Universidad Nacional Autónoma de México • Instituto de Investigaciones Sociales

v75n2r1Geoffrey Pleyers. Alter-Globalization. Becoming Actors in the Global Age (Cambridge: Polity, 2010), 272 pp.

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Reseñado por:
Sergio Zermeño y García-Granados

Instituto de Investigaciones Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México

No siempre los actores colectivos tienen conciencia del significado de su acción, de la herencia de la que abrevan, del sentido profundo de lo que buscan. Los investigadores, los estudiosos del comportamiento humano, reciben la tarea y se dan a la tarea de echar luz sobre estas dudas y estos enigmas de la acción colectiva.

Organizado por el Partido de los Trabajadores de Brasil y por la Asociación Internacional para la Tasación de las Transacciones Financieras para la Ayuda al Ciudadano (ATTAC), se llevó a cabo en enero de 2001 en Porto Alegre, una de las plazas fuertes de la izquierda de aquel país, el primer Foro Social Mundial (FSM), en oposición y paralelamente al Foro Económico Mundial. Acudieron 12 000 asistentes de todo el mundo.

Al segundo FSM, también en Porto Alegre, en 2002, acudieron 50 000 asistentes y cerca de 12 000 delegados oficiales, representando a 123 países. Se llevaron a cabo 652 talleres y 27 conferencias. Hubo un tercer FSM al año siguiente y a partir de allí arrancó una euforia mundial por estos eventos que reuniría a 130 000 personas en 2004 en la ciudad india de Bombay, hasta dispararse a los 170 000 asistentes en 2009 en la ciudad amazónica de Belem do Para. Foros mundiales globales bajo el signo del altermundialismo tuvieron lugar en Nairobi, Kenya; Karachi, Paquistán; Bamako, Mali; Caracas, Venezuela; Hyderabad, India; Florencia, Italia; Seattle y Detroit, Estados Unidos, y en muchos otros lugares.

El paraguas ideológico que cubrió a todos estos eventos no es difícil de enunciar y fue resumido en la convocatoria al Foro Social de Dakar en 2011, que hizo un llamado a la construcción de una nueva universalidad: "Reconstruir la relación entre los humanos, el entorno ambiental y los seres vivos con base en la justicia, la solidaridad y la diversidad, dando primacía a los grupos y a las categorías sociales que han sufrido más por el modelo hegemónico dominante [...] en particular obreros, campesinos, diásporas, migrantes, mujeres, grupos nativos y autóctonos, personas luchando por su independencia, por la igualdad de género y reivindicando sus derechos económicos, sociales y culturales".

Pero, naturalmente, detrás de estos principios universales, recurrentes en la literatura del alterglobalismo, existe la heterogeneidad de creencias, costumbres, razas, géneros, corrientes intelectuales y religiosas, prácticas, concepciones del cambio, etcétera. Un ejercicio reiterado de clarificación y análisis ha consistido en describir esa explosión, esa multidiversidad de expresiones y actores. Otro, mucho más complejo, es encontrar los sentidos profundos que emparentan esas acciones, que permiten hablar de ellas como un movimiento social de alguna manera unificado, como una identidad ecuménica, develar las corrientes que mejor expresan y en las que mejor se reconoce esa multiplicidad de actores.

En Alter-Globalization, Geoffrey Pleyers ofrece el más completo balance académico, enmarcado en la escuela toureniana de la acción social y producto de la asistencia del autor a la gran mayoría de estos eventos globales, pero también de un amplio trabajo de campo a nivel local y nacional en una docena de países, entre ellos México, donde el autor observó y analizó la sociedad civil alterglobalista, reuniones zapatistas, la contra-cumbre contra la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Cancún y los "jóvenes alteractivistas" de la Ciudad de México durante sus estancias anuales en nuestro país desde 2002 (publicó un balance al respecto en "Actores del altermundialismo en México", en Los grandes problemas de México, vol. 6: Movimientos sociales. México: El Colegio de México, 2010; <http://2010.colmex.mx/16tomos/VI.pdf>).

A partir de este destacado trabajo etnográfico, Pleyers nos hace una propuesta que ha llevado al sociólogo francés Michel Wieviorka a afirmar que "este estudio nos hace descubrir con precisión la historia real, aunque corta, de los deseos, el funcionamiento, las tensiones internas, las esperanzas y las dificultades del primer movimiento propiamente global".

Pleyers categoriza a los actores de la alterglobalización en dos corrientes principales: aquellos que se orientan por la vía de la subjetividad, y los que lo hacen por la vía de la razón. Los primeros se caracterizan por buscar la creatividad en sus actos, la experiencia subjetiva, la resistencia a la lógica impuesta por el mercado. Frente a la opresión de la sociedad mercantil, inventan nuevas identidades, experimentan formas nuevas de vivir juntos, igualitarias, deliberativas; se proponen el respeto mutuo, la autonomía individual, buscando sustraerse a las lógicas utilitarias dominantes. El camino de esta subjetivación está orientado por el deseo de actuar bajo la máxima de Gandhi: "Sé el cambio que tú quieres ver en el mundo". Pleyers, siguiendo infinidad de manifestaciones altermundialistas, nos propone como ejemplo privilegiado de esta corriente al movimiento zapatista y especialmente su tentativa de organización en comunidades autónomas llamadas los Caracoles, y también a diversos centros sociales en Europa y redes de jóvenes "alteractivistas" que desarrollaron una cultura política y una forma de organizarse que está hoy en el corazón de las asambleas, acciones y campamentos de una nueva generación global de jóvenes activistas con las revoluciones árabes, los indignados, el movimiento Occupy y el #Yosoy132 en México.

