Universidad Nacional Autónoma de México • Instituto de Investigaciones Sociales

Determinants of youth protest in Chile

Joaquín Rozas Bugueño** y Nicolás M. Somma***

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**Magíster en Sociología por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Pontificia Universidad Católica de Chile. Temas de especialización: movimientos sociales, protesta, políticas públicas e instituciones políticas. Avenida Libertador Bernardo O’Higgins 340, Santiago, Región Metropolitana, Chile.

***PhD. in Sociology, University of Notre Dame. Instituto de Sociología, Pontificia Universidad Católica de Chile. Temas de especialización: sociología política, sociología histórico-comparada, y movimientos sociales. Avenida Vicuña Mackenna #4860, Casilla 306, Macul, Santiago, Chile.

 

Resumen: Este artículo estudia los determinantes de la participación en protestas de jóvenes chilenos a partir de encuestas nacionales (2006-2015), usando modelos logísticos que predicen dicha participación. Primero, se identifica que los jóvenes de mayor estatus socioeconómico tienden a protestar más. Además, los jóvenes de izquierda protestan más, pero esa relación es más fuerte para quienes tienen alto estatus. Tercero, los jóvenes con menor confianza en los partidos políticos, pero mayor interés en participar en ellos, protestan más. Finalmente, los jóvenes que pertenecen a clubes deportivos, barras de futbol y organizaciones de scouts asisten más a protestas.

Palabras clave: protesta, juventud, partidos políticos, organizaciones voluntarias, Chile.

Abstract:This article studies the determinants of protest participation among Chilean youngsters through national surveys (2006-2015), utilizing logistic models that predict whether youngsters protested or not. First, it found that youngsters with higher status are more likely to protest. Second, youngsters identified with the political left protest more than the rest, but this relationship is stronger among those with higher socioeconomic background. Third, youngsters with lower trust in political parties, but more interested in participating in them, have more odds to protest. Finally, youngsters participating in sport clubs, soccer fan groups and scouts organizations are more likely to protest.

Keywords: protest, youth, political parties, voluntary organizations, Chile.

 

Desde la vuelta a la democracia en 1990, Chile destacó como uno de los países políticamente más estables de América Latina. Pero esto quedó atrás con el surgimiento de distintos ciclos de protesta desde 2011 (Donoso y Von Bülow, 2017; Bidegain, 2015). Desde aquel año han aumentado las protestas en el país: estudiantes, grupos indígenas, trabajadores, organizaciones feministas, medioambientalistas y conflictos territoriales han irrumpido en la arena pública (Donoso y Von Bülow, 2017; Bidegain, 2015; Somma, 2015). De esta manera, la protesta dejó de ser un repertorio de acción colectiva inherente a estudiantes, trabajadores y campesinos, y pasó a ser parte de las tácticas de distintos grupos sociales (Somma, 2015).

Este nuevo contexto favoreció la aparición de diversos estudios sobre movimientos sociales en el país (Somma y Medel, 2017; Garretón, 2016; Somma y Bargsted, 2015; Bidegain, 2015). Sin embargo, se conoce poco sobre la participación en protestas de los jóvenes chilenos. En las ciencias sociales chilenas, los jóvenes han sido homologados, en muchas ocasiones, a estudiantes (Aguilera, 2016) o analizados desde una vertiente culturalista enfocada en tribus urbanas (Zarzuri, 2016). Estos enfoques, aunque valiosos para la disciplina, no revelan una dimensión política central de los jóvenes chilenos: sus condicionantes políticos y sociales.

Este artículo estudia los determinantes de la participación en protestas entre jóvenes chilenos (operativamente definidos como personas entre 15 y 29 años) empleando las encuestas nacionales de la juventud (ENJ) del Instituto Nacional de la Juventud (Injuv) para los años 2006, 2009, 2012 y 2015, y analizando los datos a partir de modelos de regresión logística binaria que predicen si los jóvenes participaron o no en protestas. En este sentido, buscamos responder por qué protestan los jóvenes.

Para responder esta pregunta, partimos de las teorías internacionales sobre la participación en protestas para población adulta, y las revisamos centrándonos en condicionantes políticos y sociales, teniendo en cuenta las especificidades de los jóvenes chilenos. Nuestro análisis arrojó cuatro resultados principales que desafían algunos postulados.

Primero, exponemos que el nivel educacional del jefe de hogar de los jóvenes predice la asistencia a protestas. Sin embargo, en contra de lo esperado, la ocupación del jefe de hogar no tiene un efecto estadísticamente significativo. A partir del modelo de estatus socioeconómico de Sidney Verba, Kay Schlozman y Henry Brady (1995), podemos sostener que personas con un nivel educacional alto están socializadas con valores y actitudes que disminuyen los costos de participar en protestas. En tanto, sugerimos que la integración social vía consumo de clases bajas y medias, producida por las transformaciones económicas de la dictadura de Augusto Pinochet en los años ochenta (Ruiz y Boccardo, 2015), equiparó el acceso a bienes de consumo que antaño eran exclusivos para personas con ocupaciones de alto estatus, por lo que la diferenciación de estatus no pasaría por el tipo de ocupación, explicando en parte por qué esta variable no tiene efecto.

Segundo, la ideología política también juega un rol relevante. Consistente con la literatura internacional, encontramos que los jóvenes chilenos que se identifican políticamente con la izquierda tienden a protestar más que quienes se identifican con otros sectores políticos. Un resultado más novedoso es que el impacto positivo de ser de izquierda se hace más fuerte entre jóvenes provenientes de hogares con alto estatus. Parecería que la ideología de izquierda indica un tipo de conciencia política que motiva protestar, pero el alto estatus proporciona los recursos culturales y materiales necesarios para la movilización política. Al mismo tiempo, otro resultado interesante, pero exploratorio, es que los jóvenes identificados con la izquierda protestan más en contextos de gobiernos de derecha. Esto desafía la teoría de la estructura de oportunidades políticas, particularmente la dimensión de aliados influyentes (Tarrow, 2011; Meyer, 2004), puesto que difiere de la existencia de fuertes ciclos de protestas contemporáneos en América Latina bajo gobiernos progresistas, como las protestas en Brasil durante el gobierno de Dilma Rousseff o las movilizaciones bajo los gobiernos kirchneristas en Argentina.

