso en forma gratuita. Las plataformas, que son una de las expresiones concretas de la economía digital, muestran claramente lo que se viene diciendo especialmente cuando se analizan desde una perspectiva histórica.

A juicio de Casilli, las plataformas contemporáneas desvirtúan la concepción histórica original de la plataforma que, por ejemplo, en el siglo XVII en Inglaterra, se basaba en los principios de puesta en común de los recursos productivos, abolición de la propiedad privada, abolición del trabajo asalariado (p. 69). La plataforma designaba, según el autor, una pluralidad de actores que buscaban negociar de manera colectiva un conjunto de recursos y prerrogativas comunes. Actualmente la retórica de la automatización oculta de hecho la eclosión de las plataformas numéricas, es decir, la generalización de una estructura tecnológica y de una organización económica original que no tiene un núcleo de oficio (coeur de métier) y cuyo funcionamiento consiste en la intermediación informática de otros actores económicos (p. 14).

Las plataformas vienen a encarnar un nuevo paradigma de creación de valor basado en dos principios. El primero es que una plataforma no es sólo una empresa, sino un mecanismo de coordinación entre actores sociales. El segundo principio es que cuando se trata de poner en relación la oferta y la demanda de trabajadores, las plataformas multiplican las modalidades de incitación económica: salarios, honorarios, “recompensas”, remuneraciones por pieza, etcétera. Y lo que quizás es más importante es que, haciendo lo anterior, desagregan y recomponen a su antojo ciertas instituciones heredadas de la modernidad industrial: empleo, subordinación, protección social (p. 59).

Dado que, a diferencia de los trabajos de las plataformas online, en Uber y actividades similares, el trabajo sobre demanda es “continuo”, el debate principal en este caso es el carácter subordinado o independiente de los choferes denominados por las empresas “socios” o “colaboradores” o de cualquier otra manera que encubra el carácter laboral de relación entre empresas y trabajadores. Con la coartada de que los choferes organizan su jornada y pueden ser dueños de su automóvil, las empresas niegan la relación de subordinación como vínculo laboral. Sin embargo, varias sentencias en el mundo han señalado el control que ejerce la plataforma, la sujeción de los choferes a las condiciones que se les impone, su evaluación y su despido/desconexión únicamente mediante un clic. El funcionamiento de las plataformas y, sobre todo, su negativa a responsabilizarse como empleadores, son muestras de la “fuga” del empleador, que también se evidencia, por ejemplo, en los procesos de subcontratación que proliferan en la economía mundial desde hace tres o cuatro décadas. Por otro lado, algunos estudios realizados en relación con este tipo de plataformas desmienten la neutralidad de los algoritmos, puesto que se advierten formas de discriminación hacia minorías raciales u otros grupos sociales, así como triquiñuelas técnicas para disminuir las remuneraciones de los choferes (pp. 106-107).

Si el trabajo de los choferes ha llamado la atención de los analistas del trabajo, de los jueces y de las autoridades locales, el otro aspecto que se subraya en el libro es la producción de información y, por lo tanto, del valor que los pasajeros-usuarios crean constantemente cuando agregan datos del tipo de usuario, su geolocalización, e incrementan de esa manera las posibilidades de la plataforma de obtener ganancias a partir del uso de dichos datos.

Por otro lado, en las plataformas online cientos de miles de trabajadores, chambistas del clic (tâcherons en el original) llevan a cabo microtareas como edición de contenidos, pequeñas traducciones o tareas similares, que duran muy poco tiempo y son pagadas a dos, tres o cuatro dólares por trabajo concluido. En Amazon Mechanical Turk la remuneración media horaria no excedía los dos dólares en 2017 (p. 124). Estos chambistas carecen de protección social o de estabilidad en el trabajo y ni siquiera son considerados trabajadores como tales. Para Casilli, los dos temas fundamentales en relación con este tipo de trabajos son precisamente el ocultamiento o invisibilización de un conjunto de tareas que no son consideradas trabajo y las condiciones totalmente desprotegidas en las que se llevan a cabo. De ahí que en la introducción al libro se diga que la automatización marca una alteración del trabajo, no su hecatombe (p. 24).

