Universidad Nacional Autónoma de México • Instituto de Investigaciones Sociales

v78n2r3Natividad Gutiérrez Chong. El indigenismo del PAN y el festejo del bicentenario del Estado mexicano (México: Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Sociales/Bonilla Artiga Editores, 2015), 200 pp.

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Reseñado por:
Silvia Soriano Hernández

Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe-UNAM

El tema del indigenismo en México pareciera del pasado, de aquellos tiempos en que las políticas oficiales miraban al conjunto de la población indígena como parte de un remanente ancestral que tendría que modernizarse para llegar al presente siendo integrante del mexicano, de la ciudadanía conjunta. Pero el indigenismo no es política añeja, y sigue formando parte del discurso oficial y de las prácticas políticas de la clase gobernante al repetir frases que siguen manifestando su desprecio por las diferencias, queriendo englobar a los “mexicanos” como un ente sin forma.

Natividad Gutiérrez Chong se propone un análisis que parte de varios ejes y que toma como pretexto una efeméride, el bicentenario de la independencia mexicana, que corría por cuenta de un gobierno que prometió cambios al llegar al poder gracias a un proceso electoral que dio el triunfo a un partido diferente del que tradicionalmente ocupaba la silla presidencial, demostrando que no importa el color, pues las políticas suelen ser muy parecidas. Las celebraciones suelen ser un buen momento para reflexionar sobre tópicos diversos. Por eso el título es del todo atinado: El indigenismo del PAN y el festejo del bicentenario del Estado mexicano.

El libro comienza ubicando el año 2010 como una coyuntura tanto estructural como simbólica, es decir, como un momento en el que la relación de los pueblos indios de nuestro país con su Estado-nación pudiera valorarse. La diferencia con otra celebración, como fue el caso del quinto centenario en 1992, es que en ésta se opuso a los festejos oficiales la fuerza de la resistencia de los indios, al cuestionar el largo colonialismo que la conquista les impuso a los pobladores originarios y que sus propios Estados nacionales continuaron; por eso, la década de los noventa fue la de los indígenas organizados, basta con remitirse a los zapatistas de México o a los de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador para ver la contundencia que mostraron en esos años. En México, la llegada del Partido Acción Nacional generó muchas expectativas; entre otras, y siguiendo con el tema que ocupa a la autora, la relación con aquellos otros a quienes no se lograba asimilar a pesar de grandes esfuerzos, campañas, agresiones, opresiones y desprecios, entre otras; acciones premeditadas. Es así que la coyuntura ofrece la oportunidad de recuperar ciertos tópicos y mirarlos críticamente con una perspectiva nueva: cómo se escribe la historia nacional, qué significa la cultura nacional que se resalta en las festividades, los mitos fundacionales del mestizaje, para llegar a cuestionar si el festejo era compartido por todos e incuestionable por su discurso incluyente: los mexicanos. Así es que en el libro que comento aparece como meta “estudiar, entonces, el festejo que el Estado organiza para sí”.

Esto significa que los pueblos indios son excluidos de la celebración porque, finalmente, siguen sin ser considerados como parte de la nación; interesante, sin duda, la reflexión de la autora. Para llegar a ella, hace un recorrido que surge de los gobiernos panistas y su discurso frente a los indígenas, pasando por un análisis de los medios de comunicación, particularmente la prensa escrita y la televisión, y el viraje que pretende dar el presidente frente al cuestionamiento, ya inevitable, de la exclusión a todos los niveles de los pobladores originarios del continente, quienes además porfían. Todo esto porque seguir insistiendo en las esferas oficiales en los “mexicanos de los últimos 200 años” trasluce la misma segregación a aquellos que sólo la heredaron (aztecas, toltecas, entre otros) pero que ya no existen, pasaron por el actual territorio mexicano, dejaron huella y desaparecieron.