Tercero, mostramos un resultado paradójico para la literatura de participación en protestas y partidos políticos. Los jóvenes con menor confianza en los partidos políticos tienden a protestar más, lo que es consistente con el carácter contestatario de la protesta chilena (Roberts, 2016). Sin embargo, quienes tienen mayor propensión a participar en partidos políticos protestan más. Para resolver esta paradoja, consideramos la evolución histórica de los partidos chilenos. El distanciamiento entre movimientos sociales y partidos, que tuvo lugar en Chile desde el retorno de la democracia en 1990, explica que quienes se movilizan confíen menos en los partidos en general (Garretón, 2016; Ruiz, 2015). No obstante, los partidos todavía cumplen una función relevante de socialización política, por lo cual quienes tienen cercanía a algún partido en particular son más propensos a protestar. Este resultado, que cobra sentido a partir del contexto chileno, complica los postulados teóricos sobre las relaciones entre partidos y protesta.

Finalmente, en línea con el modelo del “voluntarismo cívico” (Verba, Schlozman y Brady, 1995), mostramos que la protesta juvenil también depende de factores no estrictamente políticos. De esta manera, los jóvenes que participan en organizaciones voluntarias tienden a protestar más. Lo interesante es que la participación en organizaciones deportivas, barras de futbol y grupos de scouts tiene un efecto positivo en la asistencia a protestas, lo que permite extender el modelo de Verba, Schlozman y Brady (1995) a este tipo de organizaciones, un aspecto no enfatizado en la formulación original de la teoría. Interpretamos este resultado a partir de las relaciones entre futbol y política en el Chile contemporáneo y en relación con las “habilidades cívicas” que la participación en scouts puede otorgar.

Además de estos resultados novedosos, este estudio es sociológicamente relevante porque busca comprender la movilización en Chile situando el análisis en los jóvenes, lo que permite hacer extensible y profundizar la literatura de protesta que se ha estructurado —en general— en torno a los adultos. Asimismo, este artículo busca aportar al estudio de la participación política de los jóvenes chilenos, ampliando el foco de análisis hacia la participación política contenciosa o no institucional.

 

Determinantes individuales de la participación en protestas

La protesta es parte de los repertorios de acción colectiva de que disponen los movimientos sociales, que pueden asumir múltiples formas, desde tácticas pacíficas e institucionalizadas hasta disruptivas y violentas (Tilly y Tarrow, 2015). En Chile estas tácticas son variadas, pero las predominantes son marchas y manifestaciones (Medel y Somma, 2016). Este artículo se centra en ellas por ser las más utilizadas desde la vuelta a la democracia en Chile.

Los estudiosos de los movimientos sociales y la acción colectiva han explorado los factores que afectan la asistencia a protestas. A continuación, revisaremos las aproximaciones teóricas más relevantes sobre los determinantes de la protesta a nivel individual.

 
Estatus socioeconómico

La teoría de movilización de recursos demostró desde los años setenta que un mayor nivel agregado de recursos materiales y sociales en grupos descontentos estimula la aparición de movimientos sociales (McCarthy y Zald, 1977). En los años noventa, gracias al libro seminal de Verba, Schlozman y Brady (1995), esta idea fue desarrollada utilizando datos de encuestas entre individuos. El modelo del “voluntarismo cívico” de estos autores establece que individuos con más recursos económicos, educativos y de estatus ocupacional, participarán más en distintos espacios políticos, entre ellos la protesta. Los mecanismos para entender esta relación son diversos. Un mayor nivel de recursos permite cubrir necesidades básicas, librando tiempo y energías que pueden ser usados para actividades políticas. Además, las ocupaciones y los procesos de socialización de los estratos altos son catalizadores de “habilidades cívicas” —como capacidad oratoria, organizar reuniones y dirigir grupos— que aumentan la eficacia política y brindan herramientas para la acción política. Esta hipótesis recibió apoyo no sólo en Estados Unidos (Rafail y Freitas, 2016; Schussman y Soule, 2005; Somma, 2009) sino también en América Latina (Castillo et al., 2015). Esto sugiere la siguiente hipótesis:

H1: Los jóvenes chilenos de mayor estatus socioeconómico tienden a protestar más que los jóvenes de menor estatus.

Esta hipótesis no es trivial. Se opone a las teorías de la privación, según las cuales son los individuos con menos recursos —y por ende más descontentos— quienes más protestan (Gurr, 1970). Estas teorías tenían primacía en los debates de los años sesenta hasta que varios estudios mostraron sus deficiencias (Gurney y Tierney, 1982), aunque han recibido apoyo en investigaciones más recientes (Wilkes, 2004).

 
Identificación ideológica

La identificación ideológica es un factor relevante para estudiar la protesta, mostrando que personas con valores liberales buscan desplazar el horizonte político más allá de lo tradicionalmente aceptado, lo que se asocia con una mayor propensión a protestar (Schussman y Soule, 2015). Esto también se puede extrapolar al continuo izquierda-derecha, donde quienes se identifiquen con la izquierda política tenderán a movilizarse más que aquellos que sean de centro o de derecha (Roberts, 2016; Torcal, Rodon y Hierro, 2016; Dalton, Van Sickle y Weldon, 2010).

Desde fines del siglo XIX, la izquierda occidental ha tomado la protesta como forma de lucha. Como parte de su estrategia política y desarrollo histórico, la izquierda se ha relacionado con sindicatos y organizaciones sociales que tienen la movilización social como forma de participación política por excelencia (Tilly y Tarrow, 2015). Esto también opera en Chile, dada la tradición histórica de alianzas entre la izquierda y sindicatos, organizaciones de campesinos y pobladores previa al golpe de Estado de 1973, donde la protesta era parte sustantiva de estos movimientos (Garretón, 2016; Ruiz, 2015). Las protestas estudiantiles, en las que los jóvenes chilenos participan activamente, suelen enarbolar objetivos universalistas e igualitaristas, lo que también se asocia en mayor medida con ideologías de izquierda. Todo esto conduce a lo siguiente:

H2: Los jóvenes que se identifican con la izquierda política tenderán a protestar más que aquellos que no se identifican con dicho sector político (sean de centro, derecha o no identificados).