Algunos ejemplos ayudan a entender la pluralidad de formas de creación y extracción de valor. Google Treeker es un programa de “trabajo numérico manual” que consiste en delegar a multitudes de voluntarios anónimos (subrayado nuestro) la tarea de fotografiar los lugares que los vehículos de Google Street View no pueden alcanzar. Una mochila de 19 kilos que contiene cámaras de 15.5 megapixeles que toman una foto panorámica cada 2.5 segundos constituye el equipo confiado a los trekkers para fotografiar las cimas de las montañas o las dunas en los desiertos.

Mediante las microtareas se profundizan y prolongan las tendencias al outsourcing y al offshoring característicos de la organización económica de las últimas décadas, estableciéndose una competencia por el trabajo entre chambistas de distintas regiones del mundo que producen una baja generalizada de las remuneraciones.

Este conjunto de dispositivos electrónicos y la organización del trabajo colectivo en red están en la base de las grandes ganancias de empresas como Facebook o Amazon, entre otras. Los usuarios se convierten en productores sin remuneración alguna. Para algunos de estos usuarios esta actividad es fundamentalmente lúdica, por lo que les produce satisfacción. Sin embargo, esta percepción hedonista no es generalizada, y grupos de usuarios en distintas partes del mundo se organizan para reclamar un pago por su contribución a la creación de valor. En el libro se dan varios ejemplos, entre ellos el de la plataforma de periodismo participativo Huffington Post o el de los contribuyentes de la Wikipedia, entre otros. Algunas de estas reivindicaciones revelan el objetivo de profesionalizar actividades que en la práctica son tomadas como acciones voluntarias, benévolas o lúdicas.

Como subraya el autor, el trabajo digital no es una simple actividad de producción, sino sobre todo una relación de dependencia entre dos categorías de actores de las plataformas: los conceptualizadores y los usuarios.

Sin embargo, esta situación impuesta por las grandes empresas digitales puede cambiar. El último pilar del enfoque teórico que se propone en el libro está ligado con la capacidad del trabajo digital de ser catalizador de conflictos, así como un motor de cambio social. En este sentido, dice Casilli, la obra retoma la tradición operaria y la “teoría italiana”, cuyos autores han ayudado a pensar los procesos de externalización y de socialización del trabajo, pero también los efectos de la puesta en trabajo de la vida y de
la polinización —más allá del empleo asalariado y de las actividades mercantiles—, de los comunes y del consumo en el régimen de capitalismo cognitivo (p. 27).

Para ello se proponen varias soluciones desde distintas perspectivas políticas e ideológicas. Una de ellas es la perspectiva liberal, que postula otorgar pagos individuales a los usuarios por la creación de valor no remunerada hasta ahora. Una segunda, más en la línea de las propuestas tradicionales de los sindicatos y movimientos sociales afines, propone extender los beneficios del empleo protegido a los trabajadores precarios y/o benévolos de las plataformas, de las redes o quienes hacen chambismo digital. En contraste con estas propuestas, el autor se adscribe a una posición radical que contemplaría retomar el sentido original de las plataformas, organizando una economía “compartida” entre usuarios y empresas digitales. Ello supone, de acuerdo con Casilli, “la elaboración de una gobernanza común sobre los datos, considerados como un factor económico construido conjuntamente por los usuarios de las plataformas y potencialmente redistribuible bajo forma de derechos o de recursos” (p. 312).

La obra reseñada se sustenta en un exhaustivo trabajo de investigación que describe y analiza las características de las plataformas a partir de la revisión minuciosa de sus páginas web y de las tensiones y conflictos que se han dado en distintas partes del mundo. Estos conflictos nacen de las luchas para lograr un reconocimiento de las actividades de los usuarios como laborales o para mejorar las condiciones de trabajo a partir del reconocimiento del carácter subordinado de éste. A ello hay que agregar la reconstrucción de la historia de las plataformas y la ambiciosa conceptualización del concepto de trabajo digital. Finalmente, en un terreno polémico y quizás provocador, la propuesta radical de transformación de las relaciones de poder entre los distintos actores que intervienen en las plataformas cuestiona muchas de las formas de organización conocidas.
Es también una invitación a pensar en la urgente necesidad de transformar las condiciones laborales y el concepto de trabajo incluso más allá del ámbito de la economía digital.

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