Universidad Nacional Autónoma de México • Instituto de Investigaciones Sociales

v82n1r3Herbert S. Klein (2015). Historia mínima de Bolivia. México: El Colegio de México, 407 pp.

 

Reseñado por:

Francisco Zapata

El Colegio de México

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En la historia de América Latina, el caso boliviano merece atención especial. En efecto, la minería jugó un papel central en el desarrollo político de Bolivia, al punto que se ha podido afirmar que, desde su constitución como nación independiente, su historia puede pensarse como un país organizado alrededor de los enclaves mineros, asociados con grandes explotaciones como las minas de plata ubicadas en la región de Potosí en la época colonial y las minas de estaño en localidades como Huanuni, Huanchaca, Oruro, entre otras, en el siglo XX.

Este libro de Herbert Klein realiza una narrativa documentada de este proceso a través de 10 capítulos que cubren temas como la geografía y la civilización precolombina, la creación de una sociedad colonial, la sociedad colonial tardía y su crisis y crecimiento, la crisis del Estado entre 1841 y 1880, las eras de la plata y el estaño entre 1880 y 1932, la desintegración del orden establecido entre 1932 y 1952, de la revolución nacional a la guerra fría entre 1952 y 1982, la creación de una democracia multiétnica entre 1982 y 2002, y finalmente, el surgimiento de una élite mestiza e indígena.

El texto muestra claramente que la economía boliviana dependió y depende de la minería y de las articulaciones que esta actividad tuvo y tiene con la economía internacional, incluso desde el periodo colonial. Como correlato de esa centralidad de la minería en la economía, se estructuró una sociedad y un sistema político que dependieron de la dinámica minera. Además, las fluctuaciones de los precios de los minerales en el mercado internacional impactaron la dinámica de la economía boliviana, así como las posibilidades de consumo de su población, lo cual tuvo consecuencias en el ejercicio del poder político y en la conformación de diversos grupos sociales.

En la trayectoria histórica de Bolivia, Klein destaca las consecuencias de la derrota de Bolivia en la Guerra del Pacífico (1879), la derrota en la Guerra del Chaco (1932), la revolución de 1952, la crisis del sistema político entre 1964 y 1971 que abrió paso a gobiernos militares, la transición a gobiernos electos que buscaron construir una “nueva democracia” estrechamente ligada con la aplicación de las políticas económicas neoliberales, la crisis de ese modelo económico y el surgimiento de movilizaciones sociales de gran alcance durante los años 1990-2003, que dieron lugar a la formación de actores sociales y políticos que culminaron con la elección de Evo Morales como presidente de la república en 2005 y su toma de posesión en enero de 2006, y finalmente los gobiernos de Morales entre 2006 y 2019. Veamos algunas características de esos momentos.

Klein explica la coyuntura que llevó a la derrota de Bolivia en la Guerra del Pacífico (1879-1884) en términos de la debilidad del Estado boliviano, muy dependiente de préstamos y de inversiones de las empresas, tanto nacionales como extranjeras, que explotaban las riquezas mineras (plata, salitre, cobre) tanto del Altiplano como en el desierto de Atacama. Desde 1880 en adelante, después de la conclusión del conflicto bélico con Chile y de la pérdida de la provincia de Antofagasta, el desarrollo intensivo de la minería de la plata y del estaño se concentró cerca de la ciudad de Oruro. Destaca la presencia del capital chileno, aliado del capital inglés en explotación de los yacimientos de salitre, que, antes de la Guerra del Pacífico, se habían beneficiado de las decisiones del gobierno boliviano, muy liberal en la entrega de concesiones para su explotación. No sorprende que, después de la derrota militar de 1879 y la ocupación por parte de Chile de la provincia de Antofagasta, las decisiones económicas pasaron a ser administradas por empresas chilenas, inglesas, españolas y de otros países que controlaron no sólo el transporte de los minerales explotados en el Altiplano a los puertos, sino también la producción salitrera que se expandió significativamente después de la conclusión de la guerra.

En 1932, Bolivia debió enfrentar las consecuencias de la Guerra del Chaco contra Paraguay, por el control de los yacimientos petrolíferos administrados por la Standard Oil Corporation. Esa guerra implicó pérdidas territoriales y constituyó un segundo parteaguas de la historia de Bolivia, porque dio lugar a la conformación, dentro del ejército boliviano, de un grupo de oficiales progresistas encabezados por el coronel Germán Bush, los cuales tomaron el poder en 1935 para castigar a las élites que habían conducido al desastre de la guerra. En 1936, Bush tomó la decisión de nacionalizar los yacimientos petrolíferos, antes de que Lázaro Cárdenas tomara la misma decisión en México el 18 marzo de 1938. Después de múltiples enfrentamientos entre militares, Bush fue electo como presidente constitucional de la república en 1938. Simultáneamente surgió el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), que encabezó una transformación del sistema político boliviano al generar oportunidades de participación política a nuevos segmentos de las clases medias y al aliarse con las organizaciones sindicales de los mineros del estaño, encabezadas por Juan Lechín. En ese momento, el MNR sentó las bases del proceso que culminaría en abril de 1952, con el estallido de la revolución.