También nos interesa analizar si el efecto positivo de los recursos socioeconómicos en la protesta varía según la identificación ideológica de los jóvenes, un aspecto no explorado en estudios previos, mayormente centrados en relaciones lineales entre variables. Esperamos que dicho efecto sea más fuerte entre jóvenes de izquierda que entre el resto. Entre los jóvenes con más recursos, la identificación política de izquierda se traduciría más fácilmente en participación en protestas, dada la afinidad con la protesta como forma de participación política, generando un contraste con los jóvenes de otra afiliación política. Sin embargo, en niveles socioeconómicos más bajos, incluso los jóvenes de izquierda tendrían mayores barreras materiales para volcarse en la protesta, con lo que la ideología política tendría un menor efecto.

H3: El efecto positivo de la identificación de izquierda sobre la protesta será mayor entre jóvenes de alto estatus socioeconómico, en comparación con jóvenes de bajo estatus.

 
Relación con los partidos políticos

Dado nuestro foco en factores políticos, nos importa estudiar cómo las relaciones con los partidos políticos afectan la participación en protestas. La literatura ha mostrado que los individuos que tienen actitudes favorables hacia los partidos políticos, y que participan en ellos, tienden a protestar más que el resto (Schussman y Soule, 2005). Esto es consistente con la noción de que la protesta es una entre tantas formas de hacer política, y más específicamente, con la teoría de las oportunidades políticas, desarrollada en los años setenta y ochenta, teniendo en mente a los países desarrollados del hemisferio norte (Tarrow, 2011; Meyer, 2004; McAdam, 1982). Aunque esta teoría no está diseñada para explicar fenómenos a nivel individual, su postulado de que los partidos pueden constituirse en “aliados influyentes” de los movimientos sociales —canalizando sus demandas y apoyándolos material y simbólicamente (Tarrow, 2011)— sugiere que quienes estén más cerca de los partidos serán más propensos a protestar.

No obstante, considerando la evolución de las relaciones entre partidos políticos y movimientos sociales en Chile, se esperan resultados distintos. Según Manuel Antonio Garretón (2016), desde la vuelta a la democracia los partidos políticos —de izquierda, centro y derecha— se han distanciado cada vez más de la sociedad, generando un quiebre entre política institucional y sociedad civil. Ello estaría ligado a la estrategia de gobernabilidad que llevó a cabo la Concertación por la Democracia, coalición de centroizquierda que gobernó entre 1990 y 2010. Ello supuso romper los vínculos orgánicos con los movimientos sociales, por temor a un retroceso autoritario. Asimismo, la Concertación no reformó aspectos estructurales del modelo privatizador de derechos sociales instalado durante la dictadura (Ruiz, 2015), con lo que perdió la confianza de importantes movimientos sociales de orientación progresista.

De esta forma, la movilización social del Chile actual ha estado caracterizada por una creciente autonomización respecto a los partidos políticos (Roberts, 2016; Bidegain, 2015). Esto se refiere al “debilitamiento progresivo de los vínculos entre movimientos sociales — cuya principal táctica es la protesta colectiva— y las instituciones políticas formales (partidos políticos y clase política)” (Somma y Bargsted, 2015: 209). Esto permite entender por qué los partidos políticos estuvieron en sólo 6% de los eventos de protesta ocurridos entre 2002 y 2012 en Chile (Somma y Medel, 2017: 38). Todo esto sugiere que la protesta debería ser más frecuente entre los jóvenes que se sienten más alejados de los partidos.

Para medir a nivel individual la fuerza de los vínculos con los partidos políticos, consideraremos el grado de confianza de los jóvenes hacia los partidos, dado que el divorcio entre movimientos y partidos obedece en parte a una crisis de confianza de los primeros hacia los segundos. Sin embargo, también consideraremos la propensión de los jóvenes a participar en los partidos políticos, para complementar esta medida. Así, esperamos que:

H4: Los jóvenes chilenos que se sientan más lejanos a los partidos políticos tenderán a protestar más que aquellos que se consideran más cercanos a ellos.

 
Participación en organizaciones no políticas

Desde el estudio de Verba, Schlozman y Brady (1995), varias investigaciones basadas en encuestas han mostrado que los individuos que participan en organizaciones voluntarias no explícitamente relacionadas con fines políticos (por ejemplo, organizaciones religiosas, artísticas, deportivas, culturales o de beneficencia) se involucran más en protestas, en comparación con quienes no lo hacen.

Hay varios mecanismos para comprender este resultado. Primero, Verba, Schlozman y Brady (1995) argumentan que en dichas organizaciones los individuos adquieren “habilidades cívicas” —como escribir cartas, dar discursos públicos u organizar reuniones— que los familiarizan con actividades colectivas, lo que disminuye sus costos de participar en protestas. En este sentido, Doug McAdam (1982) da cuenta de la importancia que tuvieron las iglesias afroamericanas para preparar en oratoria y liderazgo a las personas que se convertirían en manifestantes en favor de los derechos civiles en Estados Unidos.

Segundo, la participación en organizaciones voluntarias contribuye a crear lazos entre los participantes, lo que aumenta las posibilidades de que sus miembros sean invitados a protestar (Schussman y Soule, 2005; Moseley, 2015; Verba, Schlozman y Brady, 1995). Al ampliar las redes personales, las organizaciones disminuyen una de las fuentes de la no participación política, el “nadie me contó” (Verba, Schlozman y Brady, 1995). También creemos que la socialización en valores como la solidaridad, el bien común o la igualdad (que pueden promoverse en estas organizaciones) contribuirían a identificarse con causas colectivas, lo que aumentaría la propensión a protestar por ellas si existiera la oportunidad.

En su estudio en las ciudades de Bristol y Glasgow, Mario Diani (2015) muestra que estos procesos no son exclusivos de organizaciones estrictamente políticas. Organizaciones dedicadas a causas muy diversas —como servicios de salud, desempleo, beneficencia, vivienda o desarrollo cultural— pueden coordinarse como movimientos sociales, es decir, intercambiando recursos instrumentales (como información, infraestructura y dinero) y generando lazos identitarios fuertes. Esto facilita su involucramiento en acciones colectivas, incluyendo el reclutamiento de sus miembros en tales acciones. Aquí interesa estudiar si distintos tipos de organizaciones de la sociedad civil tienen un impacto diferencial en la protesta juvenil en Chile.

