Universidad Nacional Autónoma de México • Instituto de Investigaciones Sociales

v74n4r1Amy R. Poteete, Marco A. Janssen y Elinor Ostrom. Trabajar juntos. Acción colectiva, bienes comunes y múltiples métodos en la práctica (México: Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Sociales, Instituto de Investigaciones Económicas, Facultad de Economía, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, Programa Universitario del Medio Ambiente/Asociación Internacional para el Estudio de los Recursos Comunes/Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible/Centro de Investigación y Docencia Económicas/El Colegio de San Luis/Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad/ Universidad Autónoma Metropolitana/Fondo de Cultura Económica.

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Reseñado por:
Leticia Merino

Instituto de Investigaciones Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México

(Esta reseña tiene como antecedente el texto “Un anticipo de Trabajar juntos”, de Leticia Merino, que será publicado como parte de la misma obra.)

Los proyectos, perspectivas y aportaciones de Trabajar juntos son diversos. Al cabo de pocas páginas el lector caerá en la cuenta de que, a pesar del título, la obra es en varios sentidos más que un texto sobre metodología, sin dejar de serlo.

Trabajar juntos retoma el análisis desarrollado por Elinor Ostrom y sus colegas del Workshop for Political Theory and Policy Analysis, de la Universidad de Indiana —hoy llamado Vincent and Elinor Ostrom Workshop on Political Theory and Policy Analysis— (Charlotte Hess y Elinor Ostrom, 2007, Understanding Knowledge as Commons. From Theory to Practice. Cambridge: Massachussets Technology Press) y de la Asociación Internacional para el Estudio de los Recursos Comunes, que durante los últimos veinte años han ampliado el campo de la teoría de los recursos comunes y la acción colectiva (www.newcommons), aplicándolo al análisis de los recursos compartidos “no tradicionales”, es decir, de los bienes que no son necesariamente recursos naturales. Este nuevo campo, denominado “nuevos bienes comunes”, incluye bienes culturales, el espacio electromagnético, la internet, el genoma, el sistema global de regulación del clima y el propio conocimiento. La perspectiva de estos recursos, creaciones y legados como “bienes comunes” enfatiza el papel de la cooperación para su preservación y gobernanza, y en algunos casos para su creación.

Trabajar juntos parte de la perspectiva del conocimiento como un bien que se genera necesariamente de manera colectiva y requiere también acción colectiva para mantenerse, difundirse y gobernarse. Por lo mismo, es un recurso especialmente vulnerable ante la falta de cooperación. Adicionalmente, la cooperación y la coordinación son especialmente necesarias en el campo del conocimiento sobre los bienes comunes y la acción colectiva, presentes en muchos de los aspectos de la experiencia social.

El libro ubica, de entrada, distintos obstáculos “prácticos” que enfrentan quienes trabajan en torno a preguntas y temas relacionados con los bienes comunes y su gobernanza: las prácticas y condiciones de los grupos marginados, fuera de las élites; los procesos de gobernanza, las instituciones distintas a las hegemónicas, que a menudo resultan “invisibles” para las políticas oficiales; los derechos de propiedad colectiva, que son ignorados o vistos como inferiores a los privados. En síntesis, realidades complejas poco legibles desde las estadísticas y los discursos oficiales (James C. Scott, 1998, Seeing Like a State. How Certain Schemes to Improve Human Conditions Have Failed. New Haven: Yale University Press; y Michel Foucault, “L’ordre du discours”, 1970, discurso inaugural en el Collège de France, París: Gallimard). De este modo, un primer y gran obstáculo para la investigación sobre estos temas es la escasez de información y los costos y las dificultades para generarla. Otro reto es la falta de instrumentos para su recolección y categorización que faciliten el análisis de su complejidad y diversidad, la construcción conceptual y el avance teórico. La revisión del marco conceptual del IAD (Institutions and Developement) que este libro recoge desde los primeros capítulos representa una propuesta metodológica para este tipo de recorridos y construcción teórica.

Este marco reconoce como prácticas necesarias para remontar los obstáculos (epistemológicos y metodológicos) que plantea el campo empírico las investigaciones multimétodo y en colaboración, que a su vez enfrentan obstáculos institucionales: incentivos escasos y desincentivos frecuentes para la práctica metodológica múltiple y la cooperación académica, hondamente arraigados en la ideología y la operación de la academia orientada prioritariamente a la formación, investigación y publicación disciplinaria, y al reconocimiento y premio del trabajo individual, desvinculado de la práctica social. En este sentido, Trabajar juntos problematiza la relevancia de muchos de los espacios académicos actuales y la orientación de las tareas de formación e investigación que llevan a cabo, a la luz de los requerimientos que plantea la atención a los grandes problemas contemporáneos, como los asociados al cambio ambiental global.

