Universidad Nacional Autónoma de México • Instituto de Investigaciones Sociales

v77n2r2 portadaHarrison C. White. Identity & Control. How Social Formations Emerge. Segunda edición. (Princeton: Princeton University Press, 2008), 427 pp.

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Reseñado por: 
Silvio Salej Higgins

Universidad Federal de Minas Gerais
Departamento de Sociología

César Alfonso Velásquez

Universidad Federal de Minas Gerais
Programa de Posgrado en Sociología

Harrison C. White continúa siendo, en el mundo de las ciencias sociales latinoamericanas, un ilustre desconocido. La obra que aquí examinamos corona una vasta carrera científica que comenzó con el dominio de la física para luego consagrarse en la sociología. Identity & Control es el manifiesto teórico de la hoy llamada sociología neoestructural, es decir, aquella que utiliza el análisis de redes sociales como herramienta metodológica básica.

La primera edición de Identity & Control (1992) mereció un examen atento de la Asociación Sociológica de Estados Unidos (ASA). La revista Contemporary Sociology (1993), vehículo informativo de ASA, reservó una sección para publicar cuatro reseñas críticas sobre el trabajo de White. Charles Tilly, Marshall W. Meyer, Raymond Boudon y Craig Calhoun expusieron comentarios y críticas discordantes sobre la consistencia y la calidad científica del trabajo de White. De forma sucinta, éstos fueron los elogios más importantes y las críticas más ácidas recibidas por White: 1) el libro quiere refundar la sociología haciendo lo imposible: dar cuenta del mundo social de forma explicativa y narrativa al mismo tiempo (Tilly); 2) no es plausible desplazar al individuo como fuente de toda acción social, como el agente por excelencia (Boudon); 3) no queda claro por qué los agentes sociales son impulsados a actuar buscando control sobre sus identidades, ¿por qué habría de ser ésa la fuente del comportamiento en sociedad? (Calhoum).

El libro contiene ocho capítulos: 1) Identidades en busca de control; 2) Redes e historias; 3) Disciplinas; 4) Estilos; 5) Instituciones y retórica; 6) Regímenes de control; 7) Entrando en acción, y 8) Sinopsis y contexto. Como remedio contra los defectos estilísticos y las oscuridades conceptuales de la primera edición, White invitó a diferentes sociólogos y networkers a participar en la nueva edición. Cada capítulo cuenta con la colaboración de dos especialistas (entre ellos, Frederic Godart, Victor Corona, Anna Mitschele y Haiko Lietz), además de haber sido seleccionados trabajos de investigación que ejemplifican los conceptos expuestos a lo largo del libro.

En sentido amplio, la obra de White toma distancia tanto de las sociologías holistas como de las individualistas. En las primeras, se asume como algo dado (taken for granted) la existencia de estructuras; en las segundas, la existencia de individuos. Antes, Bourdieu, Giddens y, en general, el interaccionismo simbólico ya habían propuesto una salida a las viejas aporías sociológicas de la acción y la estructura: ¿Qué es ontológicamente anterior, la estructura o el individuo? ¿Cómo los individuos pueden generar efectos estructurales? ¿Cuál es la importancia del contexto en la construcción de significados notados por los agentes sociales?

Según White, el dato fundamental de la acción social es el siguiente: estamos sometidos a flujos estocásticos, caóticos, en la vida social. Por lo tanto, el imperativo de la acción consiste en la búsqueda de un suelo sólido (footing) desde el cual podamos proyectarnos a los demás. En particular, el footing es un significado compartido entre identidades (personales, por ejemplo) que les permite la articulación en un lenguaje común. En tal sentido, cumple el papel de referente para estabilizar expectativas con respecto de cursos posibles de acción social. De ahí que para White la búsqueda de un suelo firme es una lucha por conseguir control que, en este caso, no significa dominación, por lo menos no en su acepción fundamental.

Se habla de identidades porque ellas mismas son portadoras de ese significado referencial que les permite reconocerse mutuamente. Las identidades se movilizan en la lucha por el control aunque también se modifican o surgen nuevas identidades en la medida que los significados varían. Identidad y control son los conceptos basilares de la teoría sociológica de un mundo de flujos estocásticos en red.

Salta a la vista una asociación con la filosofía presocrática del sabio Heráclito: el movimiento y el devenir son la condición primordial del mundo real. El desafío sociológico reside, entonces, en la explicación simultánea de la estabilidad y del cambio social: ¿Cómo el orden puede emerger de un flujo aleatorio de interacciones? De ahí el subtítulo del libro “¿Cómo emergen las formaciones sociales?” Al mismo tiempo, debemos preguntar cómo gana estabilidad una formación social, ya sea una identidad personal, una organización o una institución, etcétera. White propone descentrar la ciencia sociológica de la pregunta por las razones o causas (¿por qué?) y enfocarla en la comprensión de los procesos y contextos de interacción social (¿cómo?).