Lejos de ser un hallazgo exclusivo de los países occidentales desarrollados, investigaciones en América Latina con población adulta han confirmado la importancia de las organizaciones no políticas para promover la protesta (utilizando encuestas o mediante otros métodos). Desde las transiciones a la democracia, varias organizaciones académicas y grupos organizados de la sociedad civil han forjado vínculos con movimientos sociales progresistas. Carew Boulding (2010) muestra que algunas ong en Bolivia han cumplido un rol importante para incentivar la protesta, ya que entregan recursos y oportunidades para la sociedad civil y concientizan a sus participantes sobre problemas comunes. En México, varias ong han colaborado con movimientos por los derechos humanos y movilizado a sus integrantes para acciones de protesta por demandas humanitarias (Hincapié y López, 2016). En Chile, organizaciones como Ecosistemas, Chile Sustentable y Greenpeace apoyaron de diversas formas al movimiento en contra del proyecto hidroeléctrico HidroAysén, que buscaba instalar cinco represas en la región de Aysén, amenazando al ecosistema de la zona (Schaeffer, 2017).

Aunque la importancia de las organizaciones no políticas para promover la protesta está bien establecida en la literatura, aquí nos interesa profundizar en un tipo de organizaciones que no fueron tan estudiadas en este sentido: los clubes deportivos y las barras de futbol. Por ejemplo, los hinchas de equipos en Europa han estado reiteradamente imbricados en acciones de protesta. Peter Millward (2012) muestra cómo los fanáticos del Liverpool de Inglaterra se movilizaron en contra de la dirigencia del club por la entrada de capital extranjero, aludiendo a que dicha situación afecta a la identidad del club y que hay que “devolverle el equipo a la gente”. En tanto, Itir Erhart (2014) expone el rol que jugaron los hinchas de los equipos turcos Besiktas, Fenerbahce y Galatasaray en las protestas del año 2013 en Estambul contra la demolición del parque Gezi, una de las pocas áreas verdes de la ciudad turca. Por su parte, el caso de los clubes de futbol amateur en Inglaterra y su lógica de resistencia a la mercantilización del futbol es una muestra de cómo una organización no política puede construir acción política (Kennedy y Kennedy, 2015).

En Chile, los trabajos de Juan Cristóbal Peña (2013) y Alex Ovalle y Jorge Vidal (2014) muestran la importancia que ha tenido el deporte para la integración social de clases medias y bajas a comienzos del siglo XX, y también para otorgar espacios de resistencia a la dictadura militar, como lo fueron algunos clubes de futbol amateur de Valparaíso.

En la sección de resultados analizaremos el impacto en la protesta de la participación en distintos tipos de organizaciones no políticas.1 En este sentido, la hipótesis general es la siguiente:

H5: Los jóvenes chilenos que participan en organizaciones no políticas tienden a protestar más que aquellos que no lo hacen.

 

La protesta juvenil en Chile

Entendemos por juventud la etapa del ciclo de vida comprendida entre los 15 y los 29 años, y que habitualmente se asocia con un periodo formativo en aspectos sociales y políticos, menores responsabilidades laborales y familiares, y una mayor disponibilidad de tiempo libre que en periodos posteriores. Durante el siglo XX, los jóvenes chilenos tuvieron un rol importante en la protesta colectiva, principalmente a partir de los movimientos estudiantiles, hasta que el golpe de Estado de 1973 anuló violentamente toda forma de articulación política y social (Manzano, 2014).

Durante los años ochenta comenzó la reconfiguración de la movilización social en torno a la lucha por la democracia, impulsada por una fuerte crisis económica. Los jóvenes, articulados como estudiantes secundarios y universitarios, tuvieron un rol protagónico junto a trabajadores, pobladores, amas de casa y grupos de defensa de los derechos humanos (Manzano, 2014). Luego vendrían las movilizaciones por el plebiscito del Sí y el No en 1988, en el que se jugaba la continuidad en el poder del dictador Pinochet. El triunfo de la oposición abrió el camino para las elecciones de 1989, en las que ganaría la presidencia el demócrata cristiano Patricio Aylwin. Con ello comenzó el retorno a la democracia en Chile.

La Concertación de Partidos por la Democracia gobernó entre 1990 y 2010. Si bien los años noventa no concitaron grandes movilizaciones, ello comenzó a cambiar hacia fines de esa década con las protestas indígenas —principalmente del pueblo mapuche— y de estudiantes que buscaban la democratización interna de las universidades (Bidegain, 2015; Thielemann, 2016). En 2001 ocurrió una fuerte protesta de estudiantes secundarios —el llamado “mochilazo”— por el costo del transporte escolar, mientras que en 2006 los secundarios generaron una fuerte movilización, conocida como “revolución pingüina”, que terminó reemplazando la legislación educativa heredada de la dictadura. En 20112 el movimiento estudiantil (universitario y secundario) convocó a las protestas más masivas desde la vuelta a la democracia: hasta 300 000 personas en Santiago (Bidegain, 2015). La movilización estudiantil no fue sólo juvenil, sino que abarcó desde trabajadores hasta adultos mayores que se sumaron a las demandas juveniles por una educación gratuita, pública y de calidad. Parte de estas demandas fueron el norte del segundo gobierno de la presidenta Michelle Bachelet (2014-2018).modal html=La coalición gobernante se llamó Nueva Mayoría e incluía a la Democracia Cristiana, Partido Radical, Partido por la Democracia, Partido Socialista, Movimiento Amplio de Izquierda, Izquierda Ciudadana y Partido Comunista.}3{/modal}

 

Datos y métodos

Para examinar nuestras hipótesis analizamos la ENJ de 2006, 2009, 2012 y 2015 del Injuv de Chile con el software de análisis estadístico R. Se trata de una encuesta de hogares, con diseño muestral probabilístico y multietápico, que se aplica en todas las regiones de Chile y tiene como universo a todas las personas entre 15 y 29 años que residen en el país. Las cuatro olas de la ENJ en su conjunto tienen 31 660 casos, que se distribuyen como muestra el cuadro 1.

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El número de casos aumenta a medida que las olas de la ENJ se hacen más recientes. Esto podría sobrerrepresentar ciertas tendencias ligadas con un contexto temporal específico. Para lidiar con este problema utilizamos un ponderador que permite que cada una de las cuatro olas equivalga a 25% de la muestra. De este modo, la ola 2006 es ponderada por 1.25, la ola 2009 por 1.05, la ola 2012 por 0.96 y la ola 2015 por 0.83.