Por otra parte, Trabajar juntos da cuenta del recorrido académico que durante medio siglo ha llevado a la integración del campo teórico de los recursos comunes y la acción colectiva. Esta corriente surgió, en gran medida, del cuestionamiento realizado por un grupo de académicos a la universalidad del paradigma de la “elección racional” y la consecuente imposibilidad de alcanzar un autogobierno exitoso de los usuarios de recursos compartidos, asumida como irrefutable por el discurso de la “tragedia de los bienes comunes” y la “elección racional”. Estos paradigmas, aún en boga en muy diversos espacios académicos y políticos, son utilizados para la imposición de panaceas institucionales a la gestión de los bienes compartidos (estatización y/o privatización) en muy diversos contextos y circunstancias, a pesar de arrojar resultados contrarios a la conservación de los bienes que se planteaba proteger y tener de altos costos sociales.

Trabajar juntos narra cómo, desde sus orígenes, el campo de los bienes comunes y la acción colectiva se ha basado en los esfuerzos colectivos. La búsqueda de acumulación conceptual y de síntesis llevó a Ostrom y a sus colegas del Natural Resources Panel (convocado en los años ochenta por la National Science Foundation de Estados Unidos) a constatar la necesidad de articular los trabajos —generalmente estudios de caso— desarrollados por estudiosos de distintas disciplinas ocupados en la comprensión de distintos recursos en distintas regiones del planeta. Desde un primer momento, en los trabajos seminales sobre este campo (Elinor Ostrom, Governing the Commons. The Evoluiton of the Institutions for Collective Action. Cambridge: Cambridge University Press, 1990), fue claro que su desarrollo requería la “cros-fertilización” y la construcción de las condiciones y los instrumentos que la facilitaran. La Asociación Internacional para el Estudio de los Recursos Comunes (IASC, por sus siglas en inglés) se constituyó en 1988 para facilitar este programa y este tipo de intercambios.

Dos grandes preocupaciones están presentes en el desarrollo metodológico de la escuela de los bienes comunes: el repetido reconocimiento de la necesidad de un amplio sustento empírico para el desarrollo teórico y la cuidadosa búsqueda de coherencia entre la teoría, las preguntas teóricas y los métodos utilizados para abordar la investigación sobre procesos concretos, particulares. A partir de esto, el libro analiza las aportaciones de diversos métodos de investigación y análisis social al tratamiento de los problemas y preguntas clave para este campo teórico: las condiciones que explican la existencia de cooperación en la gestión de bienes comunes en algunos casos y de descoordinación y abuso de estos bienes en otros; la viabilidad de la propiedad colectiva (y de otros regímenes de propiedad) para favorecer la gestión sustentable de distintos tipos de bienes comunes; el papel de los derechos de propiedad en la presencia de incentivos para la acción colectiva y la preservación de los bienes comunes; los costos de la cooperación en distintos contextos; el papel de la confianza en la construcción de la acción colectiva entre usuarios diversos y en la superación de sus dilemas; las implicaciones de la heterogeneidad social, el tamaño de los grupos y la escala de los procesos.

La primera sección del libro, conformada por cinco capítulos, está dedicada a la investigación de campo. Se revisa primero el uso de estudios de caso, resaltando las ventajas que su mirada profunda aporta a la comprensión de los procesos sociales en cuestión, pero reconociendo las condiciones que limitan la generalización de los hallazgos a partir del estudio de las condiciones particulares. Posteriormente se cuenta la forma en que el avance de las explicaciones teóricas ha hecho necesario el manejo de muestras mayores y de instrumentos teórico-metodológicos para guiar su sistematización y el desarrollo de conocimientos con base en agrupaciones, tipologías y comparaciones. La investigación de campo, desarrollada en el marco de la teoría de los bienes comunes y la acción colectiva, ha recurrido con estos fines a métodos cualitativos, incorporando el uso de análisis estadístico y recurriendo a muestras mayores, lo que conduce necesariamente a atender problemas metodológicos clásicos de relevancia y representatividad de los casos y las muestras. La complementariedad en la práctica investigativa del trabajo cualitativo y cuantitativo es otra de las propuestas relevantes de este texto. El último capítulo de esta sección se refiere a iniciativas de investigación basadas en trabajos de múltiples académicos e instituciones: la estrategia de metaanálisis, que retoma, agrupa y analiza investigaciones previas, y la colaboración entre equipos de trabajo e instituciones en función de programas de investigación comunes. Como en los capítulos anteriores, se revisan las ventajas, las dificultades y los retos que plantean estas estrategias de construcción del conocimiento.