La segunda corriente, la vía de la razón, como él la llama, más que potenciar la afectividad y una subjetivación renovada, intenta servirse de un instrumental técnico y profesional para luchar contra la ideología neoliberal dominante y promover una ciudadanía activa en la cual las orientaciones de la política económica no se dejen en manos de unos cuantos expertos. En esta vía, los altermundialistas desarrollan escenarios alternativos y se proponen refutar en su mismo plano el monopolio y la soberbia de los economistas del neoliberalismo que aseguran que there is no alternative, para emplear la frase lapidaria de Margaret Thatcher, destinada a desanimar la búsqueda de alternativas socialmente justas. La organización ATTAC ejemplifica bien esta vertiente: aplicar impuestos a las transacciones monetarias internacionales (y quizás a todas las transacciones financieras), con el fin de limitar la volatilidad de las tasas de cambio.

En la cuarta y última parte de su libro, Pleyers indaga las posibilidades de que la vía de la subjetividad y la vía de la razón confluyan, a pesar del material tan distinto de sus componentes, resaltando la forma en que cada una de ellas ha aprendido de la otra.

Sin desatender las notas de Alain Touraine en su comentario a este libro, en las que afirma que, a diferencia de otras manifestaciones internacionales, los activistas de los países pobres ocupan aquí un lugar importante, Pleyers subraya también en su sexto capítulo el carácter elitista que implica la vertiente de los expertos en el movimiento altermundialista. A pesar de que ATTAC se define como una asociación de educación popular y apela a las virtudes emancipadoras del saber, no deja de ser cierto que es al mismo tiempo productora de una jerarquización que separa a los que saben de los que ignoran (Lilian Mathieu, Contretemps), y a ello viene a agregarse el hecho incómodo de las encuestas que muestran que el movimiento altermundialista en su conjunto está compuesto en una aplastante mayoría por individuos muy dotados culturalmente que, a pesar de sus intenciones declaradas, se han mostrado incapaces de integrar en su seno al amplio mar de los desposeídos que son la razón de su lucha.

La riqueza del estudio de Pleyers sobre el altermundialismo radica aquí precisamente, en su capacidad de darnos claridad e instrumentos para indagar sobre lo que han sido las oleadas subsecuentes de la revuelta contra el injusto reparto de los bienes del mundo en nuestra época. Como lo resume bien la antropóloga de Cambridge Henrietta Moore, en su reseña para la Revista Europea de Sociología: "La cuestión de cómo podemos cambiar el mundo no puede ser respondida de manera sencilla, pero Geoffrey Pleyers ha mostrado magistralmente en este libro muy bien escrito y basado en una investigación fina, que la manera en la cual imaginamos ahora una respuesta es distinta, en parte porque el movimiento altermundialista ha cambiado nuestra comprensión de nosotros mismos como ciudadanos del mundo".

¿Cómo enganchan las corrientes altermundialistas de los Foros Sociales Mundiales del primer decenio del siglo con la llamada "primavera de los pueblos árabes"? ¿Cómo está compuesta y cuáles son los límites de la explosión de los indignados del mundo y de Occupy Wall Street?

El de Pleyers también es un libro que nos enriquece a los latinoamericanos para entender las batallas de los estudiantes chilenos por una educación accesible para toda la juventud, y a los mexicanos, para comprender el significado del movimiento #Yosoy132. Parece estarse dividiendo el mundo, pero particularmente México, entre dos manifestaciones contradictorias. Los jóvenes de todas las universidades y peldaños sociales, dejando de lado sus diferencias ideológicas, se indignan por la imposición antidemocrática de los dirigentes de la nación, arrastran a la intelectualidad y a los más escolarizados, contagian con la espontaneidad y la frescura de sus demandas a amplios sectores de las clases medias, ponen el dedo en la llaga de la exclusión social y la manipulación televisiva, pero se estrellan contra un hecho incontrovertible: la progresión de la pobreza y del embrutecimiento desescolarizado de las amplias masas a las que quieren redimir es tal, que en lugar de que los desposeídos se coloquen de su lado, se convierten en la materia blanda y manipulable de la televisión y el escenario se va conformando de manera demencial: de un lado los intereses del poder y la política pasean su yate sobre el ancho mar de la pobreza; del otro lado se escuchan, fuerte en la calle pero en sordina en los medios, los gritos de alarma contra la desigualdad, la violencia creciente, la anomia social. Doce de las 16 delegaciones menos pobres de la capital del país han votado ocho a uno por una renovación del modelo ortodoxamente neoliberal que ha seguido el país a lo largo de un cuarto de siglo. El resto más pobre de la ciudad y el resto de México ha votado a la inversa.

Los latinoamericanos y muchos más tenemos que pedirle a Pleyers que se traduzca su revelador libro, pero habrá que pedirle también que aprovechando el viaje nos cuente qué ha sacado en claro sobre las manifestaciones más recientes: ¿forman parte de la matriz de los movimientos alterglobales?, ¿o debemos hablar ya de la post-alter-globalización?

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