Universidad Nacional Autónoma de México • Instituto de Investigaciones Sociales

v80n2r1Marco Estrada Saavedra. El pueblo ensaya la revolución. La APPO y el sistema de dominación oaxaqueño (México: El Colegio de México, 2016), 623 pp.

Reseñado por:
Marcela Meneses Reyes

Instituto de Investigaciones Sociales
Universidad Nacional Autónoma de México

PDF

 

El texto que presenta el sociólogo Marco Estrada Saavedra es resultado de un arduo trabajo de investigación que comenzó en 2008 y concluyó en 2014, periodo durante el cual publicó una serie de artículos, capítulos y libros en los que fue vertiendo sus hallazgos y reflexiones acerca de uno de los conflictos sociopolíticos más importantes del México contemporáneo: el movimiento popular oaxaqueño de 2006 que derivó en la conformación de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) por la renuncia del entonces gobernador Ulises Ruiz Ortiz.

Contrariamente a la mayoría de los análisis, crónicas y reflexiones que parten de la idea de que el conflicto comenzó el 14 de junio de 2006, el día del violento desalojo del plantón organizado por los maestros de la Sección XXII del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación debido a que el gobernador no había satisfecho sus demandas, Estrada Saavedra ubica esa fecha tan sólo como una oportunidad política que lo lleva a rastrear los antecedentes que enmarcaron el conflicto, así como las condiciones para que surgiera la protesta y se gestara y mantuviera un movimiento de grandes dimensiones, que no sólo incluyó al magisterio, sino también a otros sindicatos, a diversas organizaciones políticas y sociales, y a la población civil que se autodefinía como “independiente” o como el pueblo, es decir, a la población general inconforme con la gestión autoritaria del gobernador.

Teóricamente también difiere del uso del concepto de movimiento social para explicar este tipo de protestas, puesto que para él dicho concepto ya no alcanza a dar cuenta de la complejidad de aquéllas, pues al basarse en la dimensión accionalista y en la idea de unidad e identidad únicas, se dejan de lado las múltiples tensiones —que no contradicciones— presentes en toda acción colectiva. Es por ello que el autor reformula el concepto de sistema social de Niklas Luhmann para crear el de “sistema de protesta”, definido como: “Una forma especial de los sistemas sociales, que se caracteriza por su constitución y reproducción mediante comunicaciones orientadas al conflicto. Estas comunicaciones se expresan temáticamente como movilizaciones de protesta en contra de diferentes oponentes (como el gobierno, las organizaciones eclesiales, las empresas, los medios de comunicación) o de las consecuencias no previstas de la operación de los sistemas funcionales de la sociedad (como la política, el derecho, la economía, la ciencia o el arte)” (40-41).

Por medio de este concepto, el autor analiza y explica los diversos elementos que convergen en la protesta y que no se pueden integrar ni coordinar al unísono, lo cual genera múltiples posibilidades de comunicación, pero también tensiones hacia adentro y hacia afuera. De tal suerte que la APPO fue un sistema de protesta dividido a su vez en subsistemas con funciones especializadas: el subsistema de la movilización coordinada de masas, encabezada por los sindicatos y las organizaciones populares; el subsistema de la protesta simbólica, compuesta por los colectivos de artistas que realizaron la gráfica política a favor de la protesta; el subsistema de la dirección política, integrada por los concejales de la Asamblea General del Consejo estatal; el subsistema de seguridad, representado por las barricadas que cubrieron la ciudad de Oaxaca; el subsistema de planificación, compuesto por las organizaciones de la sociedad civil, y el subsistema de difusión mediática, integrado por los medios de comunicación.

Para comprender el contexto histórico y político del conflicto, Estrada Saavedra se adentra en el sistema educativo oaxaqueño para identificar las causas que dieron lugar a la conformación del magisterio como un actor político central. Posteriormente, se posiciona contra la concepción predominante de que la protesta popular y el surgimiento de la APPO fueron “irrupciones inesperadas”, como muchos análisis, crónicas, reportajes, testimonios y descripciones han sostenido, para demostrar que antes del desalojo de los maestros ya había condiciones que posibilitaron la suma masiva de voluntades.