 
Variable dependiente: participación en protestas

Nuestra variable dependiente indica si el encuestado asistió (1) o no a protestas (0). Como esta variable es dicotómica, empleamos modelos logísticos binomiales. La variable se construyó a partir de una pregunta que, para 2015, es la siguiente: “En los últimos 12 meses, es decir, de 2014 hasta hoy, ¿has realizado alguna de las siguientes acciones? [Participar en marcha]”. Es importante aclarar que la pregunta sobre protestas de la ENJ tiene leves variaciones entre las olas, en dos sentidos: en el periodo de tiempo en que se pregunta a la persona si ha protestado o no (inespecífico en 2006, últimos dos años en 2009, y últimos 12 meses en 2012 y 2015); y en el término empleado para referirse a la actividad (“participar en una manifestación” en 2006; “participar en acción de protesta” en 2009, y “participar en marcha” en 2012 y 2015). Estas diferencias son menores y no invalidan las conclusiones del estudio, dado que para la población general chilena, “marcha”, “manifestación” y “protesta” tienen significados muy similares, pero, sin duda, constituyen una limitación que considerar. Además, cabe aclarar que la encuesta pregunta por participación en marchas o protestas en general, sin especificar el tema o demanda de éstas. Esto impide estudiar si distintos segmentos de jóvenes apoyan distintas causas, pregunta de gran interés que deberá ser abordada en el futuro.

La gráfica 1 muestra la distribución de la variable dependiente en cada ola de la ENJ. Si bien sólo alrededor de un cuarto o un quinto de los jóvenes chilenos ha protestado recientemente, es interesante observar que los mayores niveles de protesta se observan para las olas 2006 y 2012, que coinciden con periodos de fuerte movilización estudiantil: la “revolución pingüina” de 2006 y el “invierno del descontento” de 2011, cuando los estudiantes universitarios encabezaron movilizaciones masivas.

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Variables independientes

Para explorar la H1 empleamos variables referidas al nivel ocupacional y educativo del jefe de hogar, porque buena parte de los jóvenes viven con sus padres, no han culminado la educación formal y no ingresaron (o están recién ingresando) al mercado laboral, por lo que las condiciones del hogar, más que las propias, definen su acceso a recursos.

Para medir el nivel ocupacional utilizamos una escala con las siguientes categorías y valores numéricos (entre paréntesis): trabajadores menores y ocasionales (1), oficio menor (2), obrero calificado (3), empleado administrativo (4), ejecutivo de nivel medio (5) y alto ejecutivo (6). Respecto al nivel educativo, utilizamos la siguiente escala: educación básica o menos (1), educación media incompleta o media técnica completa (2), educación media completa (3), educación universitaria incompleta o superior técnica completa (4), universitaria completa (5) y posgrado (6).

Para estudiar si los jóvenes de izquierda protestan más que el resto (H2), creamos una variable dicotómica que indica, según el autorreporte de los encuestados, si se sienten más cercanos a la izquierda (1) o a otro sector político o no identificados con ningún sector (0). Para H3, creamos dos términos de interacción: izquierda x ocupación del jefe de hogar, e izquierda x educación del jefe de hogar. Para H4 consideramos dos variables que miden la cercanía actitudinal hacia los partidos. La primera es una variable dicotómica que indaga sobre el interés del encuestado en formar parte de un partido político: participa o le gustaría hacerlo (1) y no tiene interés en participar en partidos (0). La segunda variable mide la confianza hacia los partidos políticos: nada de confianza (1), poca confianza (2), algo de confianza (3), bastante confianza (4) y total confianza (5). Lamentablemente, la encuesta no entrega información sobre el tipo de partidos o el tipo de militancia de los encuestados (por ejemplo, de élite o de base). Estos aspectos deberían estudiarse en el futuro con datos adecuados.

Finalmente, para indagar en la H5, creamos cinco variables dicotómicas que indican si el encuestado participa (1) o no (0) en los siguientes tipos de organizaciones: club deportivo; movimiento de guías y scouts; agrupación que defiende un ideal o causa particular (ecología, derechos humanos, de la mujer, de las minorías sexuales, etcétera); organizaciones vecinales, y barras de futbol.

 
Variables de control

Para minimizar el sesgo por variables omitidas, todos los modelos de regresión incluyen cinco variables que, según estudios anteriores, impactan en la participación en protestas. Incorporamos la edad del encuestado —medida como número de años— dado que, incluso entre los jóvenes, los mayores deberían tener más responsabilidades familiares y laborales, lo que dificulta su participación en protestas (Rafail y Freitas, 2016; Schussman y Soule, 2005). Se incluye el sexo del encuestado (hombre=1, mujer=0), puesto que algunos estudios han demostrado que las mujeres tienden a protestar menos que los hombres (Schussman y Soule, 2005; Fernández y McAdam, 1988). El estado civil fue codificado como una variable dicotómica (casado=1, no casado=0), considerando que las personas casadas tienden a protestar menos, dadas sus responsabilidades familiares (McAdam, 1986). Incluimos la zona donde habita el encuestado (urbano=1, rural=0), porque en Chile las oportunidades de movilización se dan mayormente en centros urbanos.

Finalmente, el nivel de movilización juvenil existente en el país durante o poco antes de la aplicación de la encuesta podría afectar la razón de ocurrencia de protestar a nivel individual. Por ello, introducimos una variable dicotómica que diferencia los años de aplicación de la encuesta en que se desarrollaban grandes movilizaciones estudiantiles (correspondientes a las olas 2006 y 2012, que asumen un valor 1) de los años en que no existieron movilizaciones masivas (olas 2009 y 2015, con valor 0). El cuadro 2 presenta los estadísticos descriptivos de las variables empleadas en los modelos de regresión.

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Resultados

En este apartado se presentarán y analizarán los modelos de regresión logística para estimar la participación de los jóvenes chilenos en protestas entre 2006 y 2015. También presentamos probabilidades predichas y efectos marginales de las variables más importantes. El cuadro 3 contiene tres modelos de regresión logística. El modelo 1 incluye las variables que permiten examinar las hipótesis 1, 2, 4 y 5. Los modelos 2 y 3 añaden los términos de interacción necesarios para examinar la hipótesis 3.