La segunda sección, que incluye tres capítulos, se refiere al segundo gran eje de este programa de investigación y construcción teórica: los experimentos con juegos cooperativos, realizados inicialmente en el laboratorio y luego en el campo —con participantes de gran experiencia en el manejo de recursos naturales en contextos reales— y el trabajo de modelación de dilemas de cooperación a partir de esta investigación. El uso de experimentos de cooperación en el laboratorio ha permitido desarrollar la investigación en torno a estos dilemas controlando de manera estricta las variables determinantes. Esta investigación ha permitido explorar distintas hipótesis derivadas de la teoría y de las observaciones de campo en contextos controlados y replicables, con gran validez interna. Sin embargo, como se reconoce en el texto, una fuerte desventaja de los experimentos en laboratorio es la falta de validez externa de las conclusiones generadas, dada la extrema e inevitable simplicidad de los contextos en que los experimentos se llevan a cabo. Aunque la validez externa de los experimentos que se realizan en contextos reales —con individuos que cuentan con experiencia en el manejo de recursos comunes— es mayor, sus resultados tampoco resultan ampliamente generalizables. A pesar de estas limitaciones, el desarrollo de experimentos de cooperación ha proporcionado elementos clave para la comprensión de la influencia de los contextos en la solución de problemas que implican acción colectiva. Como en el caso de los estudios cualitativos en campo, las aportaciones de las investigaciones basadas en métodos de la economía experimental han sido críticas para el desarrollo de la teoría; sin embargo, el reconocimiento de sus límites hace necesario que la investigación sobre problemas sustantivos combine su uso (y la información que generan) con otro tipo de acercamientos, particularmente con información de campo.

En los dos capítulos de la tercera y última sección se sintetizan aprendizajes, se presentan conclusiones y se proponen puntos de agenda para la investigación futura sobre los bienes comunes y la acción colectiva. Destacan, como grandes temas complejos a desarrollar, el papel de la heterogeneidad y el tamaño de los grupos; la comprensión de la influencia de los contextos y la gobernanza de los procesos globales. El desarrollo de esta agenda plantea, a su vez, ineludiblemente, requerimientos y dilemas de acción colectiva multimetodológica, interinstitucional y multisectorial, a los que el libro busca hacer aportaciones. Uno de los puntos que vale la pena resaltar en esta sección de conclusiones es el papel crítico que se concede a la confianza —basada en reglas acordadas y en acción colectiva exitosa— para construir respuestas sociales a muchos de los grandes dilemas contemporáneos, como la construcción de mejores esquemas de gobernanza socio-ambiental y del propio conocimiento que contribuyan efectivamente a su sostén y difusión, así como a su pertinencia.

La publicación en español de Trabajar juntos busca involucrar en la construcción de conocimiento sobre los bienes comunes y la acción colectiva a los estudiosos e interesados que hablan este idioma, contribuyendo a sortear una frontera más, la de la lengua en este caso. El potencial de las aportaciones que Working Together puede hacer a la ciencia social y la política pública en América Latina, y en el mundo de habla hispana en general, explica la viabilidad de la acción colectiva generada por su traducción al español. Estoy convencida de que la riqueza de experiencias —históricas y contemporáneas— sobre la gestión local comunitaria que existe en nuestra región puede hacer aportaciones teóricas, metodológicas y políticas relevantes para un mundo que busca responder consistentemente a los retos de construcción de esquemas institucionales resilentes. La resistencia, insurgencia y creatividad social latinoamericanas me hacen pensar que Trabajar juntos brindará herramientas conceptuales, metodológicas y prácticas para los procesos de construcción social en nuestros países.

Un buen augurio es la coedición de este texto. Haciendo honor a su nombre, Trabajar juntos es el resultado del interés compartido y la cooperación de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, la Facultad de Economía, el Instituto de Investigaciones Sociales, el Instituto de Investigaciones Económicas, el Centro de Estudios e Investigación Interdisciplinaria en Humanidades, el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias y el Programa de Medio Ambiente de la UNAM; así como de la Universidad Autónoma Metropolitana, la Comisión Nacional para el Uso y Conocimiento de la Biodiversidad, el Instituto Nacional de Ecología, la Asociación Internacional para el Estudios de los Recursos Comunes, el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible y el Fondo de Cultura Económica.

Trabajar juntos será pronto, con seguridad, una referencia continua, un “arsenal de herramientas de trabajo” para la docencia y la investigación, un conjunto de mapas conceptuales que conducirán la investigación futura: la que los colegas de mi generación podamos llevar a cabo y la de nuestros relevos. Continuar y desarrollar los recorridos que se marcan será una forma de honrar la memoria de Elinor Ostrom, como la académica paradigmática, mentora y colega generosa que siempre fue.

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