En el periodo 1932-1952, Klein constata la desintegración del orden establecido. En este capítulo se describen con todo detalle las transformaciones que conformaron el escenario de la revolución de 1952. El autor cita el momento de las elecciones presidenciales de 1940 como la expresión de la presencia de la izquierda marxista en el sistema político, que pasó a controlar el Congreso. Las organizaciones de izquierda intervinieron en la preparación del proceso que iba a culminar en la revolución de 1952. La Tesis de Pulacayo (1946), un manifiesto inspirado en el trotskismo, presentó las demandas históricas del proletariado minero. En esos años se incrementó la participación del ejército en la política, sobre todo en la represión de las huelgas que tuvieron lugar en las minas de estaño. En efecto, fue en ese periodo, y a partir de esa coalición entre el MNR y entidades como el Partido de Izquierda Revolucionaria (PIR) y el Partido Obrero Revolucionario (POR) que se preparó la revolución boliviana de 1952.

Estos deslindes sufrieron cambios cuando los mineros llegaron a ocupar posiciones de poder, lo que llevó a la creación de la Central Obrera Boliviana (COB), que estableció relaciones con el Estado revolucionario que implicaron comprometerse con la realización de metas como la nacionalización de las minas y de los ferrocarriles, la municipalización de los servicios públicos, el castigo a los especuladores, la defensa de la economía familiar y el mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores. Se deslindó de los comunistas que le había aconsejado mantener la independencia sindical. Se constituyó lo que René Zavaleta denominó el “poder dual”, en el cual los mineros compartieron el poder con los grupos medios pertenecientes al MNR.

Sin embargo, durante los gobiernos de Víctor Paz Estenssoro y Hernán Siles Suazo (1952-1962), la cob perdió posiciones. Su poder de intervención en las decisiones políticas, cada vez más derechistas y proestadounidenses, alejó a la central sindical del gobierno, lo que dejó a los ministros obreros sin su apoyo. La gestión del “poder dual” enfrentó a los presidentes del MNR con los partidos obreros como el por y el pir. Así, el nacionalismo revolucionario se enfrentó al trotskismo por el control del proceso revolucionario. Esta tensión se exacerbó cuando el presidente Hernán Siles Suazo implantó el Plan de Estabilización de 1961. El distanciamiento se tradujo en ruptura abierta cuando el gobierno reprimió al sindicalismo minero, que había radicalizado sus acciones al punto de agredir al presidente de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol), que había instrumentado la aplicación de la ley de nacionalización de la minería de junio de 1952. Asimismo, los ministros de defensa y trabajo aplicaron medidas represivas para enfrentar los crecientes conflictos laborales en las minas. La cob tuvo que luchar por su supervivencia frente al gobierno, que se había propuesto anular el poder sindical y reforzar la autoridad del Estado, que enfrentaba cuestionamientos a su estrategia económica que lo llevaron a implantar el Plan Triangular. Estas tensiones expresaron el deterioro del proceso revolucionario que llevó al golpe del general René Barrientos, quien restauró el régimen oligárquico bajo el paraguas militar y dio lugar a la entrada de la Guerra Fría en el escenario boliviano.

A partir de 1982, Bolivia atravesó tensiones que culminaron en el cierre de las minas de estaño en 1985, con la aplicación del Decreto 21060. En efecto, durante los gobiernos de Víctor Paz Estenssoro (1985-1988), Jaime Paz Zamora (1989-1992), Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1996-2001-2003), Hugo Bánzer y Jorge Quiroga (1997-2000), Bolivia experimentó las políticas de ajuste recomendadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Al mismo tiempo, tuvo lugar una transición democrática que interrumpió la larga serie de intervenciones militares que habían caracterizado la historia del país hasta 1982.