“The principal question for this book is How? My colleague Charles Tilly recently published an enticing book simply entitled Why? It seems to me that Why? is becoming the easy question for social analysis. An analyst can drown in thousand of answers, sought and unsought, since all studies are geared, trained, socialized to say why, to give reasons. These can just cancel out, leaving the play with How? Which is to insist on setting, context” (p. xvii).

Para White, estructura y agencia son categorías emergentes en el análisis. Los porqués estarían más próximos a explicaciones deterministas, mientras que los cómo permiten reconocer acciones en interdependencia con contextos sociales que, en última instancia, están conformados por redes mutables de vínculos.

La posibilidad de agencia en White se justifica en la búsqueda incesante de nuevos controles que puedan representar un eventual conjunto confortable de expectativas y, por eso mismo, más estable delante de tres tipos de incertidumbre: contingencia de eventos; ambigüedad de los significados, en vista de su desarrollo permanente, y lo que White denomina ambage para hablar de las variaciones en el papel que cumplen las identidades de acuerdo con su posición en las redes.

Si lo que hay en el mundo social es un conglomerado de identidades en busca de control, el dato empírico básico lo constituye la red (net) como forma de representación privilegiada de las interacciones entre identidades. He aquí un elemento innovador en la trayectoria científica de White: las relaciones sociales se representan como redes con un fundamento matemático en el álgebra de matrices y en la teoría de grafos. Es obvio que White no inventó la sociometría, la cual data de los años treinta del siglo XX con los trabajos pioneros de Jacob Moreno, pero sí debemos reconocer que fue el segundo aire de las técnicas sociométricas a partir de sus investigaciones metodológicas sobre el análisis de clusters en red, las cuales condujeron a formular el concepto de equivalencia estructural, de amplio uso hoy en el social network analysis.

Las identidades en busca de control van tejiendo redes de interacción con características morfológicas básicas en términos de conectividad: lazos multiplexo, aquellos por donde pueden circular simultáneamente diversos recursos (información, apoyo afectivo, etcétera); lazos fuertes y débiles; nodos que ocupan posiciones de ventaja en los bordes de huecos estructurales de redes, entre otros.

Las identidades en busca de control se activan de un dominio a otro (switching), en una especie de salto, dando origen a incertezas y efectos no previstos en cada red; esta idea es muy próxima al concepto de círculo social propuesto en la sociología clásica de Georg Simmel. Es decir, las formas de la socialización acontecen en contextos diferenciados por los que circulamos constantemente (familia, trabajo, recreación, etcétera). Con frecuencia, las identidades se acoplan y desacoplan (coupling and decoupling) de sus respectivos dominios abriendo un nuevo trabajo de construcción de identidades.

El ábside del acople en red es identificable por la equivalencia estructural, concepto técnico del social network analysis, el cual significa que dos identidades pueden tener el mismo perfil relacional aunque entre ellas no existan relaciones. Es decir, pueden tener, en el tipo puro, los mismos alters, conformando por este hecho una posición común en el mundo social. Posiciones comumunes, o clusters, al entrar en relaciones entre sí cumplen con funciones en el mundo social. De esta forma, White y sus colaboradores construyeron un concepto de función social alternativo al del funcionalismo parsoniano. La cuestión innovadora reside en el efecto no intencional, emergente o combinatorio —by product— de la búsqueda de identidad, sin que sea el investigador el que postule patrones funcionales, manifiestos o latentes, a los diferentes componentes de un sistema social.

El primer ejemplo ilustrativo de todo el libro no cita un trabajo de investigación específico. White invita al lector a imaginar una situación social cotidiana, en el patio de una escuela, el primer día de clases, en la hora del recreo. Coloquémonos en la situación de una niña o niño nuevo que no conoce a nadie. Esta experiencia de estar perdidos en el flujo del mundo social es la que desata el proceso de construcción de identidades en busca de control. Nadie podrá prever de antemano qué tipo de círculos de amigos y amigas, o coaliciones de filias y fobias emergerán en el patio de la escuela después de una semana, por no hablar de un periodo más largo. El orden social emergente no es programable por los profesores ni por el director de la escuela.

White evita reducir el concepto de identidad al de persona en sentido moral o psicológico. Ésta es sólo la forma más extensa entre cinco acepciones diferentes. Una identidad puede ser también un mercado, un partido político o una institución religiosa, sin que explícitamente se diferencie entre identidades individuales y colectivas. La forma más simple de identidad es el footing o posición de estabilidad; le sigue el conjunto de posiciones interrelacionadas en red, las cuales son objeto y sujeto en la atribución de significados; luego viene la trayectoria en diversos dominios en red; en cuarto lugar aparece la interpretación narrativa de la trayectoria —“la historia de vida de Edipo”, como el propio White dice—, y por último emerge una dinámica autorreproductiva de una amalgama variada de perfiles que resultan de salto en salto en diversos dominios en red; es en este nivel donde se realiza la identidad personal.