El mestizaje sigue siendo fuerte como añoranza del nacionalismo latinoamericano. El indio actual ni se asimila ni se redime, como plantearon los grandes antropólogos del siglo XX vinculados con el poder estatal. Frente a las grandes convocatorias para reivindicar a los mexicanos en la voz de su presidente, Felipe Calderón, se evidencia nuevamente la omisión frente al reconocimiento de la diversidad. De allí la iniciativa de Gutiérrez Chong para descubrir el mensaje de dominación que encubre el bicentenario y, por tanto, la vigencia del concepto de colonialismo interno. Pero añade algo que resulta novedoso, y es la presencia de intelectuales y profesionales indígenas que dejan atrás la ventriloquía para construir y presentar sus propias identidades, que además forman parte integrante de un colectivo. Con la autoridad que les da pertenecer y ser reconocidos como tales, no sólo presentan reclamos (por demás legítimos), sino que apuestan por soluciones poco escuchadas por el Estado.

Así, la presencia del indigenismo en los dos gobiernos panistas es puesta en evidencia cuando la autora cuestiona la falta de una política de reconocimiento de ambos mandatarios, trayendo a la palestra aquellos “quince minutos” de Vicente Fox como fuerte imagen de subestimación a problemas candentes, o la “evidente ambigüedad y forma errática de conducir la política indigenista” de Calderón.

Los medios de comunicación juegan un rol fundamental en la creación de ideologías y por ello son la fuente primaria del análisis en el libro. Los temas sobre el bicentenario, las opiniones de diversos comentaristas y presentadores, evidenciaron varios aspectos resaltados en el volumen, a saber: la identidad nacional y la modernidad como conceptos interrelacionados, la mexicanidad oficial como constructo de una élite, el indigenismo institucional como política de Estado, entre otros.

Para cerrar la exposición, los capítulos finales recuperan, por un lado, la llamada postura “desde abajo” y, por otro, la postura de las organizaciones indígenas. Del primer tópico se destaca el papel de las élites indígenas que fomentan un discurso positivo de la identidad y la forma como hicieron frente a la omisión estatal sobre su incuestionable presencia. El tema de la intelectualidad indígena es sin duda fundamental al cuestionar las posturas indigenistas con voces propias que han exigido la valoración de sus lenguas y culturas sin dejar de lado la defensa de sus derechos colectivos, sus territorios y recursos naturales, avanzando hacia la importancia de la pluralidad jurídica.

A propósito de la postura de las organizaciones indígenas, el análisis del capítulo se centra en registrar la forma en que se manifestó la fuerza de convocatoria y de organización de los pueblos indígenas en tal coyuntura festiva. Ello fue posible al buscar y encontrar actos no oficiales, discursos orales y documentales presentados, entre otros, por el Movimiento Indígena Nacional, la Unidad de la Fuerza Indígena y Campesina, y la Red Interdisciplinaria de Investigadores de los Pueblos Indios; con esa presencia se buscó demostrar la inconformidad con las actividades oficiales marcadas por su exclusión. Por supuesto que la autora no pierde de vista los conflictos internos que debilitan mucho a las propuestas emanadas desde los colectivos indígenas.

Debo mencionar que Gutiérrez Chong combina muy bien la investigación cualitativa con la cuantitativa y ello desemboca en un resultado cuyo análisis está sólidamente montado en datos estadísticos, así como en un seguimiento puntual de los diversos medios de comunicación que son su objetivo. Las fotografías ilustran de forma por demás elocuente las ideas que se expresan en los textos. El libro forma parte de la colección Pública Social, cuyo objetivo es difundir trabajos que recuperen “las problemáticas sociales de un país multicultural conformado por un sinnúmero de realidades que la mayoría de los mexicanos no saben que existen, para ponerlos en la palestra de discusión”. Es así que el tema no puede encajar mejor y estoy convencida de que propiciará una discusión bien abordada sobre el significado de festejar y mantener relaciones coloniales añadiendo la puesta en práctica de un discurso engañoso. Es evidente que la diversidad propia de la nación mexicana le sigue pareciendo al Estado mexicano más un problema que una cualidad.

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