Esos cambios se reflejan en las implicaciones que tuvo el traslado forzoso de los ex mineros del estaño a diversos lugares de Bolivia entre 1985 y 2005. Dicho traslado fue la consecuencia de la implantación de políticas de ajuste cuyo núcleo residió en el Decreto 21060 y en el cierre de la minería estatal del estaño. Los ex mineros recrearon y readaptaron sus viejas tradiciones, las formas de comportamiento social, las representaciones ideológico-culturales y las luchas sociales, sindicales y políticas en sus nuevos lugares de residencia. En efecto, durante la presidencia de Paz Estenssoro y, en particular, entre febrero y octubre de 2003, las acciones colectivas desarrolladas por unos 24 078 mineros despedidos y “relocalizados” en el norte del Departamento de La Paz, en los arrabales de la ciudad de Sucre y en otras localidades como Tupiza, Tarija, Cochabamba y Santa Cruz, impactaron las localidades donde se asentaron no sólo en términos demográficos, sino también en las esferas social, política y cultural.

Además, el desarrollo de una “transición democrática”, producto de diversas alianzas entre partidos como el MNR y el mir, no siempre derivaron en aumentar los márgenes de gobernabilidad del país. Asimismo, la irrupción en el sistema político de los indígenas y de sus líderes amplió el margen de maniobra política de las comunidades quechua y aymara a través de líderes como Felipe Quispe, Evo Morales y Feliciano Mamani. En el origen de las manifestaciones de las organizaciones campesinas y urbanas estuvo el enfrentamiento que resultó de las decisiones de exportar gas a través de territorio chileno y de instalar medidores de consumo de agua en la ciudad de El Alto, adyacente a la ciudad de La Paz.

Así, desde fines del año 2002, el presidente Sánchez de Lozada generó una profunda y sangrienta crisis política que culminó en los meses de agosto, septiembre y octubre de 2003, antesala del derrocamiento del presidente el 17 de octubre de ese año. La crisis se profundizó a partir de los acontecimientos de marzo de 2005, que incluyeron la renuncia del presidente Carlos Mesa, el rechazo por el Congreso de la misma, la aprobación mayoritaria por la Cámara de Diputados de la Ley de Hidrocarburos que incluyó una regalía de 18% e impuestos equivalentes al 32% de los ingresos a las empresas multinacionales por concepto de exportaciones de petróleo y gas.

Lo ocurrido en los meses de febrero-marzo, agosto-octubre de 2003 y febrero-mayo de 2005 refleja lo que Magdalena Cajías denomina “el momento de revelación de las acumulaciones previas”, dando fe del regreso de los sectores populares al ejercicio de la política. Los acontecimientos de 2003-2005 muestran que la generación de esas acciones colectivas se puede explicar a partir de la construcción de un imaginario nacionalista por parte de la Coordinadora de Defensa del Gas, que permitió aglutinar lo que, en febrero de 2003, se había centrado en enfrentamientos entre militares y policías y en protestas derivadas del aumento de los impuestos que había decidido el gobierno de Sánchez de Lozada. Y es así como puede explicarse el triunfo de Evo Morales en las elecciones presidenciales de 2005.

Finalmente, el libro de Klein resalta los elementos del cambio sociopolítico que vive Bolivia desde enero de 2006. Se generaron cambios profundos en la economía, la política y la sociedad boliviana. Entre 2006 y 2017, el Producto Interno Bruto (PIB) real registró un aumento promedio de 4.9%, mientras que entre 1985 y 2005 había experimentado un crecimiento real promedio de sólo 3%. Por su parte, el pib per cápita pasó de 1 293 dólares a 3 393 dólares al año. Además, durante los tres gobiernos del presidente Morales se realizaron cambios que profundizaron los logros de la revolución de 1952. Después de un largo periodo de inestabilidad económica y política marcado por la aplicación de políticas neoliberales, el régimen instalado en 2006 decidió recuperar para la nación la propiedad de la extracción de petróleo y gas, discutir y aprobar una nueva constitución, y establecer mecanismos de participación popular en los procesos de toma de decisión, para así canalizar las demandas del pueblo.

Uno de los detonantes centrales de la transformación de Bolivia reflejó modificaciones profundas de la estructura social. En efecto, con el advenimiento de representantes de la etnia aymara al poder, se produjo un intenso proceso de acumulación de capital. Así, los aymaras compensaron el estancamiento económico y social de las clases medias mestizas. También, la creciente prosperidad de los aymaras dio lugar a una serie de resentimientos por parte de las clases medias blancas y mestizas. Dicha tensión reflejó la conformación de intereses políticos en los que la problemática étnica ocupó un lugar central. En esa coyuntura, el racismo reflejó la profundidad que alcanzaron las políticas del Estado Plurinacional, que constituyen una ruptura tan radical como la que tuvo lugar durante la revolución de 1952.

En suma, este libro de Klein constituye un aporte sustantivo al conocimiento de Bolivia. Nos permite documentar lo ocurrido a través de un esfuerzo de periodización que permite, en un espacio breve, como son las historias mínimas publicadas por El Colegio de México, comprender mejor la sociedad, la economía y la política bolivianas.

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