Universidad Nacional Autónoma de México • Instituto de Investigaciones Sociales

v73n2r1Lorenza Villa Lever. Cincuenta años de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos: cambios y permanencias en la educación mexicana (México: Conaliteg, 2009), 244 pp.

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Reseñado por:
Elisa Bonilla Rius

Fundación MS de México

Cuando se desea reseñar un libro, por lo general es deseable establecer cierta distancia con la obra, con el propósito de ser lo más objetivo posible en los juicios acerca de ésta. En este caso, debo comenzar con una confesión de parte: no puedo ser imparcial, aunque quisiera. La cercanía que he tenido con los libros de texto gratuitos, a lo largo de muchos años —14 de ellos como responsable directa de su contenido—, me impide una mirada aséptica. Tanto profesional como personalmente, he sido parcial a estos libros y lo sigo siendo. Es aquí, en esta parcialidad, donde puedo apoyarme para compartir mi lectura de esta obra.

La aparición de este volumen no sólo sirve honrosamente para celebrar el 50 aniversario de la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos (Conaliteg), lo que fue su objetivo inicial, sino que representa un parteaguas en la literatura en esta materia, en el sentido de que, a partir de su publicación, hay un antes y un después en el conocimiento acerca de los libros de texto gratuitos. El saber que se compila, sistematiza y analiza en este volumen no sólo es vasto, también es de una alta calidad, lo cual supone un avance notabilísimo en el estudio de los libros de texto gratuitos; en especial, como uno de los componentes fundamentales de la educación nacional durante las últimas cinco décadas. Por fin, gran cantidad de información que estaba dispersa hoy está reunida y organizada. Se le suman nuevos datos, muy valiosos, lo que hace de esta obra un compendio esencial para los estudiosos de la historia de la educación obligatoria en México, de las políticas públicas en materia de educación y de los materiales educativos, pero también es del interés de otros especialistas más allá del campo de la educación.

En este libro hay varios libros. La autora, no conforme con cubrir un ángulo de esta temática, se abocó a abordar múltiples aspectos, con el fin de ofrecer al lector detalles sobre la complejidad del fenómeno que constituyen los libros de texto gratuitos. No sé si, desde que la invitaron a participar en este proyecto, estaba consciente de la cantidad de caras que tiene este asunto pero, a medida que se avanza en la lectura, se va revelando un poliedro, y mientras se explora y se estudia una cara, aparecen otras más. La autora advierte acerca de los pocos estudios que existen sobre este fenómeno; quizás es esta razón la que la llevó a adentrar-se en este territorio ignoto por una variedad de rutas. En este sentido, vale decir que si bien este libro es un parteaguas, no pone punto final al estudio de los libros de texto gratuitos sino que, afortunadamente, traza un mapa muy novedoso para seguir profundizando el análisis de este tema. Ojalá la autora y otros investigadores continúen con la tarea.

El libro está organizado en nueve partes: seis capítulos, una introducción, conclusiones y anexos, además de un mensaje institucional del director general de la Conaliteg. Para elaborar este volumen, la autora y sus colaboradores no sólo consultaron una vasta bibliografía, sino que entrevistaron a 25 personas, entre autores de los libros, especialistas en educación y funcionarios (presentes y pasados); asimismo, se reunieron con varios grupos de profesores. Este método de trabajo permitió que las voces de los diversos actores que han estado relacionados con los libros de texto gratuitos “se escuchen” entre líneas. Es una pluralidad de voces que da cuenta también de la pluralidad de significados que se les asignan a los libros.

Si bien la obra anuncia desde su título que se refiere a las cinco décadas que cumplió la Comisión, para ubicar el fenómeno la autora dedica el primer capítulo a hacer un recorrido por los antecedentes de la educación nacional, que abarca varios periodos de nuestra historia, pasando por la época colonial y el México independiente, hasta llegar a la década de los años cincuenta del siglo pasado. Estas páginas son especialmente interesantes, no sólo porque constituyen una breve historia de la educación nacional, sino porque el acento que ponen en buscar los orígenes de las políticas públicas, en materia específica de manuales escolares, ofrece una sistematización de datos muy relevantes que, hasta ahora, estaban sumergidos en una diversidad de fuentes y, por lo tanto, fuera del alcance de la mayoría de los lectores interesados en la historia de los materiales educativos de nuestro país. La lectura de estas páginas revela la variedad de actores e intereses que a lo largo de muchas décadas participan en esa historia y que merecen un estudio más exhaustivo desde el ángulo que Villa Lever ha dejado apuntado en este volumen.