Según White, la persona del individualismo metodológico es un mito, pues también es un resultado emergente. White está de acuerdo con Durkheim en cuanto a que la división del trabajo social crea la noción de persona para que opere de un modo productivo en términos materiales. White va más allá y expone que, con la especialización del trabajo social, el individuo se descompone en identidades que surgen en cada ámbito cotidiano de acción, lo que asimismo permite un mayor juego para el ejercicio de agencia. Cada una de estas identidades se vincula con una estructura en red que, a su vez, se puede intercomunicar con las otras, de modo que se refuerza el conjunto de estructuras o surgen mayores oportunidades para la emergencia de agencia. Por tanto, ésta no tendría que ser un reflejo mecánico de condiciones objetivas en el modo de producción, como se plantea en el marxismo (Elster). Existirían múltiples, o tal vez infinitas, posibilidades de condicionamiento, aunque también de agencia, que relativizan el poder de la estructura.

No obstante, desde un punto de vista marxista, los mundos en red desarrollados a partir de cada tipo de identidad podrían ser los nuevos campos de colonización del mercado y de la alienación (Fernandes), en la medida que la retórica de la producción de mercancías se inserta en esos otros ámbitos sociales distintos a los del trabajo asalariado, aunque ligados con el mismo. Se trataría de una fase profunda de alienación porque la propia persona puede ser separada de la unicidad de su individualidad bajo el riesgo de perder conciencia de sí misma como base de acción.

La discusión de White pone de manifiesto una pregunta contemporánea: ¿Somos personas o identidades? El desarrollo de la identidad virtual en el log on de Facebook parece dar crédito a la segunda y vislumbrar nuevos rumbos de investigación. Sin embargo, la adopción de identidades como unidad de análisis puede ser un salto mortal con respecto al individuo. Aunque las identidades puedan asumir dinámicas y geometrías propias, parece artificioso hablar de una capacidad de agencia sin individuo. White no profundiza en la paradoja de toda identidad personal, que consiste en la conciencia de que algo permanece a través de sucesivos cambios.

Aunque sugestivo en su punto de partida y en la perspectiva, el libro conserva la prosa áspera de la primera edición. Por esto podemos atribuir a White el mismo epíteto del sabio Heráclito: el Oscuro, en especial cuando introduce nuevos conceptos que definen la forma como entiende el mundo social. El segundo capítulo intenta demostrar cómo se integran la interacción en red y el lenguaje humano. La tesis básica apunta al hecho de que no hay estabilidad en los dominios en red sin una narrativa (story) que sea referente común de todos los participantes en el proceso; el mundo social no gana estabilidad sin un relato en el que todos los implicados se reconozcan. Sin embargo, la poca claridad expositiva no permite al lector entender cómo se articulan los dominios en red, las redes de interacción propiamente dichas, con las redes semánticas o narrativas que circulan en el mundo social. En este punto el diálogo con la lingüística es imprescindible, pero en el libro de White es muy pobre. ¿Hasta dónde las redes representadas por grafos son un simple fenómeno superficial que tiene como sustrato redes de comunicación hechas en el orden discursivo? ¿Podemos entender los lenguajes humanos como fenómenos en red sujetos a imprevistos estocásticos? ¿Cómo las narrativas tornan previsible la acción humana en sociedad? Respuestas a estas preguntas no son fá cilmente identificables en Identity & Control.

Otro concepto-clave en la arquitectura teórica de la obra es el de disciplina. Con éste se explica de qué forma los dominios en red ganan orden y estabilidad. White identifica tres tipos puros de disciplinas, sin explicitar la razón suficiente de este número. A cada disciplina corresponde un orden valorativo en torno del cual gravita la reproducción del orden social. De la acción disciplinar emergen (by product) órdenes sociales específicos.

En síntesis, en Identity & Control el mundo social es analizado de forma muy próxima a como las ciencias físico-químicas estudian sistemas complejos: lo más importante es dar cuenta de la emergencia de efectos combinatorios. La fuerza de sus argumentos está sustentada en la profusa ejemplificación de estudios que adoptan las técnicas del social networks analysis como un medio privilegiado de entender las interacciones humanas en grados crecientes de complejidad. Sus 40 páginas de referencias bibliográficas son un banco de información ineludible para aquellos que quieran transitar por el camino de un programa de investigación sociológica de cuño neoestructural.

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