Los modelos muestran un apoyo parcial a H1. En todos ellos la educación del jefe de hogar tiene una relación positiva y estadísticamente significativa sobre la asistencia a protestas. El aumento en un punto del nivel de educación del jefe de hogar eleva en 16%4 (valor-p < 0.01) aproximadamente la razón de ocurrencia de protestar de un joven, manteniendo las demás variables constantes. En cambio, el efecto de la ocupación del jefe de hogar no es estadísticamente significativo. Por lo tanto, la evidencia respecto a la H1 es favorable sólo para la educación de los jefes de hogar.

Respecto a la ideología política, se puede observar en todos los modelos que los jóvenes que se identifican con la izquierda tienen aproximadamente 121% (valor-p < 0.01) más de razón de ocurrencia de protestar que aquellos que se identifican con otro sector político o no tienen identificación, manteniendo todas las demás variables constantes. A modo de análisis exploratorio, se evaluó el efecto del contexto político sobre la asistencia a protestas de los jóvenes de izquierda y la evidencia arrojó que estos tienden a protestar más bajo gobiernos de derecha que bajo gobiernos de izquierda (valor-p < 0.05).5 Este hallazgo es interesante, considerando que difiere de lo que ocurre en otros países de América Latina. Esta discusión la abordaremos en la sección siguiente. De esta manera, existe evidencia favorable a la H2.

Por su parte, las interacciones de los modelos 2 y 3 entregan información en favor de la H3, que propone que el efecto de la identificación política de izquierda se acentúa al aumentar el estatus socioeconómico. Como muestra el modelo 2, la interacción entre la ocupación del jefe de hogar y ser de izquierda es positiva (valor-p < 0.05), lo que indica que el efecto de ser de izquierda es más fuerte al aumentar el estatus ocupacional. El modelo 3 muestra lo mismo para la interacción entre la educación del jefe de hogar y ser de izquierda (valor-p < 0.01). Así, la mayor propensión de los jóvenes de izquierda a protestar se acentúa cuando provienen de hogares con estatus más alto.

Sobre la relación entre cercanía actitudinal a partidos políticos y protesta, la evidencia a favor de la H4 es parcial. En todos los modelos se observa que los jóvenes que confían más en los partidos políticos tienden a protestar menos. Así, el aumento en un punto de la confianza hacia los partidos políticos disminuye aproximadamente en 12% (valor-p < 0.01) la razón de ocurrencia de participar en protestas. Pero también ocurre, en contra de la H4, que los jóvenes con más interés en participar en un partido (o que definitivamente participan en uno) tienen 79% (valor-p < 0.01) más de razón de ocurrencia de protestar, respecto a quienes no están interesados. La sección siguiente intentará desentrañar esta paradoja.

Consistente con H5, participar en cada una de las organizaciones no políticas consideradas tiene una relación positiva y estadísticamente significativa con la protesta, pero con impactos diferentes. Mientras que la razón de ocurrencia de protestar para los jóvenes que participan en organizaciones que persiguen un ideal aumentan en 242% (valor-p < 0.01) respecto a quienes no participan en éstas, el impacto es menor para la participación en barras de futbol (41%, valor-p < 0.01), organizaciones scouts (25%, valor-p < 0.01), organizaciones vecinales o barriales (21%, valor-p < 0.05), y clubes deportivos (12%, valor-p < 0.01).6

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Para profundizar en el análisis de la H3, examinaremos las probabilidades predichas y efectos marginales de las principales relaciones que busca probar este estudio. Las probabilidades predichas y los efectos marginales fueron calculados con base en un joven promedio, hombre, de 21 años, que vive en zona urbana, fue encuestado en la ola de 2006 o 2011, no participa en organizaciones no políticas, no se considera políticamente de izquierda, no tiene interés en participar en partidos políticos, confía poco en los partidos políticos, y tiene un jefe de hogar con educación media completa y una ocupación equivalente a la de un obrero calificado.

La gráfica 2 ilustra cómo el efecto de la ocupación del jefe de hogar en la protesta es más fuerte entre los jóvenes de izquierda que entre el resto. Entre estos últimos, el cambio en la probabilidad de protestar al pasar de un nivel de estatus ocupacional al siguiente es mínimo (sólo 0.012 puntos). Para los jóvenes de izquierda, sin embargo, el cambio es de 0.02 puntos, produciendo 0.10 puntos de diferencia entre el paso de “trabajadores ocasionales” (la ocupación de menor estatus) a “alto ejecutivo” (la de mayor estatus).

La gráfica 3 muestra una situación similar para la educación del jefe de hogar y la identificación política. A medida que aumenta el nivel educacional del jefe de hogar, aumenta la razón de ocurrencia de protestar, pero el efecto es más fuerte entre los jóvenes de izquierda. Visto de otra manera, un joven promedio de izquierda con un jefe de hogar con educación universitaria completa tiene una probabilidad predicha de protestar de 0.48 puntos. Esta cifra baja a 0.23 puntos si el joven con un jefe de hogar con el mismo nivel de educación no es de izquierda.

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Por último, analizaremos los efectos marginales de la participación en organizaciones no políticas (H5). Como muestra el cuadro 4, el mayor efecto marginal es el de la participación en organizaciones que persiguen un ideal. Para un joven chileno típico, participar en organizaciones que persiguen un ideal aumenta en 0.26 puntos porcentuales la probabilidad de protestar (en comparación a otro joven promedio que no participa en este tipo de organizaciones). Los efectos marginales de participar en cualquiera de las otras cuatro organizaciones recreacionales/cívicas van entre los 0.2 y 0.6 puntos porcentuales aproximadamente. Es interesante que, después de las organizaciones que persiguen un ideal, las barras de futbol sean las que más aumentan la probabilidad de protestar, por encima de organizaciones clásicas como clubes deportivos y organizaciones vecinales. Finalmente, la participación en clubes deportivos es la variable que reporta un efecto marginal menor. Volveremos a esto en la discusión final.

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Discusión y conclusiones

¿Cuáles son las implicaciones sustantivas de estos resultados a la luz de la realidad chilena? Consistente con la H1, el nivel educativo del jefe de hogar aumenta la razón de ocurrencia de protestar de los jóvenes. Estos hallazgos tienen sentido para las movilizaciones chilenas. Si se analiza el movimiento juvenil más importante en Chile, el movimiento estudiantil, éste tiene como una de sus principales características su carácter mesocrático, es decir, su composición mayoritaria de clase media y clase media alta (Ruiz y Boccardo, 2015: 135). El cambio económico y político-institucional de los años ochenta generó el crecimiento de las clases medias, sobre todo la vinculada con el sector privado, y son estas capas las que entraron masivamente a la educación superior vía endeudamiento (2015).