Asimismo, la población oaxaqueña que formó parte de la protesta ha enunciado que sus motivos y sus razones estaban alimentadas por un cúmulo de agravios de larga data que se recrudecieron desde el inicio de la gestión de Ulises Ruiz, el gobernador que, al contrario de sus antecesores, no entendió que el mando en Oaxaca se ejerce desde la “negociación”, y aplicó su peculiar sistema de dominación marcado por el cacicazgo, la corrupción, la violencia, la deferencia y otras tantas veces, la resistencia. Sistema que también desmenuza el autor a lo largo del libro y al que le presta especial atención en las conclusiones.

El autor dedica un capítulo al análisis de cada uno de los subsistemas, entre los que resalta el “subsistema de difusión mediática” compuesto por los medios de comunicación autogestionados, independientes y ocupados que operaron a favor de la protesta. En los medios predominó la disputa por el espacio público virtual debido al papel protagónico de la radio como el principal medio de comunicación e información entre la población, y al mismo tiempo como un recurso gubernamental para desprestigiar a los activistas y como blanco de la represión oficial.

Otro subsistema que desmenuza es el de la protesta simbólica encabezada por los jóvenes artistas gráficos. Para ello hace un recorrido por los orígenes y las trayectorias de los crews y los colectivos —principalmente Arte Jaguar, Lapiztola y la Asamblea de Artistas Revolucionarios de Oaxaca— que participaron activamente con sus propias herramientas: grafitis, consignas y esténciles con alto contenido político y suma creatividad a favor de la protesta popular.

Como resultado de todo lo anterior, Estrada Saavedra indaga el modo en que los activistas “independientes” fueron ganando terreno y disputando la toma de decisiones sobre el rumbo de la protesta. Su participación en los medios de comunicación, en los muros, en las calles y en las barricadas generó otro ejercicio de la política más radical, sobre todo a partir de octubre, cuando se evidenció el distanciamiento entre la dirigencia de la Sección XXII y el resto de la APPO, ya que el magisterio empezó a presionar por el regreso a clases como parte de su negociación con la Secretaría de Gobernación, mientras el objetivo de los independientes consistía, quizás ingenuamente, en una transformación total del régimen oaxaqueño que iniciaría con la caída de Ulises Ruiz. En consecuencia, la radicalización de las bases y de los independientes que participaban en la APPO dio paso a lo que Ranajit Guha (Las voces de la historia y otros estudios subalternos, Barcelona, Crítica, 2002) llamó “la política del pueblo”.

Desde mi perspectiva, la política del pueblo se gestó y fortaleció en lo que Estrada Saavedra concibe como el subsistema de seguridad de la APPO: las barricadas, que consistían en el bloqueo de calles como medida de resguardo de los puntos estratégicos tomados por los appistas, las cuales se multiplicaron por toda la ciudad como forma de protección y seguridad cuando, en agosto, el gobierno aumentó la represión enviando a las “caravanas de la muerte”, que consistían en comandos de hombres armados que transitaban por las noches amenazando y disparando directamente contra los barricaderos.

Aun cuando en apariencia, y desde una perspectiva dominante, las barricadas fueron la muestra del caos que reinaba en la ciudad por culpa de los appistas, Estrada Saavedra atina en mostrar el tipo de orden que se instituyó, sociológicamente hablando, en torno al bloqueo de calles, y encuentra que se trató de un proceso de microautoorganización local para proteger la propia vida; pero al mismo tiempo, en el trabajo diario, éstas permitieron el contacto, la convivencia y la solidaridad entre los vecinos, que al adherirse a la APPO pudieron re-conocerse en torno a una causa común. Lo cierto es que, si bien la APPO tuvo esta cara positiva, también dio lugar a que se cometieran los excesos que llevaron a la radicalización del pueblo y a su desconfianza frente a la negociación de la dirigencia, lo que paradójicamente fue abriendo camino a la represión, pues si bien la APPO pretendía una salida política, pero no negociada, lo cierto es que “se hallaba estructuralmente dispuesta al conflicto por su propia forma como sistema de protesta” (398).