Otra virtud de la obra es que comienza por ubicar el fenómeno de los libros de texto gratuitos en el contexto internacional. Si bien los manuales escolares abundan en todo el mundo, la política pública mexicana a este respecto es muy específica. La autora enfatiza que no encontró ningún estudio que dé cuenta de “algún otro Estado que diseñe, produzca y reparta los libros escolares gratuitamente a los niños […] como en México”. En la mayoría de los países, el Estado no elabora los libros, sino que los adquiere de las editoriales comerciales, mediante una diversidad de esquemas.

Quizás en una edición posterior de la obra, o en un nuevo estudio, sería interesante comparar el caso mexicano con el brasileño y el japonés, pues si bien estos Estados también adquieren los libros elaborados por las editoriales, ambos cuentan con organismos estatales, cuyas funciones se asemejan a las de la Conaliteg (que es sui generis y no tiene equivalente en la mayoría de los sistemas educativos).

La fortaleza de la constitución de la Conaliteg explica, en parte, que la política pública de dotación de manuales escolares a los alumnos de la educación obligatoria haya sobrevivido cinco décadas en un país en el que las políticas públicas se caracterizan por su falta de continuidad.

El capítulo dos está dedicado precisamente a la Conaliteg, tanto a la creación de esta institución como a su ulterior desarrollo. Sobre lo primero, Juan Hernández Luna, colaborador cercano de Martín Luis Guzmán —primer director de la Conaliteg—, dejó un testimonio pormenorizado de los retos que se presentaron al final de la década de los años cincuenta para la constitución y la puesta en marcha de la Comisión. Este testimonio sirvió de base a Villa Lever para desarrollar el contenido de este capítulo, hasta abarcar las cinco décadas de historia y las especificidades de cada una de las administraciones que ha tenido la Conaliteg.

El tercer capítulo es un análisis sociopolítico de las fuerzas y los actores educativos detrás de las tres grandes reformas a la educación primaria en 50 años. Si bien éste es el aspecto más estudiado, la autora ofrece nuevas perspectivas que, idealmente, mantendrán vivo un debate necesario, al que no se le ha puesto (ni debe ponérsele) punto final.

El cuarto capítulo se adentra en los aspectos pedagógicos que subyacen en los libros de texto gratuitos; el quinto, con el apoyo de los resultados de una encuesta aplicada a profesores en servicio, indica los usos que los maestros dan a estos manuales y la opinión que les merecen, muy favorable.

Así como el libro no comienza en 1959, tampoco cierra en 2009, pues dedica su último capítulo a reflexionar acerca del futuro. Esto es un acierto, pues este debate también es muy necesario y hay que promoverlo en aras de colaborar con la autoridad en el diseño de la política pública más adecuada en esta materia para alcanzar los fines de la educación.

No sobra decir que México es muy distinto hoy del que era hace 50 años. Muchas cosas han cambiado. Mientras el reto entonces era garantizar el servicio educativo de educación primaria para todos los niños en edad escolar —entre 6 y 12 años—, hoy el desafío es que todos los niños y jóvenes entre 3 y 15 años no sólo cuenten con el servicio educativo de educación básica, sino que este servicio sea de calidad y que compense las enormes desigualdades sociales que todavía nos caracterizan como país y nos laceran. Hay otros factores, como el concepto de calidad educativa, el valor de la diversidad (como opuesto a la uniformidad), la presencia de una vasta oferta de materiales en el mercado y la existencia de nuevos soportes para la transmisión de contenidos, que nos obligan a repensar el futuro de los libros de texto gratuitos.

Nadie cuestiona hoy el valor que los libros de texto gratuitos han tenido para la educación nacional a lo largo de estos 50 años, pero las demandas actuales los hacen claramente insuficientes como único insumo. Hay que repensar su futuro con la sagacidad y el atrevimiento con los que en su momento el presidente Adolfo López Mateos y el secretario Jaime Torres Bodet se atrevieron a romper la inercia y a cambiar el rumbo de la educación.

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