No obstante, de manera diferente a lo esperado por la H1, los modelos de regresión muestran que no existe un efecto estadísticamente significativo de la ocupación del jefe de hogar sobre la protesta de los jóvenes chilenos. Esto podría explicarse por el proceso de integración vía consumo que atravesó Chile durante los años ochenta y noventa, cuando el endeudamiento se transformó en la forma que las clases bajas y capas medias se incorporaban al consumo y, con ello, a la sociedad (Ruiz, 2015), por lo que la distinción de estatus en Chile estaría más asociada con las certificaciones educacionales que con la ocupación, dado que se puede tener una ocupación de bajo estatus, pero acceder a través del endeudamiento a los mismos bienes de alto capital simbólico que quienes poseen ocupaciones de alto estatus. Esto sugiere que en Chile un mayor estatus ocupacional no produciría el desarrollo de habilidades cívicas que podrían transmitirse a los jóvenes en el entorno del hogar (siguiendo a Verba, Schlozman y Brady, 1995).

Consistente con la H2, los jóvenes de izquierda protestan más que aquellos que se identifican con otros sectores políticos o con ninguno. Más allá de las razones que aporta la literatura internacional (Roberts, 2016; Dalton, Van Sickle y Weldon, 2010), esto es comprensible para Chile dada la imbricación histórica entre la izquierda y la movilización social. Antes del golpe de Estado de 1973, los partidos tradicionales de izquierda (Partido Comunista y Partido Socialista) e incluso de centro (Democracia Cristiana) tenían una relación orgánica con movimientos de trabajadores, pobladores y campesinos. Como se mencionó antes, esta relación se debilitó con la vuelta a la democracia. Sin embargo, desde inicios de este siglo han aparecido nuevos movimientos políticos que han oxigenado a la izquierda. Movimientos emergentes de izquierda ligados en sus orígenes a los movimientos sociales, como Revolución Democrática (RD), Izquierda Autónoma (IA), Movimiento Autonomista (MA) o el Partido Igualdad (PI), muestran que la revitalización de las identidades de izquierda va más allá de la centro-izquierda tradicional y se asocian con la protesta colectiva.

Al mismo tiempo, el análisis exploratorio indica que los jóvenes de izquierda protestan más en contextos de gobiernos de derecha, lo que hace sentido con la emergencia de los ciclos de protestas de 2011 en el que se desplegaron movimientos ambientalistas, territoriales y por la educación (Donoso y von Bülow, 2017). Este resultado es interesante porque es contrario a lo señalado por la teoría de estructura de oportunidades políticas: contar con aliados influyentes reduce los costos para el despliegue de los movimientos sociales (Tarrow, 2011; Meyer, 2004; Amenta y Zylan, 1991). Es importante subrayar que esto no sólo difiere de lo que ocurre en países del hemisferio norte, sino también en países como Argentina o Brasil, donde se han presentado movilizaciones multitudinarias bajo los gobiernos de Dilma Rousseff y del kirchnerismo.

Por otro lado, uno de los resultados más interesantes se refiere a la interacción entre el estatus del jefe de hogar y la identificación política del encuestado (H3): el efecto del estatus sobre la razón de ocurrencia de protestar aumenta cuando el encuestado se identifica con la izquierda. Este hallazgo es novedoso tanto para Chile como también para la literatura internacional. Sugiere que los jóvenes de mayor estatus y de izquierda cuentan no sólo con habilidades cívicas y condiciones materiales cubiertas, sino también con una mayor cercanía a una cultura de izquierda, lo cual potencia su participación en protestas. La ocupación del jefe de hogar, si bien no tiene un efecto directo en la protesta, sí influye en combinación con una identificación política de izquierda.

Para ilustrar lo anterior, sirve revisar las características de los principales dirigentes del movimiento estudiantil de 2011: Giorgio Jackson, Camila Vallejo y Gabriel Boric. Entre los tres dirigentes se puede identificar un patrón común: los tres son militantes de partidos o movimientos de izquierda (Revolución Democrática, Partido Comunista y Movimiento Autonomista, respectivamente), estudiaron en alguna de las dos universidades más prestigiosas del país (Universidad de Chile y Universidad Católica), y provienen de estratos sociales medios altos. Es decir, los principales rostros de las movilizaciones más importantes del país de los últimos años fueron jóvenes de estatus alto y de izquierda.

El apoyo a la H4 es parcial e intrigante. Por un lado, los jóvenes que menos confían en los partidos políticos protestan más, como esperábamos, pero es algo contrario a la literatura internacional. Esto puede entenderse por el debilitamiento de los vínculos entre partidos y sociedad civil desde la vuelta a la democracia y por la poca capacidad de los partidos para procesar el malestar y las demandas sociales (Somma y Medel, 2017; Somma y Bargsted, 2015; Ruiz, 2015). Pero también encontramos que los jóvenes que tienen interés en participar en partidos políticos tienden a protestar más que el resto. ¿Cómo se puede entender esto?

Nuestra respuesta provisoria es que ambas preguntas (confianza y participación) apuntan a aspectos distintos de la vida partidaria. La pregunta por la confianza en los partidos evoca en los encuestados la percepción de las élites partidarias en general, que en Chile tienen una imagen pública muy deteriorada, y contra las cuales suelen reaccionar los movimientos sociales juveniles (Aguilera, 2016). Una menor confianza en las élites partidarias puede motivar la participación en protestas, que en Chile frecuentemente revisten una crítica al sistema de partidos. Sin embargo, la pregunta por la participación evoca la noción de la militancia de base —distanciada de las élites partidarias— y de partidos específicos, con los que los encuestados pueden tener alguna afinidad. Los jóvenes con interés en la militancia de base en partidos particulares, sobre todo partidos de izquierda, suelen compartir tradiciones familiares e ideológicas cercanas a la protesta. En la medida en que los partidos políticos por definición socializan a las personas en la política, esta cercanía puede entregar mayor conciencia política y destrezas cívicas que disminuyan los costos de movilizarse (Verba, Schlozman y Brady, 1995). Esto permitiría entender la compleja relación empírica identificada entre protesta y actitudes hacia los partidos.