De modo que en ambas partes hubo violencia política. En vista de que las vías legales e institucionales no funcionaron, y que la negociación entre la dirigencia y el gobierno federal era percibida con sospecha por las bases, el clima de violencia fue aumentan-do, al grado de que a lo largo de todo el conflicto murieron 23 personas y muchas resultaron heridas en la serie de violentos enfrentamientos entre los appistas y las policías estatales y la Federal Preventiva. Los más cruentos sucedieron el 2 de noviembre y el 25 de noviembre. En esta última fecha la Policía Federal Preventiva, con apoyo de todas las policías estatales, el ejército y la marina, operaron la mayor represión contra el movimiento. A toda esta estrategia Estrada Saavedra le llama sistema interinstitucional de represión.

De esa fecha no sólo resultaron persecuciones, aprehensiones, privaciones ilegales de la libertad, torturas, desapariciones, heridos, destrucción de inmuebles y 139 detenidos, sino que se infundió un clima de terror entre toda la población. Pero la reflexión de Estrada Saavedra no termina aquí, continúa hasta la liberación de los presos políticos y el reacomodo de las fuerzas y formas de capitalización política de los distintos sectores que participaron en la protesta, más aún, hasta las más recientes movilizaciones del magisterio oaxaqueño contra la reforma educativa que se realizaron en 2013 como ecos de este movimiento popular.

En términos metodológicos, la investigación de Estrada Saavedra resulta fresca, novedosa y polifónica en tanto que recoge las distintas voces y posiciones en torno al conflicto, siendo muy cuidadoso en mostrar las versiones de los appistas frente a las de otros actores, como lo muestran las entrevistas realizadas a policías y a ex integrantes de las “caravanas de la muerte”. También expone la versión oficial de los hechos por medio de entrevistas a funcionarios públicos del estado y del análisis de documentos oficiales, discursos y declaraciones periodísticas.

Otro de los aciertos del texto radica en su escritura fresca y fluida, que entrelaza el análisis teórico con los resultados del trabajo de campo, la descripción etnográfica y lo que él llama “excursos”. El libro incluye un dvd que contiene audios de las transmisiones en vivo a través de las radios a lo largo de la movilización y de la música que se creó en el transcurso; fotografías de la gráfica política y videos tomados en tiempo real por los activistas, material con el cual demuestra que “para hablar de la sociedad la sociología no basta”, tal como nos enseñó Howard Becker.

A manera de cierre, y sin ningún afán de adulación, me atrevo a afirmar que el trabajo que presenta Estrada Saavedra es el análisis sociológico más consistente que se ha escrito en torno a la protesta popular oaxaqueña de 2006. Su capacidad de innovación teórica y metodológica desafía a nuestra disciplina en tanto nos impone la necesidad de observar nuestras realidades con nuevas lentes, reformulando las preguntas para que nos permitan echar mano de la creatividad y entrar en contacto con los verdaderos protagonistas de la historia: la gente común de carne y hueso, que negocia, obedece, se acomoda, resiste o enfrenta las relaciones de poder y dominación humanas que todos ejercemos y en las que todos nos encontramos inmersos.

Buscador

Usted está consultando

v80n2

También puede consultarla en:

Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM

jstor

scielo

redalyc

Revista Mexicana de Sociología en OJS

 

xpics 2018

premiados

suscripciones

La próxima fecha límite
para recepción de artículos
es el 19 de octubre de 2020

D. R. © 2015. Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Sociales.
Revista Mexicana de Sociología. México, D.F. ISSN: 0188-2503/15/07704-02.