Finalmente, consistente con la H5, existe una relación positiva entre participación en los cinco tipos de organizaciones no políticas consideradas y asistencia a protestas. No obstante, lo más interesante es que la participación en organizaciones que persiguen ideales, barras de futbol y scouts, aumenta la razón de ocurrencia de protestar en mayor medida que la participación en organizaciones cívicas clásicas, como organizaciones vecinales y clubes deportivos. Esta diferencia puede comprenderse si se considera la evolución reciente de las organizaciones de la sociedad civil en Chile. La dictadura contribuyó a desarticular el tejido asociativo de Chile (Ruiz, 2015; Garretón, 2016), por lo que las organizaciones vecinales pudieron haber perdido centralidad en la generación de las habilidades cívicas que promueven la protesta.

Algo parecido podría haber ocurrido con los clubes deportivos. Durante los primeros años del siglo XX, los clubes deportivos amateur emergieron en imbricación directa con sindicatos y organizaciones obreras, de clase media, y mancomunales de distintos gremios. Una de las formas de integración de las clases medias y bajas eran los clubes deportivos, donde el pugilismo y el futbol eran las disciplinas más importantes. En ciudades como Valparaíso, los clubes de futbol sirvieron como fuente de organización social, tanto para las élites como para las clases trabajadoras (Briones, 2014). Durante la dictadura, los clubes deportivos de barrio operaron como puntos de resistencia. Es el caso del popular club Orompello de Valparaíso. De dicho club salieron dirigentes de un importante grupo armado marxista-leninista, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (Peña, 2013). En el Orompello había militantes del Partido Comunista, por lo que el club sirvió de espacio de socialización política, convirtiéndose en un punto de encuentro para realizar foros de discusión y peñas folclóricas (2013). Con la restauración democrática, sin embargo, la función politizadora de los espacios deportivos amateur parece haberse debilitado.

Por otra parte, la fuerte relación entre protestas y participación en organizaciones que persiguen un ideal (por ejemplo, Greenpeace, Fundación para la Superación de la Pobreza o Un Techo para Chile) es entendible. Estos espacios entregan habilidades cívicas —como organizar eventos o dar discursos en público— y socializan a sus integrantes en valores colectivos. Además, las organizaciones de este tipo amplían las redes sociales hacia personas con intereses similares debido a sus conexiones con otras organizaciones, favoreciendo la protesta. Diani (2015) ejemplifica cómo estas conexiones pueden estudiarse reconstruyendo las redes interorganizacionales en contextos locales, empleando una perspectiva distinta pero complementaria a la nuestra.

Adicionalmente, es interesante el rol politizado que parecerían tener las barras de futbol, ya que se podría pensar que tienen escasa relación con lo político. Para entender esto cabe referirse nuevamente al ciclo de movilizaciones de 2011. Durante las marchas de aquel año era normal ver a barristas de los principales equipos de futbol del país marchando junto a estudiantes y trabajadores (Figueroa, 2012). Por un lado, la participación en barras bravas constituye un espacio de construcción de identidad, pues muchos jóvenes ven en las hinchadas una salida a la marginalidad y un espacio de integración social (Del Real, 2004). Adicionalmente, la participación en barras puede ser un espacio de socialización de valores relativos a lo colectivo y lo público, contraponiéndose a la mercantilización del futbol chileno, que cobró fuerza en las últimas dos décadas. Esto coincide con las mayores protestas en el Chile de los últimos años, organizadas por movimientos que critican la mercantilización de la sociedad. Finalmente, la participación en barras de futbol puede otorgar habilidades organizativas —vinculadas con coordinar las hinchadas— y ampliar las redes sociales con las que cuentan los jóvenes.

Por último, el impacto positivo en la protesta de la participación en organizaciones de scouts es interesante, teniendo en cuenta la escasez de literatura que examine el rol político de este tipo de organizaciones recreacionales. En nuestra interpretación enfatizamos el rol de la socialización en valores y habilidades cívicas. Primero, los scouts basan su organización en cuadrillas que trabajan de manera comunitaria y en las que cada persona aporta al colectivo. De esta manera, se va cimentando la noción de que el colectivo es más que la suma de sus partes, lo que permite la internalización de valores similares a los que entrega la participación en organizaciones que persiguen un ideal. Segundo, los participantes de estas agrupaciones adquieren habilidades de liderazgo. Por lo general, cada cuadrilla de scouts está liderada por una o dos personas, quienes se hacen cargo del funcionamiento del campamento como de las provisiones, y también de las actividades recreativas. Estas habilidades de liderazgo pueden transferirse a la protesta, por ejemplo, reclutando asistentes.

Para terminar, presentamos algunas limitaciones de este estudio, así como líneas de investigación futura. Primero, los jóvenes son un grupo social con características particulares: tienen menos responsabilidades, disponen de más tiempo y en su mayoría dependen económicamente de sus familias. Debido a esas diferencias, es intrigante que diversas variables impacten en la protesta juvenil de modo similar a como lo hacen en poblaciones adultas. Futuros estudios podrían profundizar este punto integrando información de adultos jóvenes y no jóvenes chilenos, y comparando los efectos de las variables independientes en la protesta para ambos grupos. Igualmente, sería de interés estudiar los determinantes de la protesta comparando a jóvenes de distintos países, considerando las características económicas y políticas de los países —tomando en cuenta el hallazgo de que los jóvenes chilenos de izquierda tienden a movilizarse más bajo gobiernos de derecha— y las posiciones que ocupan los jóvenes en sus sociedades en relación con la población adulta.

Segundo, aunque las hipótesis que planteamos asumen que la participación en protestas es resultado de ciertos atributos individuales, con datos de corte transversal como los empleados aquí no podemos establecer causalidad. Se precisan estudios de panel o experimentales para indagar si existen relaciones causales en el sentido de nuestras hipótesis, o si también la protesta produce cambios en las variables independientes.

Tercero, es importante complementar estos resultados con estudios cualitativos; por ejemplo, mediante entrevistas a jóvenes que protestan y que no protestan, para examinar los posibles mecanismos detrás de las relaciones estadísticas. Finalmente, para situar estos resultados en un marco más general sobre la juventud chilena, futuras investigaciones podrían conectarlos con estudios sobre la participación electoral juvenil y sobre otros espacios colectivos como tribus urbanas, grupos artísticos o de pasatiempos.

 

Anexo

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Recibido: 7 de febrero de 2019

Aceptado: 23 de septiembre de 2019

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